Los whatsapps más buscados: esta es la conversación íntegra de Feijóo y Mazón el día de la DANA.
El líder del PP ha entregado este viernes los mensajes que intercambió con Mazón el 29 de octubre de 2024.

Fotomontaje de Alberto Núñez Feijóo y Carlos Mazón.
La investigación judicial sobre la gestión de la DANA que azotó la Comunitat Valenciana el 29 de octubre de 2024 ha entrado en una fase decisiva.
No por una declaración pública ni por un informe técnico, sino por algo mucho más revelador: los mensajes privados intercambiados en tiempo real entre quienes tenían responsabilidades políticas directas en una de las jornadas más dramáticas del último año.
Este viernes, Alberto Núñez Feijóo, presidente del Partido Popular, ha entregado finalmente a la jueza de Catarroja que instruye la causa la totalidad de los mensajes que él mismo envió a Carlos Mazón aquel día.
Un gesto que completa el puzle iniciado en Nochebuena y que permite reconstruir, minuto a minuto, el clima de urgencia, incertidumbre y desbordamiento que se vivió durante la catástrofe.
La entrega de estos mensajes no es un detalle menor. Hasta ahora, Feijóo solo había aportado los textos que recibió del president de la Generalitat Valenciana, dejando fuera los que él mismo escribió.
Fue la magistrada quien, ante esa omisión, requirió formalmente al líder del PP que aportara también su parte de la conversación, otorgándole un plazo de tres días.
El cumplimiento de ese requerimiento ha permitido acceder a dos actas notariales completas que, juntas, ofrecen una fotografía cruda y sin filtros de cómo se gestionó políticamente una emergencia que acabaría dejando víctimas mortales y daños devastadores.
El intercambio comienza a las 19:59 horas, cuando la DANA ya golpea con fuerza.
Feijóo envía un mensaje de apoyo institucional y humano a Mazón, trasladando su solidaridad a los ciudadanos valencianos y ofreciéndose para ayudar “en lo que toda la organización y yo mismo podamos ser de utilidad”.
Es un mensaje formal, correcto, propio de un líder nacional que sabe que la situación es grave, pero que aún no alcanza a dimensionar el alcance real de lo que está ocurriendo.
La respuesta de Mazón llega apenas nueve minutos después, escueta: “Gracias Presi”.
Sin embargo, segundos más tarde, el tono cambia radicalmente. “Luego te cuento. Se está jodiendo cada minuto”.
Esa frase, escrita con crudeza, marca el inicio de una conversación que se irá cargando de tensión a medida que avanzan las horas.
A las 20:25, Mazón avisa: “Noche larga por delante”. No es una expresión retórica; es una constatación.
Feijóo responde animando a su compañero y le aconseja “liderar informativamente” como ya hizo en otra crisis anterior.
Es una insistencia que se repetirá a lo largo de la noche y que revela una de las obsesiones políticas en contextos de emergencia: el control del relato. Mientras tanto, la situación sobre el terreno sigue deteriorándose.
A las 21:29, Feijóo reconoce estar en un acto, se disculpa por no poder llamar antes y lanza una pregunta directa que resume la gravedad del momento: “¿Muertos? ¿Desaparecidos? ¿Daños cuantiosos?”.
No es una pregunta de trámite. Es la necesidad de entender si la crisis ha cruzado ya el umbral de lo asumible.
La respuesta de Mazón, minutos después, introduce otro elemento clave: la dependencia de las comunicaciones.
“No podemos currar sin Telefónica. Ya he hablado con él”, escribe, en referencia a José María Álvarez-Pallete. La mención no es casual.
En una emergencia de esta magnitud, las telecomunicaciones son tan esenciales como los servicios de rescate.
Feijóo lo entiende y, de inmediato, valida la gestión y comparte el contacto del presidente de Telefónica.
Son pequeños gestos, pero revelan cómo, en ese momento, la prioridad es mantener operativa la maquinaria mínima del Estado.
A las 21:45 llega uno de los mensajes más duros de la conversación: “Estamos desbordados no sabemos lo que está pasando realmente pero nos llegan decenas de desaparecidos y no puedo confirmarlos”. No hay eufemismos.
Hay confusión, miedo y una sensación clara de pérdida de control. La gestión política se ve superada por la realidad física de pueblos aislados, carreteras impracticables y personas atrapadas en tejados “muertas de miedo”, como escribirá más tarde Mazón.
Pasadas las once de la noche, el intercambio se vuelve aún más revelador. Feijóo pregunta si el Gobierno central ha llamado y si está prestando ayuda suficiente.
Mazón responde con un ambiguo “más o menos sí”, pero inmediatamente lanza una crítica: “Han montado un gabinete de crisis que no vale para nada”.
Es una frase que, sacada del contexto privado y trasladada al ámbito judicial y mediático, adquiere un peso político enorme.
En ella se condensa una percepción de ineficacia, de descoordinación y de frustración que contrasta con los mensajes oficiales emitidos posteriormente.
Mazón detalla que ha hablado con Pedro Sánchez, María Jesús Montero y los responsables de Defensa e Interior para prealertar posibles efectivos, pero subraya que el problema inmediato es la imposibilidad de acceder a muchos municipios.
La UME, dice, no llegará hasta las tres de la mañana como pronto. “Noche eterna por delante”.
Esa expresión se repite como un mantra que resume la angustia de quienes saben que, mientras pasa el tiempo, las consecuencias humanas pueden multiplicarse.
Feijóo se ofrece entonces a desplazarse a la zona al día siguiente o incluso esa misma noche.
Mazón le frena con una revelación demoledora: “No lo hemos hecho público aún pero ya están apareciendo muertos en Utiel y van a aparecer bastantes más.
Un puto desastre va a ser esto presi”. No es una declaración política; es una confesión en caliente. Un reconocimiento de que la tragedia ya es irreversible.
En los mensajes posteriores, Mazón insiste en que el número de víctimas será elevado y que hasta que no amanezca no se podrá dimensionar el desastre.
Feijóo vuelve a su idea central: la comunicación como herramienta clave, la coordinación con alcaldes y diputaciones, la necesidad de informar a la ciudadanía.
La conversación se cierra con agradecimientos y palabras de ánimo, pero deja tras de sí una estela de preguntas que ahora la Justicia intenta responder.
La relevancia de que estos mensajes hayan salido a la luz no reside solo en su contenido, sino en el proceso que ha llevado a su entrega.
El hecho de que Feijóo aportara inicialmente solo una parte de la conversación y que tuviera que ser requerido para completar la documentación ha generado un intenso debate político.
Desde el PP, se ha querido subrayar que el líder del partido ha cumplido con la Justicia “de manera ejemplar”, en contraste —según sus propias fuentes— con la actitud del Gobierno central, al que acusan de borrar mensajes o cambiar de móvil.
Ese discurso defensivo forma ya parte de la batalla política que rodea a la investigación. Sin embargo, más allá del cruce de acusaciones, lo que queda es un relato humano y político de una noche en la que las decisiones se tomaban a ciegas y bajo presión extrema.
Los mensajes muestran a responsables públicos superados por una realidad que avanzaba más rápido que cualquier protocolo.
Para la opinión pública, este tipo de documentos tienen un impacto profundo. Rompen la distancia entre el discurso institucional y la gestión real de una crisis.
Permiten entender que, detrás de los comunicados y las ruedas de prensa, hay conversaciones privadas donde se reconocen errores, se expresan miedos y se admiten limitaciones.
Esa transparencia forzada puede resultar incómoda, pero también es esencial para evaluar responsabilidades.
Desde el punto de vista judicial, la reconstrucción cronológica de estos mensajes puede ser clave para determinar si hubo retrasos, negligencias o fallos de coordinación que agravaron las consecuencias de la DANA.
Cada minuto cuenta en una emergencia, y cada decisión —o indecisión— deja rastro.
Los mensajes no son pruebas concluyentes por sí mismos, pero sí piezas fundamentales de un engranaje mayor.
Políticamente, el caso pone en el centro del debate la gestión de las catástrofes naturales en un contexto de cambio climático, donde episodios extremos son cada vez más frecuentes.
La DANA del 29 de octubre no fue un fenómeno aislado, sino parte de una tendencia que exige respuestas más ágiles, mejor coordinación entre administraciones y una comunicación clara con la ciudadanía.
Lo ocurrido esa noche, tal y como reflejan los mensajes, evidencia que aún hay carencias estructurales.
Para los ciudadanos afectados, la publicación de estas conversaciones puede generar sentimientos encontrados.
Por un lado, la constatación de que sus dirigentes eran conscientes de la gravedad y estaban intentando reaccionar.
Por otro, la sensación de que el sistema llegó tarde y mal. Esa dualidad es la que hace que este caso trascienda el ámbito político y se instale en el terreno emocional y social.
La entrega de los mensajes por parte de Feijóo marca un antes y un después en la investigación.
No cierra el caso, pero sí despeja una incógnita clave: qué sabían y cuándo lo sabían quienes estaban al mando.
A partir de ahora, el foco se desplazará hacia las decisiones concretas tomadas durante esas horas críticas y hacia la coordinación real entre administraciones.
En un país acostumbrado a que las responsabilidades se diluyan con el paso del tiempo, la existencia de un registro escrito tan detallado introduce un elemento nuevo.
Obliga a mirar de frente a una noche que muchos preferirían olvidar, pero que las víctimas y sus familias no pueden borrar.
Y plantea una pregunta que sigue abierta: ¿podría haberse hecho algo más, algo antes, algo mejor?
La respuesta no será sencilla ni inmediata. Pero los mensajes ya forman parte de la historia de esa DANA.
Y, como ocurre siempre que la realidad se cuela sin maquillaje en el debate público, su impacto va mucho más allá de la coyuntura política.
Es una llamada de atención sobre cómo se gobierna en la emergencia, cómo se comunica el desastre y cómo se asumen —o no— las consecuencias.
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