GOLPE LE-TAL A AYUSO POR E-T-A Y CHANCHULLOS. FEIJÓO “BRAVEHEART” DERROTADO.ESPINAR,LOSADA, RUIZ Y +.

 

 

 

Ayuso, el Partido Popular y el ruido político: ¿hay propuestas más allá de la confrontación?.

 

En el actual escenario político español, la figura de Isabel Díaz Ayuso se ha erigido como un símbolo de la confrontación constante.

 

 

Sus declaraciones, cada vez más incendiarias, han convertido el debate público en una espiral de acusaciones, exageraciones y mensajes que, lejos de construir alternativas, parecen buscar el desgaste del adversario por encima de cualquier otra consideración.

 

 

La última concentración del Partido Popular en Madrid, celebrada en el templo de Debod, ha vuelto a poner sobre la mesa la pregunta que muchos ciudadanos se hacen: ¿hay algo más que ruido político en la estrategia de la derecha?

 

La cita, en pleno invierno y con apenas dos días de antelación, fue presentada por Génova como un éxito rotundo.

 

 

Sin embargo, el trasfondo de la movilización revela una realidad mucho más compleja.

 

 

El Partido Popular, tras perder las elecciones hace más de dos años, sigue sin superar el duelo.

 

 

La insistencia en convocar manifestaciones –ya van siete en los últimos meses– contrasta con la ausencia de mociones de censura concretas o propuestas de país.

 

 

El grito de “Sánchez a la cárcel”, que resonó entre los asistentes, es el síntoma de una impotencia política: la incapacidad de derrotar al adversario en las urnas se traduce en la esperanza de que sea la justicia quien haga el trabajo que la política no puede completar.

 

En este contexto, las palabras de Ayuso vuelven a ser protagonistas. La presidenta de la Comunidad de Madrid, en un ejercicio de hipérbole, llegó a afirmar que “ETA está preparando su asalto al País Vasco y a Navarra mientras sostiene a Pedro Sánchez”.

 

 

El gobierno no tardó en señalar el peligro de estas declaraciones, recordando que ETA se disolvió en 2018 y que resucitar el fantasma del terrorismo es una irresponsabilidad que bordea el delito de odio.

 

 

La estrategia de Ayuso, que consiste en vincular al gobierno con ETA y agitar el miedo, ha sido criticada incluso por miembros de su propio partido, que ven en ello una forma de desviar la atención de los problemas reales de Madrid.

 

El uso recurrente de ETA como arma política ha sido comparado por analistas con la táctica de los niños pequeños que llaman “caca” a todo lo que les molesta.

 

 

Todo lo que incomoda a Ayuso, todo lo que se interpone en su camino, termina siendo etiquetado como ETA, Venezuela o cualquier otro enemigo de ocasión. Sin embargo, el contexto actual es muy diferente al de años anteriores.

 

 

El malestar ciudadano tras la pandemia, el deseo de castigar a Pedro Sánchez por las restricciones y la gestión de la crisis sanitaria, fueron factores que impulsaron a Ayuso en las urnas. Pero hoy, la ciudadanía parece demandar algo más que confrontación y ruido.

 

La concentración del PP en Madrid ha servido para mostrar, una vez más, la falta de propuestas concretas.

 

 

El partido insiste en exigir elecciones y en presionar a los socios del gobierno, pero no ha presentado alternativas claras.

 

 

El desgaste del liderazgo de Feijóo, la competencia de Vox y la ausencia de un proyecto de país han dejado al PP en una posición de debilidad.

 

 

Vox, por su parte, sigue creciendo y capitalizando el descontento, mientras el Partido Popular se limita a agitar la violencia y el insulto como única estrategia.

 

La falta de respeto a la sociedad vasca, navarra y a las víctimas de ETA es uno de los aspectos más criticados de la retórica de Ayuso.

 

 

La presidenta ha sido acusada de utilizar el terrorismo como cortina de humo para ocultar los problemas de gestión en Madrid: la infrafinanciación de los servicios públicos, las listas de espera en la sanidad, el desmantelamiento de universidades y centros sanitarios, y la falta de explicaciones sobre los chanchullos que rodean a su gobierno.

 

 

Mientras Ayuso habla de ETA, los madrileños esperan soluciones para pagar el alquiler, acceder a una sanidad digna y mejorar la calidad de los servicios públicos.

 

El episodio reciente de la concesión de una licencia al Colegio de Abogados de Madrid para impartir el grado de Derecho y varios másteres ha levantado sospechas sobre posibles pagos de favores y falta de transparencia.

 

 

El Partido Socialista ha solicitado la paralización de la concesión hasta que los centros públicos emitan informes sobre la necesidad real de nuevas plazas universitarias.

 

 

La subvención de 43 millones de euros otorgada apenas una semana después de la querella contra el fiscal general del Estado ha alimentado las críticas sobre la gestión de Ayuso y su entorno.

 

La relación de la Comunidad de Madrid con la empresa Quirón, encargada de gestionar hospitales privados, es otro foco de polémica.

 

 

La administración de Ayuso ha sido acusada de regalar millones a Quirón sin reclamar los sobrecostes sanitarios ni exigir explicaciones.

 

 

El cheque en blanco otorgado a la empresa, en la que trabaja la pareja de la presidenta, ha supuesto un incremento del 125% en los pagos respecto a lo presupuestado inicialmente.

 

 

Mientras tanto, la inversión en sanidad pública sigue por debajo de la media nacional, las listas de espera superan el millón de personas y los centros públicos ven restringidas sus consultas vespertinas.

 

El acoso a periodistas durante la concentración en Madrid ha puesto de manifiesto el clima de tensión y polarización que se vive en la política española.

 

 

La avalancha de ultras contra una periodista de Televisión Española y su cámara ha sido condenada por el gremio y por parte de la opinión pública.

 

 

El señalamiento de la prensa, la distinción entre periodistas “buenos” y “malos” y la falta de protección a los profesionales de la información son síntomas de un deterioro preocupante de la convivencia democrática.

 

En paralelo, el calendario judicial sigue avanzando y amenaza con sacudir a todos los partidos.

 

 

Los casos de corrupción que afectan al PSOE, con Ávalos y Cerdán en prisión, y las investigaciones sobre la caja B del PP de Madrid y la operación Kits, configuran un escenario de incertidumbre.

 

 

La política, lejos de ofrecer soluciones, parece centrarse en el juego de acusaciones y en la esperanza de que sea la justicia quien resuelva los problemas que la política no puede abordar.

 

La pregunta central sigue sin respuesta: ¿qué propone el Partido Popular más allá de la confrontación? La ausencia de mociones de censura, la falta de alternativas y el predominio del insulto y la hipérbole han dejado al PP en una posición de impotencia.

 

 

El partido convoca manifestaciones, pero no presenta proyectos. El ruido político es constante, pero la acción política brilla por su ausencia.

 

El gobierno, por su parte, reivindica las políticas progresistas que han permitido subir las pensiones, el salario mínimo y avanzar en derechos sociales.

 

 

La derecha, según los portavoces de Sumar y Más Madrid, está rabiosa porque ve cómo su ideología se desvanece ante los hechos consumados de una España que avanza gracias a las políticas progresistas.

 

 

La corrupción, cuando se demuestre, debe ser castigada con todo el peso de la ley, pero no puede servir de excusa para tapar la incompetencia y la falta de propuestas.

 

El escenario político español está marcado por la polarización, el ruido y la falta de diálogo.

 

 

El Partido Popular, lejos de ofrecer alternativas, parece centrado en la confrontación y el desgaste del adversario.

 

 

La ciudadanía, mientras tanto, espera soluciones reales a sus problemas cotidianos.

 

 

El reto para la política española es abandonar la espiral de insultos y construir propuestas que permitan avanzar hacia una sociedad más justa, plural y democrática.

 

En definitiva, el ruido político no puede sustituir la acción política. Las manifestaciones, las declaraciones incendiarias y las acusaciones cruzadas solo sirven para alimentar la polarización y el desencanto.

 

 

España necesita propuestas, diálogo y respeto por las víctimas y por la sociedad. La política debe volver a ser el espacio de la construcción colectiva, no el escenario de la destrucción mutua.