Jordi Évole reacciona a la condena del Fiscal General con un recordatorio de lo que le dijo Feijóo hace 8 años.
“No parece que a Feijóo ya le cayese muy bien”.

La reciente condena al Fiscal General del Estado, Álvaro García Ortiz, por parte de la Sala II del Tribunal Supremo, ha sacudido los cimientos de la opinión pública y ha reavivado un debate que va mucho más allá de la mera aplicación de la ley.
Dos años de inhabilitación y una multa de 7.500 euros por revelación de secretos contra Alberto González Amador, pareja de Isabel Díaz Ayuso, junto a una indemnización de 10.000 euros, constituyen una sentencia que, lejos de cerrar el capítulo, lo mantiene abierto y vibrante en la esfera social y política.
Pero lo que realmente ha captado la atención en los últimos días es la forma en que el pasado vuelve a dialogar con el presente, como ha demostrado el periodista Jordi Évole al rescatar una entrevista de hace casi ocho años con Alberto Núñez Feijóo, entonces presidente de la Xunta de Galicia, en su programa Salvados.
Évole, fiel a su estilo incisivo y reflexivo, no ha emitido juicios explícitos sobre la sentencia. En cambio, ha preferido recordar cómo, en aquel entonces, Feijóo ya mostraba recelo hacia García Ortiz, quien ejercía como fiscal de medio ambiente.
A través de un tuit que rápidamente se viralizó, Évole ha conseguido que la conversación sobre justicia, política y responsabilidad institucional trascienda el caso concreto y se convierta en una reflexión colectiva sobre la memoria, la coherencia y el papel de los líderes públicos en el devenir democrático de España.
La entrevista recuperada por Évole es mucho más que una anécdota. En ella, Feijóo afirmaba rotundamente: “Galicia no arde, a Galicia la queman”, defendiendo la existencia de terrorismo incendiario en la comunidad.
García Ortiz, por su parte, se mostraba escéptico ante el uso del término “terrorismo”, recordando que, para los fiscales y la sociedad, ese concepto se reserva a crímenes muy concretos, como los perpetrados por la ETA o el terrorismo yihadista.
“No hay ninguna condena por terrorismo incendiario en Galicia en los últimos catorce años”, explicaba el fiscal, subrayando la complejidad del fenómeno de los incendios y la tendencia a buscar “tramas” y “manos negras” como explicación fácil a problemas estructurales de gestión forestal y ordenación territorial.
La conversación entre Évole y Feijóo, lejos de ser una simple discrepancia técnica, revela las tensiones latentes entre la política y la justicia, entre la necesidad de respuestas contundentes y la obligación de rigor en el análisis de los hechos.
Feijóo, interpelado por Évole, rechazaba que el uso del término “terrorismo” sirviera para eludir responsabilidades, defendiendo el papel del gobierno y la fiscalía en la investigación de posibles tramas.
Sin embargo, la insistencia del periodista y la negativa del fiscal a aceptar la narrativa oficial mostraban ya entonces el difícil equilibrio entre la presión política y la independencia judicial.
La decisión de Évole de rescatar este fragmento de la entrevista adquiere una dimensión especial en el contexto actual.
La condena a García Ortiz no solo pone en cuestión la actuación de un alto cargo del Estado, sino que también reabre el debate sobre la relación entre justicia y poder político, sobre la legitimidad de las instituciones y sobre la capacidad de los líderes para asumir responsabilidades y rendir cuentas ante la ciudadanía.
El eco de las palabras de Feijóo y García Ortiz en aquel Salvados resuena ahora con fuerza, invitando a una reflexión sobre cómo se construyen los relatos públicos y cómo la memoria puede ser utilizada para iluminar o distorsionar la realidad.
La tendencia a simplificar los problemas complejos, a buscar culpables y a eludir matices, es una constante en la política española, y la sentencia del Supremo se convierte en un nuevo capítulo de esa historia interminable de confrontación y desconfianza.
La reacción en redes sociales, donde miles de personas han opinado sobre la sentencia y la entrevista, demuestra que el tema no es solo jurídico, sino profundamente político y social.
La figura de García Ortiz, ahora condenada, se transforma en símbolo de las tensiones entre el poder judicial y el ejecutivo, entre la defensa de los derechos individuales y el uso interesado de las instituciones.
El hecho de que la víctima sea la pareja de una presidenta autonómica añade una capa de complejidad que alimenta el debate y la polarización.
Por otro lado, la postura de Feijóo en la entrevista, defendiendo la responsabilidad del gobierno y la investigación de la fiscalía, contrasta con la actual situación, en la que la condena de García Ortiz se interpreta en algunos sectores como una victoria de la justicia sobre el abuso de poder, mientras otros ven en ella el riesgo de una judicialización excesiva de la política.
La labor de periodistas como Évole resulta esencial en este contexto. Al evitar el juicio directo y optar por la memoria y el análisis, contribuye a que el debate no se cierre en posiciones irreconciliables, sino que se abra a la reflexión y al diálogo.
La capacidad de los medios para recuperar momentos clave, contextualizarlos y ponerlos al servicio de la discusión pública es una herramienta poderosa para fortalecer la democracia y exigir transparencia a los líderes.
La historia de la entrevista entre Feijóo y García Ortiz, ahora recuperada, es un recordatorio de que la responsabilidad política no puede eludirse ni disfrazarse con discursos grandilocuentes.
La justicia debe ser independiente, pero también debe ser percibida como tal por los ciudadanos, y los líderes tienen la obligación de rendir cuentas, asumir errores y aprender del pasado.
El debate sobre la condena de García Ortiz y la memoria de su trayectoria como fiscal de medio ambiente es, en última instancia, una invitación a rechazar las simplificaciones y a abrazar la complejidad.
Los incendios de Galicia, como la revelación de secretos, son fenómenos que requieren análisis profundo, responsabilidad institucional y capacidad de diálogo.
La tendencia a dividir la sociedad en bandos, a buscar ganadores y perdedores, es una amenaza para la convivencia y la calidad democrática.
La sentencia del Supremo, lejos de ser un punto final, es el inicio de una nueva etapa de reflexión sobre el papel de la justicia, la política y los medios en la construcción de una sociedad más justa y transparente.
La memoria, como herramienta de análisis y crítica, debe servir para evitar los errores del pasado y para exigir a los líderes el coraje de asumir sus responsabilidades.
La condena a García Ortiz y el rescate de la entrevista con Feijóo por parte de Jordi Évole son dos caras de una misma moneda: la tensión permanente entre justicia y política, entre memoria y relato, entre responsabilidad y poder.
España se enfrenta a un reto crucial: preservar la independencia de sus instituciones, fortalecer la confianza ciudadana y evitar que la polarización destruya el tejido democrático.
El futuro dependerá de la capacidad de los líderes para aprender del pasado, de los medios para fomentar el debate y de los ciudadanos para exigir transparencia y responsabilidad.
La sentencia del Supremo y el eco de Salvados son, en definitiva, una llamada a la reflexión y al compromiso con la verdad, la justicia y la democracia.
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