Óscar Puente liquida a Marhuenda por la portada de La Razón: “El facha más paleto”.
El ministro carga contra el director del diario tras las polémica por el “house tour” de Pedro Sánchez.

A Pedro Sánchez siempre le ha gustado mostrar La Moncloa. No es algo nuevo ni improvisado.
Desde hace años, el presidente del Gobierno se ha dejado ver en varias ocasiones recorriendo el complejo presidencial durante las jornadas de puertas abiertas, explicando anécdotas, saludando a visitantes y ejerciendo de anfitrión institucional.
Sin embargo, en esta ocasión, ese gusto por enseñar los espacios del poder ha dado un paso más allá y se ha adaptado al lenguaje de las redes sociales, con un formato tan popular como polémico: el ‘house tour’.
El detonante ha sido un vídeo publicado por el propio Sánchez en su cuenta de TikTok, una red social que el presidente utiliza de forma cada vez más habitual como canal de comunicación directa con los ciudadanos.
En la grabación, Sánchez anuncia con tono desenfadado que va a hacer “un pequeño house tour por el palacio de La Moncloa, en plan Isabel Preysler”.
La frase, aparentemente inofensiva y con un punto de humor, ha sido suficiente para activar todas las alarmas políticas y mediáticas.
El vídeo, en realidad, no muestra la residencia privada del presidente, uno de los espacios más protegidos y desconocidos del complejo.
El recorrido se limita a la conocida Sala del Reloj, una estancia de enorme valor simbólico dentro del palacio.
Allí se celebraron durante décadas las reuniones del Consejo de Ministros, especialmente en los gobiernos de Adolfo Suárez y Leopoldo Calvo-Sotelo, y durante parte del mandato de Felipe González, antes de que este decidiera trasladar el Consejo a otro edificio del recinto.
En la grabación, Pedro Sánchez explica brevemente la historia de la sala, el origen de su nombre y algunos cambios estéticos que ha experimentado con el paso de los años.
No hay ostentación, ni lujo exhibido, ni detalles personales. Aun así, el vídeo termina con una invitación clara a la interacción: el presidente anima a los usuarios a dejar comentarios y sugiere que podría grabar más vídeos mostrando otras estancias del complejo presidencial.
Lo que para unos ha sido un gesto de cercanía y modernización de la comunicación política, para otros se ha convertido en un ejemplo más de frivolización del poder.
Esa lectura crítica es la que ha hecho el diario La Razón, que decidió dedicar su portada al asunto.
El enfoque elegido por el rotativo dirigido por Francisco Marhuenda ha presentado el ‘house tour’ como una estrategia de imagen personalista, casi como una visita turística guiada por el propio presidente.
La portada no ha pasado desapercibida en el Gobierno, y mucho menos para Óscar Puente.
El ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, conocido por su tono directo y combativo en redes sociales, ha reaccionado con una dureza que ha reavivado el enfrentamiento entre el Ejecutivo y determinados medios de comunicación.
En un mensaje publicado en la red social X, Puente ha calificado a Marhuenda como “el facha más paleto de España”, una expresión que se ha viralizado en cuestión de minutos y ha generado una nueva tormenta política.
El cruce de declaraciones ha vuelto a poner sobre la mesa el debate sobre los límites del lenguaje político, el papel de los medios y la estrategia comunicativa del Gobierno.
Puente no es un ministro cualquiera en este terreno. Desde su llegada al Ejecutivo, se ha consolidado como uno de los perfiles más activos en redes sociales, especialmente en X, donde responde con frecuencia a críticas de la oposición y de la prensa conservadora.
Para sus seguidores, es un político que no se esconde y que da la batalla cultural sin complejos.
Para sus detractores, es el ejemplo de una degradación del debate público.
En el seno del PSOE y del electorado de izquierdas, la reacción de Puente ha sido recibida mayoritariamente con aplausos.
Muchos consideran que La Razón no analiza el contenido real del vídeo, sino que aprovecha cualquier gesto de Sánchez para atacar su figura desde una posición ideológica clara.
En ese contexto, ven en Puente a un ministro que pone palabras a una indignación compartida y que no teme enfrentarse a directores de medios con gran influencia.
Desde el otro lado, las críticas no han tardado en llegar. Se acusa al ministro de utilizar un lenguaje impropio de un cargo público, de fomentar la polarización y de atacar personalmente a un periodista en lugar de rebatir argumentos.
Francisco Marhuenda, por su parte, ha defendido la portada y el enfoque del diario, insistiendo en que la función de la prensa es fiscalizar el poder y analizar las estrategias de comunicación del presidente, especialmente cuando estas se alejan de la sobriedad institucional.
Más allá del intercambio de insultos, el episodio refleja un fenómeno más profundo: la transformación de la comunicación política en la era de TikTok.
Pedro Sánchez no es el único líder que utiliza formatos informales, vídeos cortos y referencias culturales para conectar con nuevos públicos.
Pero en España, cada paso en esa dirección se interpreta también en clave ideológica, especialmente en un clima de polarización creciente.
El ‘house tour’ de La Moncloa se ha convertido así en un símbolo. Para unos, representa un intento legítimo de acercar las instituciones a la ciudadanía, de mostrar que el poder no es un espacio inaccesible.
Para otros, es una banalización del cargo, una forma de convertir la sede del Gobierno en un escenario de autopromoción personal.
La discusión no gira tanto en torno a una sala concreta, sino al modelo de liderazgo y comunicación que encarna Pedro Sánchez.
Este no es el primer choque entre Óscar Puente y La Razón, ni probablemente será el último.
Tampoco es casual que se produzca en redes sociales, donde los mensajes se amplifican y se simplifican, y donde el impacto emocional prima sobre el análisis pausado.
En ese terreno, el Gobierno ha decidido jugar con las mismas armas que la oposición mediática: rapidez, ironía y confrontación directa.
El episodio también pone de manifiesto una tensión constante entre la política institucional y la política espectáculo.
La Moncloa, como símbolo del poder ejecutivo, siempre ha estado rodeada de solemnidad y discreción.
Mostrarla en TikTok, aunque sea parcialmente, rompe con esa tradición y abre un debate legítimo sobre hasta dónde puede llegar la comunicación informal de un presidente del Gobierno.
Mientras tanto, el vídeo sigue acumulando visualizaciones y comentarios, y la polémica continúa alimentando titulares y debates televisivos.
El ‘house tour’ que apenas dura unos minutos ha conseguido lo que muchas campañas cuidadosamente diseñadas buscan sin éxito: colocar a Pedro Sánchez en el centro de la conversación pública durante días.
En un país donde la política se vive con intensidad y donde cada gesto se interpreta como una declaración de intenciones, enseñar una sala histórica puede convertirse en un acto profundamente político.
Y cuando a eso se suma un enfrentamiento verbal tan duro como el protagonizado por Óscar Puente y Francisco Marhuenda, el resultado es una nueva muestra de cómo la comunicación, el poder y la confrontación mediática se entrelazan en la España actual.
Lo que queda claro es que La Moncloa ya no es solo un espacio institucional.
También es un escenario comunicativo, un plató desde el que se construyen relatos, se buscan emociones y se libra una batalla constante por el control del discurso público. Y en esa batalla, cada vídeo, cada portada y cada tuit cuentan.
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