Broncano no da crédito a la respuesta de Paula Usero a las preguntas clásicas en ‘La Revuelta’: “Bate el récord histórico”.

 

 

Paula Usero pilló por sorpresa a David Broncano en ‘La Revuelta’ con la elevada cifra sin precedentes que ofreció en la pregunta del sexo.

 

 

Hay noches en televisión que parecen escritas por un guionista con especial sentido del caos. Todo preparado para una entrevista internacional, el público expectante, el presentador listo para desplegar su ironía habitual… y, de repente, los invitados previstos cancelan a última hora.

Lo que podría haber sido un tropiezo se convirtió en uno de esos momentos que terminan marcando temporada. Porque cuando el plan A se cae, a veces el plan B hace historia.

 

Eso fue exactamente lo que ocurrió esta semana en La Revuelta. Tras perder a sus invitados internacionales a última hora, el equipo del programa movió ficha con rapidez y llamó a dos actrices que no solo salvaron la noche, sino que la transformaron en uno de los episodios más comentados en redes sociales.

 

Clara Galle y Paula Usero acudieron al rescate de David Broncano para promocionar su nueva serie de Netflix, Esa noche. Pero lo que empezó como una entrevista promocional acabó derivando en una conversación que, según el propio presentador, “batió todos los récords históricos del programa”.

 

El contexto ya prometía. Clara Galle no era nueva en el plató. En una visita anterior ya había sorprendido a Broncano al compartir una cifra elevada en la ya mítica sección de “las preguntas clásicas”.

Esa parte del programa —convertida en sello distintivo— gira siempre en torno a dos cuestiones: dinero en el banco y frecuencia de encuentros sexuales en el último mes.

Preguntas directas, respuestas libres y una mezcla constante de humor, incomodidad y naturalidad que define el tono del espacio.

Nada más arrancar la sección, Broncano lanzó una de sus habituales pullas: “Está muy cuca y no dice nada, pero está forrada”, comentó mirando a Clara Galle.

La actriz, entre risas, evitó dar cifras concretas y prefirió hablar de su última gran inversión personal: una librería hecha a medida para su salón.

“He cumplido mi sueño”, confesó. “Soy amante de los libros y en mi casa siempre ha habido muchos. Ahora mismo no tengo tanta pasta porque me la he gastado en eso, pero estoy muy feliz”.

La respuesta desvió momentáneamente el foco económico hacia algo más íntimo y aspiracional: invertir en cultura, en hogar, en estabilidad.

Un contraste interesante en un programa donde el humor suele dominarlo todo. Sin embargo, la verdadera tormenta llegaría segundos después.

Cuando tocó la segunda pregunta, Clara advirtió entre risas que su media había bajado respecto a su última visita.

Fue entonces cuando Paula Usero tomó la palabra con una naturalidad que descolocó al presentador.

“Treinta”, soltó sin demasiadas vueltas. El público reaccionó. Broncano arqueó las cejas. Clara bromeó señalando que su compañera estaba “súper in love”.

Lo que parecía ya una cifra llamativa terminó escalando inesperadamente. Usero reparó en que había hecho mal los cálculos.

“Ah claro, yo solo he contado follar”, dijo entre risas, provocando un momento de desconcierto en el plató. Broncano, intentando ordenar el caos, advirtió que entonces quizá habría que sumar más prácticas al recuento.

 

La escena se volvió casi surrealista: pausas, cuentas improvisadas, explicaciones entrecortadas y un presentador que repetía, incrédulo, que podían estar ante “la campeona histórica” del programa.

“No es un aquí te pillo aquí te mato”, trataba de explicar la actriz entre risas, insinuando que cada encuentro incluía múltiples momentos que podían contarse por separado.

 

 

Finalmente, tras el cálculo improvisado en directo, Broncano lanzó una cifra aproximada: 45. El público estalló. Clara Galle, entre divertida y sorprendida, asumía que su compañera había superado cualquier marca anterior. “Has batido los récords históricos del programa”, sentenció el presentador.

 

Más allá del componente anecdótico, el momento se convirtió en tendencia en X (antes Twitter) y otras redes sociales.

Clips del programa circularon rápidamente, generando miles de comentarios. Algunos celebraban la naturalidad con la que las actrices hablaban de su vida íntima; otros debatían sobre los límites del humor en televisión pública.

 

Porque si algo caracteriza a La Revuelta es precisamente esa mezcla de irreverencia y transparencia.

El formato, heredero del estilo que Broncano consolidó en etapas anteriores, basa buena parte de su éxito en romper la rigidez de las entrevistas promocionales tradicionales.

Aquí no hay discursos encorsetados ni respuestas prefabricadas. Hay espontaneidad. Y a veces, esa espontaneidad desborda cualquier previsión.

 

El fenómeno también revela un cambio generacional en la forma de abordar ciertos temas en televisión. Hace apenas una década, una conversación así habría sido impensable en horario de máxima audiencia.

Hoy, en cambio, forma parte del lenguaje habitual de un público que consume contenidos sin filtros en plataformas digitales y que valora la autenticidad por encima del formalismo.

 

En paralelo, la promoción de Esa noche logró una visibilidad difícil de comprar con campañas tradicionales.

La serie, producida para Netflix, se benefició de una exposición masiva en prime time y en redes sociales. Lo que comenzó como una sustitución de emergencia terminó siendo una jugada mediática redonda.

 

También resulta interesante observar cómo Clara Galle y Paula Usero manejaron la situación. Lejos de incomodarse, jugaron con el humor del programa y mantuvieron el control del relato.

No hubo escándalo real, sino complicidad con el tono del espacio. Esa capacidad para navegar entre promoción y entretenimiento puro es, en parte, lo que explica por qué ambas se han consolidado como rostros destacados de su generación.

 

Para Broncano, la noche reafirmó su fórmula: improvisación, ritmo ágil y una habilidad casi quirúrgica para convertir cualquier imprevisto en contenido viral.

La cancelación de última hora, que podría haber supuesto un problema, terminó dando lugar a uno de los episodios más comentados de la temporada.

 

En un ecosistema mediático saturado de estímulos, donde cada día compiten cientos de titulares por captar atención, momentos como este demuestran que la televisión en directo sigue teniendo una fuerza especial. La sensación de que “todo puede pasar” mantiene al espectador pegado a la pantalla.

 

Y eso, en tiempos de consumo fragmentado y plataformas bajo demanda, no es poca cosa.

 

La noche en que La Revuelta perdió a sus invitados internacionales acabó ganando algo más valioso: conversación social, impacto digital y un récord inesperado. Una prueba más de que, en televisión, el caos bien gestionado puede convertirse en oro.