Furiosas críticas de la izquierda y nacionalistas al Rey: de la “violencia borbónica” al retrato de Lenin.
El discurso del Rey llamando a la “convivencia” ha desatado duras críticas entre Podemos, ERC, Sumar o PNV.

Como viene siendo habitual en los últimos años, el discurso de Navidad del rey Felipe VI no dejó indiferente a nadie y volvió a convertirse en un potente catalizador de la polarización política en España.
Mientras una parte del arco parlamentario lo recibió con elogios inmediatos y otra con una respuesta institucional medida, la izquierda y los nacionalismos reaccionaron con una dureza que confirma que el mensaje navideño del monarca ya no es solo un ritual, sino un auténtico campo de batalla simbólico y político.
Desde el primer minuto, el Partido Popular valoró positivamente el discurso, destacando el tono institucional, la llamada a la convivencia y la defensa del orden constitucional.
Para el PP, Felipe VI volvió a ejercer su papel de árbitro y moderador, subrayando valores que consideran esenciales en un momento de alta crispación política y social.
En sus declaraciones públicas, dirigentes populares insistieron en que el mensaje del rey reflejó las preocupaciones reales de los españoles y aportó una visión de estabilidad frente al ruido político.
El PSOE, por su parte, tardó más en reaccionar. Su respuesta llegó horas después y estuvo marcada por un tono más prudente. Los socialistas afirmaron estar comprometidos con las propuestas planteadas por el rey, especialmente en lo relativo a la cohesión social, la convivencia democrática y la necesidad de afrontar desafíos como la desigualdad o la vivienda.
Sin embargo, esa reacción medida fue interpretada por algunos analistas como una muestra del delicado equilibrio que el partido trata de mantener entre su papel institucional y la presión de sus socios parlamentarios.
En el extremo opuesto, las críticas desde la izquierda y los nacionalismos fueron inmediatas y contundentes.
Figuras habituales en este tipo de debates, como Gabriel Rufián o Irene Montero, no tardaron en expresar su rechazo al discurso del monarca.
A ellos se sumaron voces de Junts, el PNV y la CUP, que volvieron a cuestionar no solo el contenido del mensaje, sino la propia legitimidad de la institución monárquica y su papel en la historia reciente de España.
El nacionalismo catalán fue especialmente duro. Coincidiendo con la tradicional ofrenda floral a Francesc Macià, varios dirigentes independentistas aprovecharon el acto para cargar contra Felipe VI.
Jordi Turull calificó al monarca de “extremista”, una acusación que buscaba situar el discurso navideño como una intervención política parcial y alejada de la neutralidad que se espera del jefe del Estado.
Por su parte, Oriol Junqueras fue aún más lejos al afirmar que el rey hace “apología de la violencia”, una crítica que conecta directamente con el recuerdo del discurso del 3 de octubre de 2017, tras el referéndum ilegal en Cataluña.
Desde la CUP, el diputado en el Parlamento catalán Dani Cornellà empleó términos similares y reprochó a Felipe VI lo que denominó “violencia borbónica” hacia Cataluña. En sus declaraciones, insistió en la idea de una “falsa Transición” en la que la monarquía habría sido heredera directa del franquismo.
Según Cornellà, el discurso navideño demuestra que ese legado sigue vivo y que la institución monárquica continúa actuando como un obstáculo para las aspiraciones nacionales de Cataluña.
Este tipo de críticas no son nuevas, pero cada año adquieren un tono más duro y más cargado de referencias históricas.
El discurso del 3 de octubre de 2017 sigue siendo un punto de inflexión para el independentismo, que lo utiliza como prueba de lo que consideran una alineación explícita del rey con una visión centralista del Estado.
En este contexto, el mensaje navideño se interpreta menos por su contenido concreto y más por lo que simboliza.
En el ámbito de ERC, Gabriel Rufián volvió a demostrar su habilidad para dominar el debate en redes sociales.
El portavoz republicano publicó en X una imagen del cuadro “Lenin proclama el poder soviético en el Instituto Smolny”, acompañada de un texto irónico: “Tú: ‘Este año en la cena nada de comentar el discurso del rey’. Tú 10’ después”. La publicación, cargada de sarcasmo, volvió a viralizarse rápidamente y generó miles de interacciones.
Con ese gesto, Rufián no solo criticó el discurso del rey, sino también la inevitable discusión que este provoca en el ámbito familiar y social.
La referencia a Lenin y a la revolución rusa, con todo su simbolismo histórico, fue interpretada por algunos como una provocación excesiva y por otros como una simple sátira política.
En cualquier caso, volvió a situar al portavoz de ERC en el centro del debate mediático, reforzando su perfil como uno de los políticos más influyentes en el espacio digital.
En Sumar tampoco gustó el discurso. La portavoz en el Congreso, Verónica Martínez Barbero, expresó públicamente su decepción y señaló que, “una vez más”, el mensaje del rey no estuvo a la altura de los problemas reales del país.
Según Martínez Barbero, frente a la desigualdad, la precariedad laboral y la crisis de la vivienda, no basta con exaltar el pasado o apelar a valores abstractos.
A su juicio, la democracia se defiende garantizando derechos “aquí y ahora”, una frase que resume bien la crítica de la izquierda alternativa a la institución monárquica.
Estas declaraciones reflejan una visión cada vez más extendida en determinados sectores políticos y sociales: la percepción de que el discurso navideño del rey se queda en un plano simbólico y no conecta de manera efectiva con las urgencias cotidianas de la ciudadanía.
La vivienda, el coste de la vida o la precariedad juvenil son problemas estructurales que requieren respuestas políticas concretas, algo que, por definición, el jefe del Estado no puede ofrecer, pero cuya ausencia genera frustración.
Desde el PNV, las críticas se centraron en lo que consideraron ausencias significativas del mensaje.
La portavoz en el Congreso, Maribel Vaquero, lamentó que Felipe VI no hiciera “ningún reconocimiento a la nación vasca ni a la nación catalana”, una omisión que, según afirmó, se repite año tras año.
Para el PNV, el discurso volvió a ignorar la pluralidad nacional del Estado, un aspecto que consideran fundamental para avanzar en la convivencia.
Vaquero también expresó su decepción por la falta de referencias a los ataques sufridos por el euskera a lo largo del año.
Según señaló, se trata de agresiones “muy graves” que merecían una mención expresa en un discurso que pretendía abordar la convivencia y el respeto.
Estas críticas ponen de relieve la sensibilidad lingüística y cultural que existe en determinadas comunidades y la expectativa de que el jefe del Estado actúe como garante de esa diversidad.
La portavoz del PNV fue más allá al recordar que el rey mencionó el 50 aniversario de la muerte de Franco, pero sin profundizar en las sombras que aún persisten sobre aquel periodo.
Vaquero subrayó que el dictador murió en la cama tras nombrar a Juan Carlos I como jefe del Estado y que, medio siglo después, todavía hay “claroscuros y muchos oscuros” que no se han esclarecido.
En este sentido, reclamó de nuevo la desclasificación de todos los documentos oficiales y la aprobación de una nueva Ley de Secretos Oficiales que permita conocer la verdad sobre el final de la dictadura, la Transición y episodios como el 23-F.
Podemos: “Ideas rancias” y Franco.
Desde Podemos, Ione Belarra cargó contra el monarca, de quien dijo que “se sube a la ola del discurso antipolítico en una intervención plagada de lugares comunes.
El nieto político de Franco se resiste a mencionar la dictadura y habla de ella como si fuera un fenómeno meteorológico.
La desmemoria es el principal motor de la ultraderecha hoy”. Similares palabras le dedicó su compañera Irene Montero: “El Rey juega para la derecha y defiende ideas rancias que ya no funcionan como la “transición modélica” o el discurso “Campofrío” de la polarización.
La monarquía es parte del problema porque su supervivencia depende de que todo siga igual de corrupto, de machista, de mal”.
En Sumar tampoco gustó el discurso. Verónica Martínez Barbero, portavoz en el Congreso, ha señalado que “una vez más hemos vivido un discurso decepcionante del rey.
Frente a la desigualdad, la precariedad y la crisis de la vivienda, no vale con exaltar el pasado. La democracia se defiende garantizando derechos aquí y ahora”.
Por su parte, la portavoz del PNV en el Congreso, Maribel Vaquero, criticó que el Rey Felipe VI en su mensaje navideño no hiciera “ningún reconocimiento a la nación vasca ni a la nación catalana”, una de las “ausencias que viene siendo habitual”.
“Sobre todo, sí hubiéramos deseado que se hubiera dicho algo de esos ataques que ha tenido el euskera este año, que han sido unos ataques muy graves”, afirmó.
“Sí dijo, por un lado, que han pasado 50 años desde que murió Franco. Tenemos que recordar que Franco murió en la cama después de nombrar a Juan Carlos I jefe de Estado y que durante estos 50 años hay todavía claroscuros y muchos oscuros que faltan por conocer”, manifestó, señalando que el PNV ha pedido en numerosas ocasiones que se desclasifiquen todos los documentos para conocer “la verdad y que haya una nueva Ley de Secretos Oficiales, porque ésta impide”, a su juicio, “conocer los hechos de aquel final de dictadura y también de la transición”, así como el 23-F.
Estas demandas no son nuevas, pero cada vez adquieren mayor protagonismo en el debate público. La memoria histórica y la revisión crítica de la Transición se han convertido en ejes centrales de la agenda política, especialmente para los partidos nacionalistas y de izquierda.
El discurso del rey, al evitar entrar en estos terrenos de forma explícita, alimenta la percepción de que la institución monárquica actúa como un dique frente a determinados debates.
En conjunto, las reacciones al discurso de Navidad de Felipe VI dibujan un mapa político profundamente fragmentado.
Para unos, el rey representa un factor de estabilidad y continuidad en tiempos de incertidumbre.
Para otros, es el símbolo de un sistema que consideran agotado y desconectado de la realidad social.
Esta dualidad explica por qué cada palabra del mensaje navideño es analizada, amplificada y contestada con tanta intensidad.
El debate también pone de manifiesto el papel central de las redes sociales en la política actual.
Publicaciones como la de Gabriel Rufián o las reacciones inmediatas de dirigentes políticos convierten el discurso del rey en un fenómeno que trasciende la televisión y se instala durante días en la conversación digital.
La ironía, la provocación y la imagen se imponen muchas veces al análisis sosegado, pero logran conectar con amplios sectores de la población.
A pesar de la polémica, el discurso navideño sigue siendo uno de los pocos momentos en los que el jefe del Estado se dirige directamente a la ciudadanía sin intermediarios.
Precisamente por eso, cada año concentra expectativas, frustraciones y tensiones acumuladas.
En una España marcada por la polarización, la desigualdad territorial y el debate sobre el modelo de Estado, resulta casi inevitable que el mensaje del rey actúe como espejo de esas divisiones.
Lejos de apaciguar el clima político, el discurso de Navidad vuelve a confirmar que la figura del monarca está más cuestionada que nunca en determinados sectores. Las críticas de la izquierda y los nacionalismos no solo se dirigen a lo que dice Felipe VI, sino a lo que representa.
Y mientras esa brecha siga abierta, cada Nochebuena volverá a convertirse en un escenario de confrontación simbólica que refleja, con nitidez, las tensiones profundas de la España actual.
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