Las exs de Risto Mejide se alían contra él tras confirmar que está soltero: “Con esa superioridad y desprecio”.
Tanto Natalia Almarcha como Merche Torre se han pronunciado en redes sociales.

Durante años, Risto Mejide ha construido una imagen pública tan reconocible como controvertida. Directo, brillante, provocador y, para muchos, impenetrable.
Un personaje que parece dominar cualquier escenario, desde los platós de televisión hasta las redes sociales.
Sin embargo, esta vez no ha sido un formato televisivo ni una polémica profesional lo que ha puesto su nombre en el centro del debate, sino algo mucho más íntimo y humano: el final de su relación sentimental y la reacción inesperada —y demoledora— de dos de sus exparejas.
Todo ocurrió en cuestión de horas. Apenas un día después de que Risto confirmara públicamente que su relación con Merche Torre había llegado a su fin, las redes sociales se convirtieron en el escenario de un cruce de mensajes que muchos no dudaron en interpretar como un retrato claro, coincidente y nada casual de una misma persona.
No hubo nombres propios, no hubo acusaciones directas, pero sí palabras afiladas, reflexiones profundas y una sensación generalizada de que, esta vez, el silencio no iba a ser una opción.
El primer movimiento llegó de la mano de Natalia Almarcha, otra de las exparejas del presentador.
Su publicación, compartida inicialmente en sus propias redes, no mencionaba a nadie de forma explícita, pero el mensaje era tan concreto que para muchos seguidores el destinatario resultaba evidente.
Hablaba de relaciones nocivas, de superioridad, de desprecio y de una narrativa repetida en la que el problema siempre parecen ser “las ex”, nunca uno mismo. Una reflexión que tocó una fibra sensible y que, en pocas horas, empezó a circular con fuerza.
Pero lo que realmente convirtió esa publicación en un fenómeno viral fue el gesto posterior de Merche Torre.
La joven no solo decidió compartir el mensaje de Almarcha en sus stories de Instagram, sino que añadió una reflexión propia, extensa, serena y cargada de una honestidad que muchos calificaron de valiente. Ahí ya no se trataba solo de una ruptura, sino de una lección emocional que resonó en miles de personas.
Merche habló de idealización, uno de los grandes errores en las relaciones afectivas. De cómo los inicios, los viajes, los gestos grandilocuentes y los momentos bonitos pueden nublar la percepción de la realidad.
De que el verdadero carácter de alguien no se descubre en los primeros meses, sino en la convivencia, en las conversaciones incómodas, en la manera en la que trata al otro cuando está vulnerable.
Un mensaje que, sin señalar directamente a Risto, parecía describir una experiencia muy concreta.
Sus palabras no tenían tono de revancha ni de victimismo. Al contrario, desprendían una madurez poco habitual en un contexto mediático donde el drama suele imponerse.
Merche dejó claro que la ruptura no había sido fruto de la impulsividad ni de la falta de sentimientos.
Reconoció que había intentado adaptarse, que había querido a esa persona y que deseaba sinceramente que la relación hubiera funcionado. Pero también subrayó algo clave: el amor propio.
“No se puede modificar la conducta de quien no ve ningún fallo en ella”, escribió. Una frase que muchos usuarios destacaron, compartieron y comentaron, convirtiéndola en una especie de mantra colectivo.
Porque más allá del caso concreto, el mensaje trascendía lo personal y conectaba con experiencias comunes: relaciones desequilibradas, dinámicas de poder, silencios incómodos y una sensación constante de tener que aguantar más de lo que uno debería.
Merche también tuvo palabras de agradecimiento para el entorno de Risto, diferenciando claramente entre la persona y quienes le rodean. Un detalle que reforzó la percepción de que su intención no era destruir, sino cerrar una etapa con dignidad.
Y concluyó su mensaje reivindicando su situación actual con una frase que muchos interpretaron como un acto de fortaleza: “Estoy soltera. Pero no sola”.
Ese punto final fue, paradójicamente, el inicio de un debate mucho más amplio. Porque cuando dos exparejas de una figura pública comparten mensajes tan alineados en el fondo, aunque distintos en la forma, resulta inevitable que la opinión pública empiece a atar cabos.
No se trata de un linchamiento, pero sí de una narrativa que se repite y que invita a la reflexión.
Risto Mejide, por su parte, había confirmado su soltería tras semanas de rumores y especulaciones. Lo hizo sin entrar en detalles, fiel a su estilo, dejando claro que la relación había terminado.
No hubo reproches públicos ni explicaciones extensas. Sin embargo, el contexto cambió por completo cuando las palabras de Almarcha y Torre salieron a la luz.
De repente, la ruptura dejó de ser un asunto privado para convertirse en un espejo en el que muchos proyectaron preguntas incómodas sobre las relaciones de poder, el ego y la responsabilidad emocional.

Las reacciones no tardaron en multiplicarse. En redes sociales, miles de usuarios debatieron sobre el papel de Risto en sus relaciones sentimentales, pero también sobre algo más profundo: por qué tantas personas tardan tanto en darse cuenta de que están en una relación que les resta más de lo que les suma. El caso se convirtió en una conversación colectiva sobre límites, respeto y autoestima.
No faltaron quienes defendieron al presentador, recordando que toda historia tiene dos versiones y que las rupturas suelen ser complejas. Otros, en cambio, aplaudieron la valentía de Merche y Natalia por poner palabras a experiencias que muchas mujeres —y hombres— viven en silencio.
Lo interesante es que el foco dejó de estar únicamente en Risto Mejide como personaje mediático y pasó a centrarse en dinámicas emocionales universales.
Porque, al final, esta historia va más allá de un nombre conocido. Habla de idealización, de expectativas, de la dificultad de reconocer a tiempo las señales de alerta.
Habla de cómo el carisma y la inteligencia pueden convivir con actitudes que hieren. Y, sobre todo, habla de la importancia de escucharse a uno mismo antes de perderse intentando encajar en la vida de otro.
El impacto de estos mensajes demuestra algo claro: cuando alguien habla desde la experiencia, sin insultos y sin estridencias, el mensaje cala más hondo. Merche Torre no pidió comprensión, no exigió tomar partido.
Simplemente contó su verdad. Y Natalia Almarcha hizo lo mismo desde la reflexión. Esa coincidencia es, quizá, lo que más ha removido a la audiencia.
En un mundo saturado de titulares rápidos y polémicas efímeras, esta historia ha logrado algo poco habitual: detener a la gente a leer, a pensar y a debatir.
Ha puesto sobre la mesa preguntas incómodas sobre el amor, el ego y la responsabilidad afectiva. Y ha recordado que, incluso cuando una relación termina, se puede elegir cómo contarla.
Risto Mejide sigue adelante con su vida, como lo hacen sus exparejas. Pero las palabras que se han compartido estos días quedan ahí, flotando en la conversación pública.
No como un ajuste de cuentas, sino como un recordatorio de que nadie está por encima del respeto, y de que quererse a uno mismo no es un acto de egoísmo, sino de supervivencia emocional.
Quizá esa sea la verdadera lección de toda esta historia. No quién tiene razón o quién perdió más en la ruptura, sino la importancia de no callar cuando algo duele, de no idealizar a quien no sabe cuidar y de entender que estar soltero no es sinónimo de estar solo. Es, muchas veces, el primer paso para volver a estar en paz con uno mismo.
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