Fallece el periodista Raúl del Pozo a los 89 años, la despedida de un maestro

El cronista español ha fallecido en Madrid a los 89 años de edad, tal y como ha publicado el diario en el que participaba desde 1991

 

 

 

Raúl del Pozo
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Día triste para el periodismo español: el cronista político Raúl del Pozo ha fallecido este martes 10 de marzo a los 89 años.

Muere así una de las figuras más emblemáticas y respetadas del columnismo contemporáneo, relevante por su capacidad lingüística y su absoluto talento para convertir una opinión en arte.

Desde el año 1991 colaboraba con el diario ‘El Mundo’, periódico que le convirtió en un todoterreno de la opinión gracias a su mítica columna ‘El ruido de la calle‘.

Este espacio fue hasta su último aliento el corazón de su producción periodística, desplegando un estilo elegante y directo que sucumbió a miles de lectores.

 

 

Raúl del Pozo

El periodista ha muerto a los 89 años. Este 25 de diciembre, hubiera cumplido los 90.

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En él siempre buscó lo mismo: filtrar la política a través de la literatura, el humo de los cafés y la sabiduría popular.

Pero sí por algo destacó fue por su particular crítica. Mientras otros columnistas volcaban sus fuerzas en retratar a políticos, del Pozo analizaba sus gestos, su lenguaje o sus ambiciones.

Sabía perfectamente cómo comparar al político de turno con un personaje de novelas caballerescas.

Sus inicios

 

 

Raúl del Pozo

Raúl del Pozo junto a los reyes, en 2008.

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Inició su trayectoria en el ‘Diario de Cuenca’, siendo también director adjunto de ‘El Independiente’, además de corresponsal de ‘Pueblo’ en lugares como Moscú, Lisboa, Buenos Aires y Londres.

En los últimos 60 años, su voz consiguió extenderse del papel a la radio y la televisión, que consiguió reforzar su identidad gracias a colaborar con la inolvidable María Teresa Campos en algunos de sus programas.

Autor de libros como ‘La Novia’ o ‘Noche de tahúres’ y ensayos, fue galardonado hasta en tres ocasiones con premios como el Francisco Cerecedo, en 1989; el González-Ruano, en 2005; o el importante Mariano de Cavia, en 2008.

Su destacada trayectoria le catapultó a dar nombre al Premio Raúl del Pozo, creado hace 10 años.

 

 

Raul del pozo

En 2016 dio vida a su propio premio.

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Amigo, compañero de profesión y vecino de calle del escritor valenciano Manuel Vicent, su amistad sobrepasó barreras y ambos lucieron con humor su miedo a la muerte.

Cada 1 de enero, Vicent descolgaba el teléfono para felicitar el nuevo año a del Pozo: “Buenos días, Raúl. 

De este año no pasa. Uno de los dos palma. Se acerca el momento del gran disgusto”, reza el obituario de ‘El Mundo’. Hoy ha sido su último aliento.

Su vida personal

Nació en 1936 en Mariana (Cuenca). Presumiendo de sus orígenes serranos, en su lugar natal aprendió “la lengua del pueblo”; esa forma directa y afilada de hablar del resto que luego trasladó exitosamente a sus escritos.

Afincado en la capital madrileña, jamás perdió el vínculo con sus tierras manchegas.

En septiembre de 2018 vivió uno de los momentos más amargos de su vida: su pareja, Natalia Ferraccioli, fallecía tras 48 años casados.

Así lo transmitía con estupor en sus líneas aquel año: “Algunos lectores se han interesado por el motivo de mi ausencia en esta página.

Con profunda melancolía les informo, ayudándome con el título de Faulkner: he estado al pie de la cama donde agonizaba Natalia“.

 

Raúl del Pozo

Su mujer, Natalia, falleció en 2018 tras años conviviendo con una dura enfermedad.

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Junto a ella vivió su convivencia con el cáncer. “En los últimos siete años ha sido atacada por la cruel venganza del tiempo: cáncer de estómago, de mama y fallo renal.

Hemos veraneado juntos a la sombra de nuestro granado y hemos visto cómo la enfermedad aniquilaba su belleza y deformaba su esqueleto (…) A ella le debo gran parte de lo que soy y lo poco que tengo“, rezaba su desgarradora dedicatoria a la mujer de su vida.

Un animal nocturno

Durante décadas, Rául del Pozo estuvo ligado a las tertulias de café y los restaurantes que nunca cerraban.

Lugares como el Café Gijón, el Varela o el Bocaccio se convirtieron en eslabones fundamentales de su estilo personal, pero sobre todo, de su vida.

 

 

Raúl del Pozo

Su vida nocturna entre cafés y humos de bar, conformó su ácido e icónico estilo.

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En ellos vivió largas veladas en forma de tertulia que le permitieron conformar amistades tan importantes con figuras como Francisco Umbral, Lópezaria o Carril.

Los ‘lobos jóvenes’, tal y como se refirió a ellos en una de sus obras, ‘La noche que llegué al café Gijón’, le permitieron moverse en la vida bohemia y la crónica negra.

Ahora, con su muerte, no solo desaparece una parte del periodismo de raza, sino que, además, se van los últimos suspiros de toda una generación.