Intercambio de revés entre Rafael Hernando y Hermann Tertsch a cuenta de que Abascal no fuera al funeral en Huelva: “Eres un mamarracho”.

 

 

Para no dar crédito.

 

 

 

Rafel Hernando y Hermann Tertsch.

 

 

Hay momentos en los que el silencio sería la respuesta más digna. Y hay otros en los que el ruido lo invade todo, incluso aquello que debería quedar a salvo de la confrontación política.

 

La misa funeral celebrada en Huelva en memoria de las víctimas del accidente ferroviario de Adamuz no solo estuvo marcada por el dolor, la emoción y el recogimiento, sino que horas después acabó convertida en el epicentro de una de las broncas más virulentas vistas en redes sociales en los últimos tiempos.

 

Un intercambio de reproches, insultos y acusaciones cruzadas que ha vuelto a evidenciar hasta qué punto la política española vive instalada en una tensión permanente, incluso cuando el país llora a sus muertos.

 

 

Todo comenzó con un mensaje que, en apariencia, buscaba rendir homenaje. Hermann Tertsch, eurodiputado de Vox, utilizó su cuenta en la red social X para compartir y aplaudir la intervención de Liliana Sáenz, hija de Natividad de la Torre, una de las 46 personas fallecidas en el trágico accidente.

 

Su discurso, cargado de dignidad, dolor contenido y una llamada explícita a huir del odio, había conmovido profundamente a los asistentes al funeral y a miles de personas que lo siguieron después.

 

“¡Qué pueblo tan glorioso cuando se ve a sí mismo!”, escribió Tertsch. “¡Cuánta grandeza del alma limpia de odio aún en el abismo del dolor! Escuchen a esta mujer”.

 

En su mensaje, el eurodiputado calificó las palabras de la hija de una de las víctimas como una lección moral para quienes, según él, ni siquiera ante una tragedia son capaces de desprenderse de su soberbia.

 

El tono, sin embargo, fue escalando rápidamente hacia un terreno mucho más político y combativo.

 

Para Tertsch, ese mensaje representaba también una denuncia contra lo que definió como “el abuso, saqueo y maltrato homicida” de quienes, a su juicio, desprecian al pueblo y lo han convertido en víctima permanente.

 

 

Ese giro fue el detonante. Porque lo que había empezado como un reconocimiento al dolor de una familia acabó convirtiéndose en un arma arrojadiza más dentro del enfrentamiento ideológico.

 

Y ahí es donde entró en escena Rafael Hernando, diputado del Partido Popular por Almería.

 

Hernando no tardó en responder, citando directamente el tuit de Tertsch. Su réplica, medida en las formas pero cargada de intención, reconocía el valor de las palabras pronunciadas en Huelva, subrayando precisamente aquello que el propio Tertsch parecía pasar por alto.

 

“Sí, Hermann. El pueblo de Huelva es muy glorioso, y desde luego que la alocución de las víctimas fue en contra del odio y de la polarización. Toma nota”, escribió el diputado popular.

 

 

Hasta ahí, el intercambio podía haberse quedado en una discrepancia política más o menos dura.

 

Pero Hernando añadió una posdata que encendió la mecha. Una pregunta lanzada con aparente ironía, pero con un destinatario muy concreto: “Por cierto, me pareció que por allí no apareció el líder de Vox, Santiago Abascal. Tendría cosas más importantes que hacer”.

 

 

La ausencia de Abascal en la misa funeral de Huelva ya había sido comentada en círculos políticos y mediáticos.

 

Para muchos, resultaba llamativo que el líder de Vox no acudiera a un acto de esta relevancia institucional y simbólica, mientras sí lo hicieron los Reyes, representantes del Gobierno central, de la Junta de Andalucía y de distintos partidos.

 

La mención directa de Hernando no solo señalaba esa ausencia, sino que la colocaba en el centro del debate público.

 

La reacción de Hermann Tertsch fue inmediata y explosiva. Lejos de optar por una réplica política, el eurodiputado respondió con un mensaje plagado de insultos personales, descalificaciones y un tono abiertamente agresivo.

 

“Eres un mamarracho”, arrancaba su tuit, antes de lanzar una cascada de ataques contra Hernando y el Partido Popular, a quienes acusó de ser “intercambiables” con figuras a las que vinculó con la corrupción y el desprestigio político.

 

 

El mensaje, de una dureza extrema, no se quedó ahí. Tertsch insistió en marcar distancias, reivindicando que Vox “está con el pueblo todos los días del año”, mientras acusaba al PP de compartir espacio con lo que denominó “la mafia”.

 

En su relato, la ausencia de Abascal en el funeral no era una falta de respeto, sino una decisión consciente.

 

Según explicó, Vox no participará en ningún acto en el que estén presentes miembros del Gobierno de Pedro Sánchez, a quienes calificó directamente como “banda criminal”.

 

 

El eurodiputado fue más allá, enumerando supuestas complicidades entre PP y PSOE en distintos ámbitos, desde votaciones en el Parlamento Europeo hasta nombramientos institucionales.

 

Para Tertsch, ambas formaciones serían “almas gemelas”, y Vox solo coincidiría con ellas en el Congreso para denunciarlas o en los tribunales para, en sus palabras, “llevarlos a la cárcel”.

 

 

El tono, el lenguaje y la violencia verbal del mensaje provocaron una oleada de reacciones en redes sociales.

 

Para muchos usuarios, el intercambio había cruzado todas las líneas posibles, especialmente teniendo en cuenta el contexto en el que se producía: un homenaje a víctimas de una tragedia reciente, con familias aún sumidas en el duelo.

 

 

Rafael Hernando no dejó pasar la respuesta sin contestar. En un nuevo tuit, volvió a dirigirse a Tertsch, esta vez con un mensaje que, sin recurrir a los mismos insultos, tampoco rebajaba la tensión.

 

“Para lo tuyo existen psicoterapeutas magníficos. Hazme caso”, escribió. “Esa histeria tuya no es buena para la salud”.

 

Y remató con una frase que cerraba el círculo iniciado horas antes: “Que ayer Abascal hiciera lo mismo que Sánchez y Puente y no fuera a Huelva es su problema”.

 

Con esas palabras, Hernando no solo devolvía el golpe, sino que colocaba a Vox en una posición incómoda, al equiparar la ausencia de su líder con la de miembros del Gobierno central que también fueron criticados por no acudir al funeral.

 

Una equiparación que, para los seguidores de Vox, resulta inaceptable, pero que para otros evidencia hasta qué punto la política se ha convertido en un juego de gestos y ausencias.

 

Más allá del cruce de insultos, el episodio deja varias reflexiones incómodas. La primera, el uso constante de las redes sociales como campo de batalla, incluso cuando el contexto exige contención y respeto.

 

La segunda, la facilidad con la que el dolor ajeno puede ser instrumentalizado para reforzar un discurso propio. Y la tercera, la creciente dificultad para separar el homenaje sincero de la confrontación política.

 

El funeral de Huelva había sido concebido como un espacio de recogimiento, consuelo y acompañamiento a las familias.

 

La intervención de Liliana Sáenz fue, para muchos, el ejemplo de cómo se puede transformar el dolor en un mensaje de humanidad y dignidad.

 

Sin embargo, horas después, ese mismo mensaje fue arrastrado al barro de la confrontación partidista, perdiendo parte de su sentido original.

 

El intercambio entre Hernando y Tertsch no es un hecho aislado, sino un síntoma de una política cada vez más crispada, donde el adversario no es un rival, sino un enemigo.

 

Donde la descalificación personal sustituye al argumento, y donde incluso los actos más solemnes quedan atrapados en la lógica del enfrentamiento permanente.

 

Para una parte de la ciudadanía, este tipo de episodios genera hastío y desafección. La sensación de que el respeto se ha convertido en una rareza y de que cualquier acontecimiento, por trágico que sea, acaba siendo utilizado como munición política.

 

Para otra parte, en cambio, estos enfrentamientos refuerzan identidades y trincheras, alimentando un clima de confrontación constante.

 

Lo ocurrido tras la misa funeral de Adamuz debería servir, al menos, para una reflexión colectiva. Sobre el papel de los representantes públicos en momentos de duelo.

 

Sobre los límites del discurso político. Y sobre la responsabilidad de no convertir el dolor de las víctimas en un espectáculo más.

 

Porque al final, más allá de los tuits, los insultos y las estrategias partidistas, lo que permanece es la ausencia de 46 personas y el sufrimiento de sus familias.

 

Y quizá ahí esté la pregunta que muchos ciudadanos se hacen en silencio: ¿de verdad no somos capaces de dejar la pelea a un lado, ni siquiera por un día?