La extrema derecha centra su odio en Santaolalla: Quiles alienta cánticos machistas de estudiantes y Negre le dice que se haga Onlyfans.
La analista política es objeto de continuas campañas de acoso de la ultraderecha acompañadas de tintes machistas.

En el actual panorama mediático español, la polarización política y el auge de la extrema derecha han traído consigo una preocupante normalización del acoso, especialmente contra mujeres que se atreven a tener presencia pública y voz propia.
Sarah Santaolalla, analista política y colaboradora habitual en programas de TVE y Mediaset, se ha convertido en uno de los blancos predilectos de las campañas de odio y machismo promovidas por agitadores ultras como Vito Quiles y Javier Negre.
La violencia simbólica, los insultos y la invasión de la privacidad no son hechos aislados, sino síntomas de una estrategia que busca silenciar, denigrar y expulsar a las mujeres del espacio público.
En las últimas horas, la campaña de acoso se ha recrudecido. Javier Negre, referente mediático de la ultraderecha, ha respondido a la defensa pública de Santaolalla hacia Xabier Fortes y su hijo, víctimas también de ataques en redes sociales.
La analista denunciaba cómo “unos miserables están poniendo la foto, los datos y la información de un chaval que está haciendo prácticas en TVE solo para que sus seguidores más ultras disparen contra él”, mostrando el modus operandi del fascismo digital.
Negre, lejos de mostrar empatía, replicaba con una fotografía de Santaolalla junto a Javier Ruiz, insinuando que la periodista llegó a la televisión pública por enchufe y no por méritos, y remataba con un mensaje tan machista como despreciativo.
“Ponte a estudiar anda, que te queda poco para seguir viviendo de mis impuestos o dedícate al Onlyfans que ganarás más sin tener que venderte al sanchismo”.
El ataque de Negre no es solo una muestra de misoginia, sino también de la estrategia de sexualización y humillación a la que se somete a mujeres con presencia pública.
El mensaje, lejos de ser una crítica profesional, busca denigrar, cosificar y expulsar a Santaolalla del debate mediático, asociando su valía a la sexualidad y atacando su independencia intelectual.
Por su parte, Vito Quiles, otro agitador ultra, asistía a una convocatoria estudiantil donde alentaba cánticos machistas contra la analista política.
“Jóvenes estudiantes se acuerdan de la enchufada Sarah Santaolalla en un acto de Vito Quiles”, compartía orgulloso EDA TV, celebrando el hostigamiento y la humillación pública.
Sarah Santaolalla, lejos de amedrentarse, ha utilizado su cuenta de X para responder con contundencia.
“Manipular y utilizar a niños para tus campañas fascistas es de las cosas más sucias que he visto en mucho tiempo.
Chavales, no perdáis el tiempo insultándome y alejaos de este delincuente que solo quiere sacaros pasta y tiempo.
Y todavía hay algún necio que le defiende”, denuncia, poniendo el foco en la manipulación de menores y en el negocio del odio que alimentan los agitadores ultras.
La periodista no solo denuncia el acoso, sino que hace pedagogía pública, advirtiendo a los jóvenes sobre los peligros de dejarse arrastrar por campañas de odio y por personajes que solo buscan notoriedad y beneficio económico a costa de la dignidad ajena.
Su mensaje es también un llamamiento a la reflexión colectiva sobre la responsabilidad social de no ser cómplices de la violencia machista, ni por acción ni por silencio.
En una reciente entrevista en Público, Santaolalla reflexionaba sobre la normalización del acoso machista en el periodismo y el análisis político.
“Las mujeres que nos dedicamos a la comunicación, al periodismo, al análisis político, ya hemos normalizado que esto sea parte de nuestro trabajo, sobre todo si eres de izquierdas”, lamenta.
Esa normalización, advierte, es “lo más peligroso” porque implica aceptar la violencia como parte del paisaje profesional, y perpetúa la complicidad y el silencio de quienes deberían denunciar y proteger.
Santaolalla va más allá y señala la responsabilidad de las propias mujeres en la lucha contra el machismo: “Me preocupan los machistas y los agresores, pero me preocupa también el silencio de los nuestros que -muchas veces- por cobardía, rivalidad, negocios o ego no denuncian lo que nos pasa”.
El mensaje es claro: la lucha contra el acoso y la violencia machista exige solidaridad, valentía y compromiso, no solo de las víctimas, sino de toda la sociedad.
La colaboradora de TVE y Mediaset nunca ha callado ante las campañas de acoso sufridas en sus propias carnes.
En una entrevista con Rubén Sánchez, portavoz de Facua, hacía balance de casi seis años en la pequeña pantalla: “Creo que sí que ha merecido la pena, pero he sufrido como un perro.
He tenido que aguantar que por decir una opinión progresista se difundiera información privada de cuando tenía 13 años, fotos mías con 14 años, han intentado sexualizar fotos mías de cuando era una niña de 8 años, he sufrido como utilizaban la figura de mi padre muerto para hacerme daño, como filtraban mi DNI o dirección, que me acosaran en la calle”.
El relato de Santaolalla es estremecedor y revela hasta qué punto la violencia machista no es solo digital, sino que se traslada a la vida cotidiana, al espacio público y a la intimidad.
El acoso, la sexualización y la invasión de la privacidad son armas utilizadas para castigar la disidencia, para silenciar la opinión progresista y para perpetuar un sistema mediático donde la misoginia es rentable y celebrada por sectores ultras.
El silencio como cómplice: la urgencia de la denuncia colectiva.
La campaña de acoso contra Sarah Santaolalla pone sobre la mesa una cuestión fundamental: el silencio y la indiferencia son cómplices de la violencia machista.
La periodista insiste en que no podemos mirar a otro lado, y que la complicidad, por acción u omisión, perpetúa el odio y legitima a los agresores.
La denuncia pública, la solidaridad y la acción colectiva son imprescindibles para desmontar el discurso de odio y para proteger a quienes se atreven a tener voz propia.
El caso de Santaolalla es también una advertencia sobre los riesgos de la polarización política y de la impunidad mediática.
La extrema derecha, lejos de ser marginal, ha conseguido instalar su discurso en el centro del debate público, utilizando las redes sociales y los medios afines para amplificar el odio y la violencia.
La respuesta, como señala la analista, debe ser firme, valiente y colectiva.
La historia de Sarah Santaolalla es la historia de muchas mujeres que sufren acoso, insultos y violencia por el simple hecho de ocupar espacios públicos y expresar opiniones.
Su denuncia, su resistencia y su valentía son un recordatorio de que la lucha contra el odio y la violencia machista es una tarea colectiva, que exige compromiso, empatía y acción.
En tiempos de crispación y polarización, el silencio es el peor enemigo de la democracia y la igualdad.
Santaolalla ha removido conciencias, ha puesto el foco en la gravedad del acoso y ha exigido respuestas.
Porque, como ella misma recuerda, el miedo solo desaparece cuando la sociedad decide no callar, no mirar hacia otro lado y defender, sin fisuras, la dignidad y la libertad de todas las mujeres.
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