Víctor Clavijo denuncia lo que ha sucedido en los Goya a ‘La Deuda’ de Daniel Guzmán y deja esta sentencia.

 

 

Víctor Clavijo alaba ‘La deuda’ de Daniel Guzmán y cuestiona el olvido de los Premios Goya a la cinta tras no recibir ni una nominación.

 

 

 

 

La alfombra roja aún no se ha desplegado y ya hay una ausencia que pesa más que muchos premios. En la semana grande del cine español, cuando todo gira en torno a los focos, los estilismos y los discursos preparados frente al espejo, una película se ha convertido en el elefante invisible en la habitación. No está nominada. No compite. No sonará su nombre cuando se abran los sobres. Y, sin embargo, es una de las más comentadas en redes sociales. Hablamos de ‘La deuda’, la última película de Daniel Guzmán, que se ha quedado fuera de los Premios Goya 2026.

 

 

En un año cargado de títulos potentes, campañas promocionales milimetradas y quinielas que cambian cada día, la ausencia de ‘La deuda’ en las nominaciones ha encendido un debate incómodo: ¿cómo es posible que una de las películas más celebradas por parte del público y de algunos profesionales no haya logrado ni una sola candidatura?

 

La conversación no la ha iniciado Guzmán directamente, aunque su actividad en redes sociales ha dejado claro que el silencio no es una opción. Durante los últimos días, el actor y director ha compartido mensajes de espectadores que expresan sorpresa e indignación por la falta de reconocimiento de la cinta en esta edición de los Goya. No hay declaraciones altisonantes, pero sí un gesto evidente: amplificar el descontento.

 

La paradoja es evidente. Guzmán ya sabe lo que es triunfar en los Goya. Su ópera prima, A cambio de nada, no solo fue un fenómeno emocional, sino también académico. En 2016, se llevó el Goya a Mejor Dirección Novel y lanzó definitivamente la carrera de Miguel Herrán, que obtuvo el premio a Actor Revelación por aquel papel que todavía muchos recuerdan. Aquella noche consolidó a Guzmán como una de las voces más prometedoras del cine español.

 

Una década después, el escenario es radicalmente distinto. ‘La deuda’, un proyecto más maduro, más oscuro y más arriesgado, no figura en ninguna categoría. Ni dirección, ni guion, ni interpretación. Nada.

 

Uno de los que ha alzado la voz con mayor claridad ha sido Víctor Clavijo. El actor, conocido por su papel protagonista en la serie El marqués, no se ha limitado a un comentario diplomático. En su cuenta de X (antes Twitter), recomendó abiertamente la película y la calificó como una de las mejores producciones españolas del año.

 

“Estupenda película ‘La deuda’ de Daniel Guzmán. Estupendo guion, estupenda dirección y estupenda interpretación todo a cargo del propio Daniel Guzmán. Bravo. De las mejores de la cosecha española de 2026. No se la pierdan. En Movistar”, escribió, animando además a verla en Movistar Plus+.

 

El mensaje no tardó en generar interacción. Un seguidor apuntó lo que muchos ya estaban comentando: “Y muy injustamente olvidada en los Goya”. La respuesta de Clavijo fue breve, pero contundente: “Totalmente”.

 

Esa palabra ha resonado más que un discurso de agradecimiento. Porque detrás del “totalmente” hay una crítica implícita al sistema de votaciones, a los equilibrios internos de la Academia y, quizás, a las dinámicas de promoción que cada año influyen en la carrera hacia los premios.

 

Daniel Guzmán no tardó en responder públicamente al apoyo de su compañero. Le agradeció sus palabras y celebró que hubiera conectado con la película. Un intercambio elegante, sin reproches directos, pero cargado de significado.

 

‘La deuda’ es una película que se mueve en territorios incómodos. Aborda temas sociales desde una perspectiva íntima, con un tono que evita la complacencia. Guzmán no solo dirige y escribe, sino que también asume el peso interpretativo principal, construyendo un personaje lleno de aristas. Es cine que interpela, que no busca agradar a todos, que exige atención.

 

Quizá ahí resida parte del misterio. Los Premios Goya no solo reconocen calidad artística; también reflejan tendencias, consensos y, en ocasiones, equilibrios de poder dentro de la industria. Cada año hay títulos que arrasan y otros que quedan fuera pese a contar con respaldo crítico o popular.

 

En redes sociales, el debate ha ido creciendo. Algunos usuarios recuerdan que la historia de los Goya está llena de olvidos sonados que el tiempo ha terminado reivindicando. Otros apuntan a la competencia feroz de esta edición, donde varias superproducciones y propuestas de autor han monopolizado las nominaciones.

 

 

 

 

La pregunta que flota en el ambiente es si el reconocimiento institucional es la única medida del valor de una película. En la era del streaming y las plataformas, el recorrido de un filme no termina en la gala. ‘La deuda’ tiene una segunda vida en Movistar Plus+, donde nuevos espectadores pueden descubrirla sin necesidad de alfombra roja.

 

También hay quien interpreta la ausencia como un síntoma de algo más profundo: la dificultad de encajar en categorías predefinidas cuando una obra apuesta por la hibridación de géneros y por una narrativa menos convencional. El cine español vive un momento de transformación, con nuevas voces, formatos y modelos de producción que desafían los esquemas tradicionales.

 

Mientras tanto, la maquinaria de los Goya 2026 sigue su curso. Las quinielas se afinan, los nominados ultiman discursos y el foco mediático se concentra en los favoritos. Pero, en paralelo, crece la conversación sobre esa película que no está en la lista.

 

La historia del cine está llena de obras que no ganaron premios y, sin embargo, sobrevivieron al paso del tiempo. Y también de películas que arrasaron en galas y luego se diluyeron en la memoria colectiva. El verdadero veredicto no lo dicta una estatuilla, sino la conexión con el público.

 

Daniel Guzmán parece tener claro que el reconocimiento no depende exclusivamente de una nominación. Su interacción en redes muestra agradecimiento, pero también confianza en el recorrido de su trabajo. No hay victimismo explícito, sino una reivindicación silenciosa apoyada por compañeros de profesión.

 

La polémica, en cualquier caso, ha conseguido algo que muchas campañas millonarias persiguen sin éxito: colocar el título en el centro de la conversación. Hay espectadores que se han acercado a ‘La deuda’ precisamente por el ruido generado en torno a su ausencia en los Goya.

 

Quizá esa sea la verdadera paradoja. No competir puede convertirse en una forma inesperada de protagonismo. En una industria donde la visibilidad es oro, el debate público actúa como altavoz.

 

A pocos días de la gala, el nombre de ‘La deuda’ no aparecerá en los sobres, pero sí en las conversaciones. Y tal vez eso, en un momento en el que el consumo audiovisual es más libre y descentralizado que nunca, tenga un valor difícil de medir.

 

Porque los premios pasan. Las películas quedan. Y el público, al final, siempre tiene la última palabra.