Óscar Puente se mofa del manifiesto de Jordi Sevilla para desbancar a Sánchez.

 

 

 

La burla de Óscar Puente simboliza el cierre de filas del sanchismo frente al manifiesto de Sevilla, que intenta impulsar una alternativa interna en el PSOE.

 

 

 

 

 

 

El debate interno en el PSOE ha sumado en las últimas horas un nuevo episodio cargado de ironía y simbolismo político.

 

 

El ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, Óscar Puente, ha reaccionado con burla al manifiesto impulsado por el exministro Jordi Sevilla para articular una alternativa al liderazgo de Pedro Sánchez.

 

 

Lo ha hecho a través de un tuit en el que comparte un gif de una conocida periodista de Telecinco riéndose a carcajadas, un gesto breve pero elocuente que refleja el escaso crédito que el núcleo duro del sanchismo concede a la iniciativa.

 

 

 

La mofa pública de Puente, uno de los dirigentes más activos y combativos en redes sociales dentro del Gobierno, ha sido interpretada en el PSOE como algo más que una simple broma digital.

 

Para muchos, simboliza la confianza —cuando no la autosuficiencia— con la que el actual liderazgo observa los movimientos críticos surgidos desde antiguos referentes del partido.

 

 

 

 

Un manifiesto para “recuperar la socialdemocracia”.

 

 

El origen del choque está en el anuncio de Jordi Sevilla de presentar en enero un manifiesto político con el que pretende sentar las bases de una alternativa interna a Pedro Sánchez y a lo que denomina la “deriva podemita” del PSOE.

 

 

Sevilla, exministro de Administraciones Públicas con José Luis Rodríguez Zapatero y expresidente de Red Eléctrica, ha insistido en que no busca una ruptura orgánica ni la creación de una nueva formación política.

 

 

Su objetivo declarado es “recuperar el PSOE para la socialdemocracia”, una tradición que, a su juicio, permitió al partido convertirse en una fuerza mayoritaria y de gobierno durante décadas.

 

 

El documento, según ha explicado, será una declaración de principios y un punto de partida para reagrupar a dirigentes, militantes y simpatizantes descontentos con el rumbo actual del partido.

 

 

El gesto de Puente y el mensaje implícito.

 

 

La reacción de Óscar Puente no ha entrado en el fondo de la propuesta, pero sí ha lanzado un mensaje político claro.

 

Al responder con un gif de risa, el ministro transmite que el manifiesto no supone una amenaza real para el liderazgo de Sánchez ni para la cohesión del partido.

 

 

En el entorno del Gobierno interpretan que la iniciativa de Sevilla llega tarde, carece de apoyos orgánicos y conecta poco con una militancia que ha cerrado filas con el secretario general tras años de tensiones internas.

 

 

Un PSOE en pleno desgaste electoral.

 

 

El manifiesto de Sevilla irrumpe en un contexto delicado para el PSOE, marcado por derrotas electorales significativas y por un creciente debate sobre la identidad ideológica del partido.

 

 

La debacle en Extremadura y los malos resultados en otras comunidades han alimentado el malestar de sectores que consideran que el PSOE ha perdido su perfil socialdemócrata clásico y se ha desplazado hacia posiciones más cercanas a Podemos.

 

 

Sevilla confía en que este ciclo electoral adverso vaya “moviendo el terreno” dentro del partido y generando las condiciones para una reflexión más profunda.

 

 

En su análisis, no es lo mismo una derrota protagonizada por candidatos secundarios que un revés de figuras de primer nivel, como podría ser el caso de María Jesús Montero en Andalucía.

 

 

Más allá de la coyuntura electoral, el exministro lanza una crítica estructural al modelo de partido que, según él, ha construido Pedro Sánchez.

 

 

Denuncia un funcionamiento “cesarista”, con un secretario general que concentra el poder y reduce el papel del Comité Federal, la Ejecutiva y las federaciones, muchas de ellas dirigidas por ministros del Gobierno.

 

 

Decisiones clave como la amnistía o los pactos con Bildu son citadas por Sevilla como ejemplos de una deriva que se aparta de la tradición socialdemócrata y se adopta de forma unilateral.

 

 

A ello suma una autocrítica generacional: quienes defendieron las primarias no supieron prever el riesgo de concentrar tanto poder en una sola figura.

 

 

Una iniciativa con límites y plazos.

 

 

Consciente de las dificultades, Sevilla no oculta que su propuesta puede no prosperar.

 

 

Si el proyecto no despega en los próximos meses, admite que dará por concluido el intento.

 

Insiste en que no busca cargos ni protagonismo personal, sino abrir un debate político que considera imprescindible.

 

 

El exministro también trata de evitar un choque generacional.

 

 

No quiere reeditar una confrontación entre “viejos y jóvenes”, sino que sean las nuevas generaciones quienes lideren el cambio, con el apoyo de dirigentes experimentados.