El comunicado de la novia de Manu Pascual tras perder el bote de ‘Pasapalabra’ hace un atronador ruido.
Laura, la pareja de Manu Pascual, ha salido a la palestra con un mensaje en X que no para de compartirse tras perder el bote de ‘Pasapalabra’ frente a Rosa Rodríguez.

Durante meses, cada tarde tuvo algo de ritual. A la misma hora, miles de personas encendían la televisión, se acomodaban en el sofá y dejaban que una voz familiar, la de Roberto Leal, marcara el ritmo de una batalla tan sencilla como adictiva: palabras, definiciones, segundos que volaban y un rosco que parecía no tener fin.
En el centro de ese ritual estaba Manu Pascual. Y por eso, cuando el pasado jueves su nombre se pronunció por última vez en Pasapalabra, la sensación fue parecida a la de despedir a alguien de casa.
No fue una eliminación cualquiera. No hubo fallo estrepitoso ni derrota clara. Fue una de esas salidas que duelen precisamente porque llegan cuando menos se espera, cuando todo parece alineado para seguir.
Tras 437 tardes, Manu tuvo que decir adiós al concurso de Antena 3 por una norma tan conocida como implacable: cuando alguien se lleva el bote, el otro concursante debe marcharse, sin excepciones, sin segundas oportunidades. Rosa ganó. Y Manu, inevitablemente, se fue.
La escena fue tan silenciosa como intensa. En plató, los aplausos sonaron largos, casi como si el público quisiera retenerlo unos segundos más.
En casa, muchos espectadores se quedaron mirando la pantalla con una mezcla de orgullo y tristeza. Porque Manu no se iba con las manos vacías, pero tampoco se iba como soñaba.
El joven madrileño acumulaba 270.600 euros tras casi dos años de participación. Una cifra que impresiona, sí, pero que también recuerda una realidad poco comentada cuando se habla de premios televisivos: Hacienda siempre está ahí.
De ese importe bruto, una parte importante se esfuma en impuestos. En concreto, Manu deberá tributar un 20,6% correspondiente al tipo estatal y un 18,8% al autonómico.
Traducido a números, 105.643,60 euros que no llegarán a su bolsillo. El resultado final es claro: Manu se quedará con 164.956,4 euros netos.
Es mucho dinero. Suficiente para cambiar cosas importantes. Pero también es inevitable pensar en lo cerca que estuvo de completar El Rosco, de llevarse un bote que habría marcado un antes y un después definitivo. Esa cercanía es la que hace que su despedida tenga un sabor agridulce.
Desde su llegada al programa, el 16 de mayo de 2024, Manu Pascual se ganó algo que no se puede cuantificar en euros: el cariño de la audiencia. No fue solo por su conocimiento o su regularidad, sino por una forma de estar.
Calmado, respetuoso, humilde incluso cuando las tardes se alargaban y los aciertos se acumulaban. Manu no gritaba, no buscaba el foco, no sobreactuaba. Simplemente jugaba. Y eso, en televisión, no es tan común.
A lo largo de esas 437 entregas, su presencia se volvió familiar. Para muchos espectadores, era “el chico de Pasapalabra”, alguien que estaba ahí casi más que algunos presentadores de informativos.
Por eso, cuando llegó el momento de despedirse, no solo perdió un concursante. Se fue una rutina.
Fuera del plató, Manu no estaba solo. Si algo quedó claro tras su salida es que su vida no gira únicamente alrededor de un concurso.
Su familia ha sido siempre un pilar, un apoyo constante que él mismo ha mencionado en más de una ocasión. Pero si hubo un gesto que emocionó especialmente a sus seguidores fue el mensaje público de su pareja, Laura.
Laura, criminóloga de profesión, decidió escribir unas palabras que rápidamente se hicieron virales. “Hola, soy Laura y el bote de Pasapalabra me lo he llevado yo.
Eres increíble, Manu, te quiero”, publicó en su cuenta de X. Un mensaje sencillo, sin artificios, pero cargado de complicidad y orgullo.
Lo acompañó de dos fotografías juntos, imágenes cotidianas que mostraban a un Manu lejos de los focos, relajado, real.
En menos de 24 horas, la publicación superó los 13.000 me gusta. No hacía falta más para entender el impacto emocional de esa despedida.
Ese mensaje fue, para muchos, la prueba de que detrás del concursante había una historia personal sólida, un proyecto de vida que iba mucho más allá del rosco y las definiciones. Y quizá por eso conectó tanto.
Manu Pascual nació en Collado Villalba, en la Comunidad de Madrid. Se graduó en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid, un dato que muchos espectadores descubrieron con el paso del tiempo y que encajaba perfectamente con su forma de ser: reflexiva, tranquila, analítica.
Entre sus aficiones destacan el rock y las series de suspense, con una debilidad especial por títulos como Twin Peaks. Series que, según él mismo comentó en alguna ocasión, había tenido que dejar en pausa para centrarse casi por completo en la preparación del concurso.
Porque llegar tan lejos en Pasapalabra no es fruto del azar. Detrás hay horas y horas de estudio, de memorización, de disciplina.
Una vida casi monástica durante meses, incluso años, con el objetivo de estar preparado para cualquier letra, cualquier definición inesperada. Manu lo sabía. Y por eso su salida duele también por todo lo que deja entrever: el sacrificio silencioso que no siempre se ve.
En su debut en el programa, allá por mayo de 2024, Manu ya dejó claras sus prioridades si algún día lograba llevarse el bote.
Ayudar a su familia era lo primero. Después, invertir en su vida con su pareja, comprar una casa, darse algún capricho, quizá un viaje especial.
Y, fiel a su vocación, seguir estudiando. “Me encanta estudiar”, confesó entonces. “Emplearía parte en seguir formándome”.
Esas palabras resuenan ahora con más fuerza. Porque aunque no se llevó el gran bote, sí se va con una cantidad que le permitirá avanzar en muchos de esos planes.
No todos. No como había imaginado. Pero sí los suficientes como para empezar una nueva etapa con cierta tranquilidad.
La salida de Manu también ha reabierto el debate sobre las reglas del programa. Esa norma inamovible que obliga al concursante que no gana el bote a abandonar el concurso genera siempre polémica.
Es cruel, dicen algunos. Es parte de la esencia del formato, responden otros. Lo cierto es que esa regla es la responsable de algunas de las despedidas más emotivas de Pasapalabra. Y la de Manu Pascual ya está entre las más recordadas.
En redes sociales, los mensajes de apoyo se multiplicaron. Muchos espectadores agradecieron su paso por el programa, su educación, su constancia.
Otros expresaron su frustración por no haberlo visto completar El Rosco. Algunos, incluso, confesaron que ya no verán el programa con la misma ilusión. Exagerado o no, ese tipo de reacciones hablan del vínculo que se había creado.
Ahora, Manu tiene algo que no tenía durante casi dos años: tiempo. Tiempo para descansar, para reencontrarse con sus aficiones, para ver esas series pendientes, para viajar, para pensar sin la presión diaria del cronómetro.
Tiempo para asimilar lo vivido. Porque pasar por Pasapalabra no es solo un concurso. Es una experiencia que marca.
El dinero llegará, se invertirá, se gastará, se ahorrará. Pero lo que queda es otra cosa. La sensación de haber estado a punto.
De haber rozado un sueño compartido por millones de personas. Y, al mismo tiempo, la certeza de haberlo hecho todo bien, de haberse ido por la puerta grande, con respeto, con aplausos y con el cariño de la gente.
Quizá esa sea la verdadera victoria de Manu Pascual. No la cifra exacta que aparecerá en su cuenta bancaria tras pasar por Hacienda, sino el recuerdo que deja en quienes lo han acompañado tarde tras tarde. Porque en un mundo donde todo pasa rápido y se olvida aún más deprisa, no es tan fácil permanecer.
Y Manu, pase lo que pase a partir de ahora, ya lo ha conseguido.
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