Nuria Roca, sin medias tintas, se moja sobre lo de Sarah Santaolalla y Rosa Belmonte y lo tilda de “aberración”.

 

 

Nuria Roca se ha pronunciado alto y claro sobre el ataque machista de Rosa Belmonte a Sarah Santaolalla en ‘El Hormiguero’ y ha dado la cara por su marido Juan del Val.

 

 

 

La tormenta no ha amainado en torno a lo ocurrido en el plató de ‘El Hormiguero’. Lo que empezó como un comentario pronunciado en una tertulia televisiva en horario de máxima audiencia ha terminado convirtiéndose en un debate nacional sobre machismo, responsabilidad mediática y acoso en el espacio público.

Y cuando parecía que el foco se concentraba únicamente en Rosa Belmonte y su frase dirigida a Sarah Santaolalla, una nueva voz relevante ha irrumpido para añadir matices, defender posiciones y agitar aún más la conversación: Nuria Roca.

 

La presentadora y colaboradora habitual del programa de Antena 3 ha decidido pronunciarse públicamente en sus redes sociales tras días de silencio. Y lo ha hecho con un mensaje directo, emocional y contundente.

Su intervención no solo aborda el comentario que desató la polémica —“mitad tonta, mitad tetas”—, sino que entra de lleno en la controversia que ha salpicado a su marido, Juan del Val, presente en la tertulia en el momento de la intervención de Belmonte.

 

Desde el primer momento, Nuria Roca deja claro que no acostumbra a “meterse en charcos que no le pertenecen”.

Sin embargo, en esta ocasión considera que la situación la interpela de forma directa. El comentario se produjo en el programa en el que colabora y en una mesa de debate en la que estaba sentado su marido.

Demasiadas conexiones personales como para permanecer al margen.

 

Y su posicionamiento inicial no deja lugar a dudas.

 

“Me parece una aberración y una humillación por la cual hay que pedir perdón”, afirma con rotundidad. “Creo que está absolutamente fuera de lugar y creo que no corresponde.

En el momento en el que estamos, cosas así lo que hacen es que retrocedamos en lo que hemos avanzado”.

 

Con estas palabras, Roca se alinea claramente con la crítica al comentario de Rosa Belmonte hacia Sarah Santaolalla.

Reconoce que la frase fue desafortunada, impropia y dañina. No la minimiza ni la relativiza. La califica de humillación. Y subraya la necesidad de pedir perdón.

Pero su intervención no se detiene ahí. De hecho, el núcleo de su mensaje se desplaza rápidamente hacia otro terreno: la defensa de Juan del Val ante las acusaciones de complicidad o machismo que han circulado en redes sociales tras la emisión del programa.

 

“En este caso sí tengo que pronunciarme, porque cuando se está acusando a alguien de machista, y yo con Juan llevo viviendo 28 años bajo el mismo techo y durmiendo todas las noches con él, evidentemente a mí me toca”, explica.

 

Aquí introduce un elemento personal que busca desmontar la narrativa que se ha construido en torno a su marido.

Roca sostiene que la imagen de Juan del Val sonriendo en el plano junto a Rosa Belmonte ha sido interpretada de manera interesada. Según su versión, no se trató de una sonrisa cómplice, sino de una reacción incómoda en un momento de tensión en directo.

 

“Juan está en el mismo plano de Rosa, sonríe y no sonríe de manera cómplice, lo hace de manera incómoda porque en ese momento en directo es muy consciente de lo que está sucediendo.

Piensa que no quiere dejar mal a Rosa, que no quiere que se cree un cisma en la tertulia y que quien tenga que pedir perdón, que lo pida”, defiende.

Esta explicación apunta a una dinámica habitual en los debates televisivos en vivo: la dificultad de reaccionar de manera inmediata sin desestabilizar el formato o generar un conflicto mayor en directo.

Roca sugiere que la reacción de su marido respondió más a una gestión prudente del momento que a una validación del comentario.

Sin embargo, en el ecosistema actual de redes sociales, los gestos se analizan al milímetro. Una sonrisa puede convertirse en prueba de complicidad. Un silencio puede interpretarse como consentimiento.

 

Y en ese terreno, la narrativa suele construirse con rapidez y poca tolerancia a los matices.

Roca considera que se está cometiendo una “enorme injusticia” al señalar a Juan del Val como machista a raíz de ese fragmento.

A su juicio, hay quienes aprovechan cualquier excusa para reforzar una etiqueta que no se corresponde con la realidad.

“Todos los que tienen a Juan en el punto de mira se aprovechan de la mínima excusa para atacarle y crear un perfil absolutamente machista para verter todo el odio hacia él”, afirma.

Su mensaje adquiere entonces un tono más amplio, casi reflexivo. Más allá del caso concreto, denuncia lo que considera una dinámica de polarización y violencia verbal creciente.

Para Roca, el problema no es solo el comentario original, sino la espiral de odio que se genera después.

“Me parece tan injusto, tan terrible todo el odio que llevan algunas personas dentro, entre ellas con ese comentario Rosa Belmonte hacia Sarah Santaolalla, que deberíamos hacer todos una reflexión sobre lo que está pasando”, sostiene.

La presentadora introduce aquí una idea clave: la violencia verbal no puede combatirse con más violencia verbal. Criticar actitudes machistas, dice, no debería convertirse en una excusa para dirigir ataques personales hacia otros, incluso cuando no comparten la misma opinión.

“Cuando se critica este tipo de actitudes y generar violencia verbal televisiva, dialéctica de debate, cuando eso se critica no fomentarlo y no volcarlo sobre otra persona solamente porque no opine de la misma manera que nosotros”, reflexiona.

En este punto, Roca introduce una comparación que ha generado debate. Señala que Juan del Val también ha sido víctima de acoso en otras ocasiones y que, a su juicio, existe una cierta hipocresía social: la violencia solo se condena cuando afecta al propio bando ideológico.

“El que es víctima de un acoso es víctima independientemente de lo que piense. Juan lo ha sido muchas veces y ahí es donde creo que pecamos y somos tremendamente hipócritas porque solo vemos la violencia cuando nos toca en nuestro lado y en el de enfrente no”, sentencia.

Este planteamiento apunta a un fenómeno recurrente en el debate público contemporáneo: la tendencia a medir con distinto rasero según la afinidad ideológica. Roca reivindica una condena coherente de la violencia verbal, sin excepciones.

No obstante, su defensa más personal llega cuando aborda directamente la acusación de machismo hacia su marido. Con 28 años de convivencia como argumento central, niega rotundamente haber presenciado actitudes machistas por su parte.

“Jamás ni por su parte hacia nosotros ni hacia nadie que yo haya visto”, asegura.

Y va un paso más allá al lanzar un reto público: pide que se haga público cualquier fragmento en el que Juan del Val haya pronunciado una frase machista. Según afirma, no existe tal prueba. Al contrario, sostiene que él ha contribuido a reforzar su propio compromiso feminista.

“No he visto ni una sola frase salida de la boca de Juan que sea machista, todo lo contrario, él ha hecho que yo sea mucho más feminista de lo que ya era”, incide.

La declaración ha reabierto el debate en redes sociales. Para algunos, Roca ha actuado con valentía al condenar el comentario inicial y defender a su marido sin ambigüedades. Para otros, su intervención no despeja todas las dudas sobre la reacción en el plató y la responsabilidad compartida en ese momento.

Lo cierto es que la polémica evidencia la complejidad de los debates televisivos en directo. En cuestión de segundos, una frase puede alterar la agenda mediática durante días. Y cada gesto, cada silencio, cada matiz, queda sometido al escrutinio público.

También pone de relieve el papel de las figuras públicas cuando la controversia toca el ámbito personal. Roca ha decidido no esperar a que le pregunten. Se ha adelantado, ha fijado posición y ha asumido el coste de intervenir en una conversación polarizada.

En paralelo, el caso vuelve a situar en el centro la responsabilidad de los formatos de entretenimiento en horario de máxima audiencia. La línea entre la opinión, la ironía y el ataque personal sigue siendo objeto de debate. Y la sensibilidad social frente a comentarios de carácter machista es hoy mayor que en el pasado.

La discusión no parece cerrada. Las redes continúan activas. Las interpretaciones siguen multiplicándose. Y cada nueva declaración añade capas a una controversia que ya trasciende el comentario original.

Lo que queda claro es que el episodio ha obligado a varias figuras del panorama mediático a posicionarse públicamente. Y en esa cadena de reacciones, la intervención de Nuria Roca marca un punto de inflexión: condena el comentario, defiende a su marido y reclama coherencia en la lucha contra la violencia verbal.

La pregunta que permanece abierta es si este debate servirá para revisar dinámicas en los platós y en las redes o si, como tantas otras polémicas, se diluirá con la siguiente controversia viral.

Mientras tanto, el foco sigue encendido. Y cada palabra cuenta.