Pedro Piqueras interviene en TVE y quita la careta a Trump con lo que esconde la caída de Maduro.

 

 

Pedro Piqueras ha analizado en ‘Mañaneros 360’ (RTVE) la situación de Venezuela tras la detención de Nicolás Maduro y quita la careta al presidente de EEUU, Donald Trump.

 

 

 

 

 

La mañana televisiva de este lunes arrancó con una tensión poco habitual incluso para un espacio acostumbrado a la actualidad política dura.

 

 

La detención de Nicolás Maduro por parte del gobierno de Donald Trump se convirtió en el eje absoluto del debate en Mañaneros 360, un programa que, desde primera hora, asumió que no se trataba de una noticia más, sino de un acontecimiento con capacidad real de reconfigurar el equilibrio geopolítico de América Latina y de sacudir, también, a Europa.

 

 

Desde el plató, Javier Ruiz marcó el tono: análisis, contexto y una pregunta incómoda que flotaba en el ambiente desde el primer minuto.

 

¿Estamos ante una operación de “liberación” o ante una intervención económica sin disimulo? La mesa de colaboradores no tardó en poner palabras a lo que muchos espectadores ya intuían.

 

Donald Trump no solo no escondía sus intenciones, sino que parecía disfrutar verbalizándolas.

 

 

Sarah Santaolalla y otros analistas fueron directos al grano. Trump había repetido hasta la saciedad en sus comparecencias que el objetivo estratégico era el control del petróleo venezolano.

 

No como una consecuencia colateral, sino como el núcleo de la operación. El presidente de Estados Unidos lo había dicho, según recordaron, más de dos decenas de veces en una sola rueda de prensa.

 

Y lo había reafirmado horas después a bordo del Air Force One: petróleo y gas natural.

 

 

Ese contexto llevó a Javier Ruiz a lanzar una pregunta clave que vertebró toda la conversación posterior.

 

Si el propio Trump admite sin rubor que busca el control energético, ¿cómo puede presentarse esta detención como una operación política o humanitaria? ¿Dónde queda el relato de la defensa de la democracia?

 

 

Para responder a eso, el programa recurrió a una de las voces más reconocidas del periodismo español.

 

Pedro Piqueras, veterano corresponsal y referencia informativa durante casi dos décadas al frente de Informativos Telecinco, aceptó la conexión consciente de que lo que estaba en juego no era una opinión más, sino una lectura histórica.

 

 

Piqueras no dudó. Desde el primer segundo dejó claro que no había sorpresa alguna en el trasfondo económico de la operación.

 

El interés de Estados Unidos por el petróleo venezolano, recordó, no es nuevo ni improvisado.

 

Viene de lejos, desde el momento en que determinadas instalaciones petrolíferas fueron nacionalizadas en Venezuela. Para sectores del poder estadounidense, aquello fue siempre una herida abierta.

 

 

El periodista subrayó un matiz fundamental que conectó de inmediato con la audiencia: lo novedoso no es la ambición, sino la falta absoluta de disimulo.

 

Durante décadas, las grandes intervenciones militares o políticas se envolvían en discursos de defensa de la libertad, lucha contra dictadores o protección de derechos humanos.

 

En esta ocasión, según Piqueras, el propio presidente de Estados Unidos rompe esa lógica y habla sin máscaras.

 

 

 

Pedro Piqueras en ‘Mañaneros’.

 

 

Ese cambio de tono, lejos de tranquilizar, genera inquietud. Piqueras fue más allá y lanzó una advertencia que resonó con fuerza en el plató.

 

A su juicio, estamos ante el inicio de una nueva era. Un período que definió sin rodeos como un “nuevo colonialismo” o un “nuevo imperialismo”, en el que ya no se considera necesario maquillar las intenciones económicas bajo un relato moral.

 

 

El periodista recordó un episodio que conoce bien: la guerra del Golfo. Él mismo estuvo allí, en los primeros momentos de la invasión de Kuwait.

 

Vivió de primera mano cómo se construyó un discurso internacional que presentaba la intervención como una cruzada contra un tirano, Sadam Husein.

 

Con el paso del tiempo, dijo, quedó claro que aquella guerra tenía un motor energético. Petróleo, control de recursos, influencia estratégica.

 

 

La comparación no fue casual. Para Piqueras, lo que diferencia aquel episodio de lo que está ocurriendo ahora con Venezuela es que entonces se intentó mantener una apariencia de legitimidad moral.

 

Bush, Blair o Aznar hablaban de armas de destrucción masiva, de estabilidad regional, de seguridad global. Hoy, en cambio, Trump prescinde de ese relato y afirma sin rodeos que quiere el petróleo.

 

 

Ese reconocimiento explícito, según Piqueras, convierte la detención de Maduro en algo más que una cuestión judicial o diplomática.

 

Es una injerencia directa, una impugnación de la legalidad institucional internacional y un gesto de fuerza que redefine las reglas del juego.

 

“Es Donald Trump en pureza”, sentenció, dejando claro que no se trata de una anomalía, sino de la esencia de su forma de ejercer el poder.

 

 

Javier Ruiz recogió ese análisis y lo llevó al terreno de los datos. Cifras, producción petrolera, reservas energéticas.

 

Venezuela no es solo un país en crisis política y social; es una potencia energética con una de las mayores reservas de crudo del planeta.

 

Controlar ese recurso significa influir en mercados, precios y equilibrios globales. No es una cuestión simbólica, es una palanca real de poder.

 

 

La conversación avanzó entonces hacia el impacto inmediato que esta detención puede tener dentro de Venezuela.

 

Ruiz lanzó la pregunta que muchos se hacían en casa: ¿qué va a pasar ahora? ¿Estamos ante un colapso del régimen, una transición pactada o un escenario de mayor confrontación?

 

 

Fue en ese punto cuando Piqueras introdujo un elemento que añadió complejidad al análisis.

 

A él, confesó, le sorprendía la relativa facilidad con la que se había producido la operación.

 

Más allá de la planificación estadounidense, le resultaba difícil creer que no hubiera existido algún tipo de connivencia interna. Algún movimiento desde dentro del propio chavismo.

 

 

El periodista sugirió que dentro del entorno de Maduro podrían existir sectores cansados, desgastados por años de poder concentrado, por la deriva autoritaria y por el aislamiento internacional.

 

Elementos que, sin necesidad de protagonismo público, habrían facilitado el terreno para una intervención externa.

 

 

Esa hipótesis conectó con un detalle que no pasó desapercibido para Piqueras: la actitud de Delcy Rodríguez.

 

Sus llamamientos a la colaboración y sus movimientos diplomáticos parecían, a ojos del periodista, una señal de que el chavismo ya no es un bloque monolítico. Las grietas internas, largamente negadas, podrían estar saliendo a la superficie.

 

 

En ese punto, Javier Ruiz formuló la pregunta que condensaba todo el debate en una sola frase: “¿Crees que Venezuela puede ser el Irak del siglo XXI?”. La comparación era arriesgada, pero también inevitable.

 

 

Piqueras no la descartó. Dijo que podría serlo, con todas las consecuencias que eso implica.

 

Un país convertido en tablero de intereses externos, con una intervención justificada por un relato oficial que no coincide con las motivaciones reales.

 

Un escenario en el que las consecuencias humanas, económicas y políticas se pagan durante décadas.

 

 

Pero añadió un matiz crucial. A diferencia de Irak, Venezuela cuenta con una sociedad profundamente politizada y con una diáspora internacional enorme.

 

Millones de venezolanos viven fuera del país y siguen de cerca cada movimiento. Esa presión social y mediática podría alterar el desarrollo de los acontecimientos.

 

 

El debate en Mañaneros 360 no buscó respuestas cerradas. Al contrario, dejó al espectador con más preguntas, pero también con más herramientas para entender lo que está en juego.

 

No se trató de un intercambio de consignas, sino de un ejercicio de análisis que apeló a la memoria histórica, a los datos y a la experiencia periodística.

 

 

La detención de Nicolás Maduro no es un episodio aislado. Es un punto de inflexión que obliga a replantearse conceptos como soberanía, legalidad internacional y el papel real de las grandes potencias.

 

Que un presidente estadounidense admita sin tapujos que actúa por intereses energéticos cambia las reglas del relato y obliga a los medios, a los analistas y a los ciudadanos a mirar más allá de los titulares.

 

 

El valor de la intervención de Pedro Piqueras estuvo precisamente ahí. En recordar que la historia no empieza hoy, que los patrones se repiten y que el lenguaje del poder, cuando se desnuda, suele ser más revelador que cualquier comunicado oficial.

 

 

Al finalizar el programa, la sensación era clara: Venezuela entra en una fase incierta, cargada de riesgos y de movimientos estratégicos.

 

Y el resto del mundo, incluida España, no puede limitarse a mirar desde la barrera.

 

Entender lo que ocurre, cuestionar los relatos simples y exigir transparencia se convierte, más que nunca, en una forma de responsabilidad colectiva.