Risto Mejide ANIQUILA a Feijóo ¿El FIN del PP o la Chispa de la REVOLUCIÓN.
Bienvenidos a un retrato incómodo, pero necesario, de la política española en 2025.
Un año en el que la actualidad no se entiende solo leyendo titulares, sino escuchando los silencios, observando las ausencias y analizando quién decide no estar cuando las instituciones llaman.
En ese contexto, el choque mediático entre Risto Mejide y Alberto Núñez Feijóo no es una simple polémica televisiva: es el síntoma de algo mucho más profundo que atraviesa al Partido Popular y, por extensión, al sistema político español.
Todo comenzó el 5 de septiembre de 2025, en la solemne apertura del año judicial.
Un acto cargado de simbolismo, presidido por el rey Felipe VI, al que tradicionalmente acuden los principales representantes del Estado.
Allí estaban jueces, fiscales, miembros del Gobierno y líderes políticos de distintos signos. Todos, salvo uno.
El líder del Partido Popular y jefe de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, decidió no acudir.
No fue un despiste ni un problema de agenda. Fue una ausencia deliberada, comunicada mediante una nota de prensa en la que se hablaba de “prioridades institucionales” y de coherencia con su crítica al Gobierno de Pedro Sánchez.
La explicación, lejos de cerrar el debate, lo abrió de par en par. Porque en política, y especialmente en la política española, no acudir a un acto institucional de esta magnitud no es un gesto neutro.
Es un mensaje. Y ese mensaje fue interpretado por muchos como un boicot, un plantón al jefe del Estado y al poder judicial que, más allá de la crítica legítima al Ejecutivo, pone en cuestión el respeto a las instituciones.
Ahí es donde entra Risto Mejide. Desde el plató de Todo es mentira, el programa que se ha consolidado como uno de los espacios más incisivos del análisis político televisivo, Risto no dejó pasar la ocasión.
Frente a los intentos de una tertuliana del PP de justificar la ausencia de Feijóo, lanzó una pregunta tan simple como demoledora: “El que no va, ¿qué respeto tiene?”.
No era un ataque gratuito. Era una interpelación directa a la idea misma de liderazgo institucional.
Ese momento se convirtió en viral. No solo por el tono irónico de Risto, sino porque conectó con una sensación extendida entre una parte importante de la ciudadanía: el cansancio ante líderes que utilizan las instituciones como herramientas tácticas, entrando y saliendo de ellas según convenga a su estrategia partidista.
En cuestión de horas, el vídeo circulaba por redes sociales, grupos de WhatsApp y tertulias de bar, convirtiéndose en uno de los temas políticos más comentados de la semana.
Pero reducirlo todo a una frase viral sería un error. La ausencia de Feijóo en la apertura del año judicial no es un hecho aislado, sino el último episodio de una trayectoria marcada por la ambigüedad estratégica.
Desde que asumió el liderazgo del PP en 2022, tras la caída de Pablo Casado, Feijóo ha intentado proyectar una imagen de moderación, solvencia y respeto institucional.
Esa fue su carta de presentación: el presidente autonómico gallego que había gobernado durante más de una década con mayorías amplias y un perfil aparentemente alejado del ruido madrileño.
Sin embargo, el traslado a la política nacional le ha resultado mucho más complicado de lo previsto.
En Madrid, Feijóo no solo se enfrenta al Gobierno de Pedro Sánchez, sino a una guerra interna no declarada dentro de su propio partido. Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, se ha consolidado como una figura con enorme tirón mediático y electoral en la derecha, capaz de marcar agenda y condicionar decisiones estratégicas.
Y Vox, por su parte, sigue presionando desde la derecha más dura, disputándole al PP el discurso de firmeza y confrontación.
En ese contexto, cada gesto de Feijóo se analiza con lupa. Y su decisión de no acudir al acto judicial fue interpretada por muchos como un guiño a los sectores más duros del partido y del electorado, un intento de no aparecer en la misma foto que Pedro Sánchez, aunque el precio fuera ausentarse de un acto de Estado. Para un líder que aspira a gobernar, ese cálculo resulta arriesgado.
Risto Mejide supo leer esa debilidad. No atacó solo la ausencia, sino lo que simboliza: un liderazgo que duda, que se mueve entre dos aguas y que parece más preocupado por no molestar a su propio flanco derecho que por consolidar una imagen de estadista.
En su intervención, Risto no habló como un militante de ningún partido, sino como un ciudadano que exige coherencia.
Y ahí está una de las claves de su impacto: se posiciona como portavoz de una indignación transversal, no estrictamente ideológica.
La reacción no se hizo esperar. En redes sociales, los memes se multiplicaron.
Feijóo aparecía retratado como un niño castigado, como un líder escondido o como una figura eclipsada por Ayuso.
Más allá de la burla, el fondo del debate era serio: ¿puede el PP presentarse como una alternativa sólida si su líder evita actos institucionales clave? ¿Qué mensaje envía eso a un electorado que, especialmente a partir de los 45 años, valora la estabilidad, la presencia y el respeto a las formas?
Este episodio se suma a otros que han ido erosionando la imagen de Feijóo en los últimos meses.
Su discurso sobre inmigración, defendiendo la deportación de quienes delinquen y la acogida de quienes “aportan”, fue recibido con escepticismo incluso entre algunos de sus votantes.
La propuesta, que en abstracto puede parecer razonable, sonó a cálculo electoral, a intento de contentar a todos sin definirse claramente.
De nuevo, Risto y otros analistas señalaron la contradicción: decir lo que “todo el mundo puede estar de acuerdo” sin asumir las consecuencias políticas de un posicionamiento claro.
A eso se suma el peso del pasado del Partido Popular. Aunque Feijóo no fue protagonista directo de los grandes escándalos de corrupción que marcaron la era de Mariano Rajoy, lidera un partido cuya credibilidad sigue condicionada por casos como Gürtel o Bárcenas.
Cada vez que el PP intenta erigirse en adalid de la regeneración, ese pasado vuelve como un eco incómodo.
Risto no duda en recordarlo, no como un ajuste de cuentas personal, sino como un ejercicio de memoria política.
El contraste con el Gobierno de Pedro Sánchez también juega un papel importante.
Sánchez atraviesa su propio desgaste, con polémicas relacionadas con su entorno y una oposición feroz.
Sin embargo, frente a un presidente que, pese a todo, comparece, acude a actos institucionales y mantiene una presencia constante, la ausencia de Feijóo resalta aún más. En política, estar es casi tan importante como decir.
Lo que convierte este enfrentamiento en algo más que un espectáculo televisivo es su capacidad para condensar el estado de ánimo de una parte del país.
Muchos ciudadanos sienten que la política se ha convertido en un juego de gestos, de marketing y de cálculos a corto plazo.
Cuando Risto pregunta “¿qué respeto tiene?”, no está hablando solo de Feijóo, sino de una forma de hacer política que prioriza la estrategia sobre la responsabilidad institucional.
Además, el papel de los medios y las redes sociales amplifica este tipo de choques.
En 2025, la política se consume en fragmentos de vídeo, en clips de pocos segundos que circulan a gran velocidad.
Todo es mentira ha sabido adaptarse a ese ecosistema sin renunciar del todo al análisis.
Y Risto, con su estilo de sarcasmo afilado y narrativa cercana, se mueve con soltura en ese terreno.
No es un analista académico, pero tampoco un mero provocador. Su fuerza reside en decir en voz alta lo que muchos comentan en privado.
Para el Partido Popular, este episodio es una advertencia. La figura de Feijóo aparece cada vez más asociada a la duda y a la indefinición.
Los rumores sobre un posible regreso a la política gallega, aunque no pasen de especulaciones, encuentran terreno fértil precisamente porque su liderazgo nacional no termina de cuajar. En política, los rumores prosperan cuando hay vacío de autoridad.
Nada de esto significa que el PP esté condenado ni que Feijóo no tenga margen de maniobra.
Pero sí indica que el tiempo juega en su contra. Cada ausencia, cada gesto ambiguo, cada intento de contentar a todos sin molestar a nadie, refuerza la narrativa de un líder que no acaba de tomar las riendas.
El choque con Risto Mejide ha funcionado como un espejo incómodo.
No porque Risto tenga la verdad absoluta, sino porque ha puesto palabras y tono a una percepción que ya existía.
Y en una democracia mediática como la española, esas percepciones pueden ser tan decisivas como los programas electorales.
Al final, la pregunta que queda en el aire no es si Risto fue demasiado duro o si Feijóo tenía razones para ausentarse.
La pregunta es más profunda y más relevante: ¿qué tipo de liderazgo espera hoy la ciudadanía? ¿Uno que seleccione cuándo respetar las instituciones según le convenga, o uno que entienda que estar presente forma parte del contrato democrático?
En un país cansado de promesas incumplidas y de estrategias cortoplacistas, este debate va mucho más allá de un plató de televisión.
Es una conversación sobre coherencia, responsabilidad y credibilidad.
Y mientras no se responda con hechos, no con comunicados, seguirá resonando esa pregunta sencilla y demoledora que lanzó Risto y que tantos reconocieron como propia: ¿qué respeto tiene quien no está cuando debe estar?
News
El argumento más desconcertante de David Cantero irrumpe en la batalla contra Rosa Belmonte y El Hormiguero por Sarah Santaolalla… y nadie logra descifrarlo del todo.
El alegato de David Cantero es el más indigesto que se ha visto contra Rosa Belmonte y ‘El Hormiguero’ por…
“No permitiré que eso pase”. Jesús Cintora se vio obligado a intervenir tras las declaraciones de Pablo Iglesias contra Pablo Motos en TVE:
Jesús Cintora frena la intervención de Pablo Iglesias por cómo llama a Pablo Motos en TVE: “No lo permito”. …
Una medalla. Una decisión simbólica. Y una tormenta política inmediata. Tras las acusaciones de PSOE y Más Madrid por conceder la Medalla de Oro a Estados Unidos, Isabel Díaz Ayuso contraataca con un mensaje directo que sacude la Asamblea. ¿Provocación calculada o defensa firme de su postura internacional? Entre orgullo institucional, estrategia partidista y titulares incendiarios, el enfrentamiento se intensifica. Esta vez no es solo un gesto protocolario: es una batalla abierta por relato, poder y liderazgo.
🔥El HOSTIÓN de AYUSO a PSOE y MÁS MADRID🏅🇺🇸¡¡TRAS INSULTARLA POR CONCEDER LA MEDALLA DE ORO A EEUU!!. …
El ataque de Vicente Vallés contra Ayuso fue tan contundente y sorpresivo que desató una pregunta incómoda: ¿era él… o algo más detrás del mensaje?
El palo de Vicente Vallés a Ayuso es tan fuerte y sorprendente que muchos se preguntan si es inteligencia artificial….
Samanta Villar estalla tras el ataque a Sarah Santaolalla y señala a Rosa Belmonte en una reacción demoledora que sacude el tablero mediático.
Samanta Villar deja una de las reacciones más altisonantes sobre Rosa Belmonte tras su ataque a Sarah Santaolalla. …
Shock en el plató de El tiempo justo: Terelu Campos estalla en un tenso cara a cara y lanza un ruego final que deja a todos en silencio.
Luis Pliego, director de la revista Lecturas, desvela el último mensaje de Terelu Campos: “A ver si dejamos descansar en…
End of content
No more pages to load







