Óscar Puente dio plantón a ‘Informativos Telecinco’ e “incumplió” lo acordado según denuncia Carlos Franganillo.
“Su equipo confirmó que estaría hoy aquí en el plató, pero poco después incumplió lo acordado y canceló la cita”, explicó Carlos Franganillo.

A veces una ausencia dice mucho más que una comparecencia. En mitad de una crisis, cuando todas las miradas están puestas en una misma figura y el país entero reclama explicaciones, no aparecer se convierte en noticia por sí sola.
Eso es exactamente lo que ocurrió este lunes por la noche, cuando miles de espectadores encendieron Telecinco esperando escuchar al ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, Óscar Puente, y se encontraron con una silla vacía que, simbólicamente, pesaba toneladas.
Horas antes, Mediaset había difundido un comunicado claro, conciso y oficial. No había lugar a dudas ni a interpretaciones: Óscar Puente sería entrevistado en directo en la segunda edición de Informativos Telecinco, a las nueve de la noche, por su director y presentador, Carlos Franganillo.
El objetivo era evidente y legítimo: abordar la crisis abierta tras el accidente ferroviario de Adamuz, en Córdoba, y dar respuesta a las múltiples incidencias registradas en el servicio ferroviario en las últimas semanas.
El anuncio no era menor. En un contexto de tensión política, con la oposición apretando y la opinión pública exigiendo explicaciones, la entrevista se presentaba como uno de los momentos informativos más relevantes del día.
Más aún teniendo en cuenta que el ministro ya había pasado por la mañana por La hora de La 1, el programa de RTVE conducido por Silvia Intxaurrondo.
Dos cadenas, dos perfiles distintos, una misma crisis. El mensaje parecía claro: dar la cara.
Pero algo se torció por el camino.
Cuando llegó la hora señalada, el ministro no apareció. No hubo entrevista, ni preguntas, ni respuestas. Y fue el propio Carlos Franganillo quien, en directo, puso palabras a una situación tan incómoda como inesperada.
Su tono, lejos del espectáculo, fue sobrio, serio y visiblemente molesto. No era una queja al uso. Era una explicación necesaria para una audiencia que llevaba días asistiendo a un goteo constante de informaciones, rumores, críticas y reproches cruzados.
“Nos habría gustado preguntarle las últimas dudas al ministro de Transportes en directo”, arrancó Franganillo.
Y a partir de ahí, el relato se volvió mucho más contundente. Informativos Telecinco, explicó, llevaba siete días solicitando una entrevista con Óscar Puente.
Siete días. Cada día, sin éxito. Hasta que esa misma mañana, el equipo del ministro confirmó que estaría en el plató por la noche.
Un compromiso cerrado, anunciado públicamente, y que, horas después, fue cancelado.
“Poco después incumplió lo acordado y canceló la cita”, sentenció el periodista, sin rodeos y sin adjetivos innecesarios.
La frase resonó con fuerza porque no era habitual escuchar algo así en un informativo de máxima audiencia. No había insinuaciones, ni ironías. Solo un hecho relatado con precisión.
La explicación oficial no tardó en llegar. Desde el gabinete de prensa del Ministerio de Transportes se argumentó que la cancelación se debía a una comparecencia de Óscar Puente en el Senado prevista para el jueves 29 de enero.
Según esta versión, una vez conocida la citación parlamentaria, se decidió suspender todas las entrevistas para centrar los esfuerzos en preparar esa intervención.
Una justificación formal, correcta en apariencia, pero que no logró apagar del todo el malestar generado. Sobre todo porque el propio ministro había concedido entrevistas ese mismo día, incluida la de RTVE por la mañana.
La pregunta empezó a flotar sola en el ambiente mediático: ¿por qué sí a unas cadenas y no a otras? ¿Por qué anunciar una entrevista y cancelarla después, sabiendo el impacto que tendría?
El eco de la polémica no se quedó en Telecinco.
Pocas horas después, Susanna Griso compartía con la audiencia de Espejo Público una situación muy similar.
El ministro también había cancelado la entrevista que tenían pactada para el miércoles. Y lo hacía, de nuevo, alegando la citación en el Senado.
Griso, con un tono que mezclaba profesionalidad y evidente disgusto, lo explicó sin adornos: habían contado con esa entrevista dentro del recorrido mediático del ministro, pero finalmente no se produciría.
Lo que más molestó a la presentadora no fue solo la cancelación, sino el gesto posterior. Según relató en directo, nadie del entorno de Puente se puso en contacto para proponer una nueva fecha. No hubo alternativa, ni intento de reprogramar la conversación. Simplemente, se cayó de la agenda.
En un momento en el que la gestión de la comunicación es casi tan importante como la gestión política, estos movimientos no pasan desapercibidos.
Menos aún cuando se producen en plena tormenta. El accidente de Adamuz no es un asunto menor. Ha sacudido conciencias, ha reabierto debates sobre infraestructuras, mantenimiento, responsabilidades y transparencia. Y ha colocado al Ministerio de Transportes en el centro de todas las miradas.
Por eso, la ausencia del ministro en dos de los principales programas informativos del país ha sido interpretada por muchos como algo más que una simple reorganización de agenda. Para unos, es una estrategia de contención, un intento de evitar entornos mediáticos más incómodos.
Para otros, una decisión lógica ante la inminencia de una comparecencia parlamentaria. Y para una parte de la audiencia, simplemente una mala gestión comunicativa que alimenta la desconfianza.
Carlos Franganillo, sin entrar en valoraciones políticas, dejó claro un punto esencial: el interés informativo. “Nos habría gustado preguntarle”, insistía.
Y esa frase resume bien el sentir de muchos ciudadanos. Preguntar no es atacar. Preguntar es parte esencial del periodismo y, en una democracia, una obligación hacia la ciudadanía.
La sensación que quedó en el aire fue la de una oportunidad perdida. Una ocasión para aclarar dudas, matizar informaciones, responder a críticas y explicar con detalle qué se sabe y qué no se sabe aún sobre lo ocurrido.
En lugar de eso, el foco se desplazó de la investigación técnica a la gestión de la comunicación. Y cuando eso ocurre, el relato se descontrola.
Las redes sociales hicieron el resto. En cuestión de minutos, la cancelación se convirtió en tendencia. Unos acusaban al ministro de esconderse.
Otros defendían su derecho a priorizar el Senado. Y muchos simplemente expresaban cansancio ante lo que perciben como un juego político alejado de las preocupaciones reales.
Porque mientras se cruzan comunicados y reproches, hay una investigación en marcha. Técnicos trabajando, informes por elaborar, responsabilidades por depurar si las hubiera.
Y, sobre todo, víctimas y familias que merecen respeto, silencio cuando toca y explicaciones cuando sea el momento.
La comunicación política, en contextos así, es un campo minado. Cada gesto se amplifica. Cada ausencia se interpreta. Cada cancelación genera un relato paralelo que puede eclipsar el fondo del asunto. Y eso es lo que parece haber ocurrido.
Óscar Puente comparecerá en el Senado. Allí tendrá la oportunidad de exponer, responder y someterse al control parlamentario.
Pero la pregunta que muchos se hacen es si eso basta. Si renunciar a determinados espacios mediáticos ayuda o perjudica. Si el silencio estratégico es realmente silencio o acaba convirtiéndose en ruido.
Lo cierto es que, en tiempos de crisis, la transparencia no solo se mide por lo que se dice, sino también por dónde y cómo se dice.
Y cuando una entrevista anunciada se cancela a última hora, la historia ya no trata solo del accidente de Adamuz. Trata de confianza, de expectativas frustradas y de la delicada relación entre el poder político y los medios de comunicación.
Al final, la silla vacía en el plató de Informativos Telecinco no fue solo una anécdota televisiva. Fue una imagen potente.
Una de esas imágenes que, sin necesidad de palabras, resumen un momento político concreto. Y esas, para bien o para mal, son las que se quedan grabadas en la memoria colectiva.
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