Carlota Corredera estalla públicamente contra Terelu Campos tras su dardo en ‘De Viernes’: “No le permito…”.
Carlota Corredera ha explotado contra Terelu Campos tras dirigirse a ella, indirectamente, durante la entrevista a Carlo Costanzia en ‘¡De viernes!’.

Terelu Campos vs. Carlota Corredera: la polémica que agita el periodismo y el feminismo en televisión.
La televisión española es mucho más que entretenimiento. Es espejo de nuestra sociedad, escenario de debates públicos y, a veces, campo de batalla de cuestiones tan profundas como el feminismo, la ética profesional y la responsabilidad social.
Lo que ocurrió la pasada noche en ‘¡De viernes!’, el programa de Telecinco, ha generado un auténtico terremoto en redes sociales y ha reabierto viejas heridas sobre cómo se aborda la violencia de género en los medios.
Todo comenzó con la actitud de Terelu Campos durante la entrevista a Carlo Costanzia.
La colaboradora, hermana de Carmen Borrego y figura histórica de la televisión, se mostró especialmente cuidadosa al no calificar a su invitado de “maltratador”, desmarcándose del linchamiento mediático y apelando al Código Penal y la Constitución.
“Me vais a permitir que diga que a mí, ciertas personas, periodistas, me han exigido que te llame maltratador.
Yo no puedo llamarte maltratador ni a ti, ni a ninguna de las personas que se siente ahí, con el Código Penal y la Constitución de este país”, afirmó Terelu en directo, defendiendo a su consuegro y dejando caer un dardo que, aunque sin nombre, tenía destinataria.
Carlota Corredera, periodista y presentadora de ‘No somos nadie’, no tardó en recoger el guante.
A través de un hilo en su cuenta de X (antes Twitter), la gallega se mostró profundamente dolida y reivindicó, con orgullo y emoción, su trayectoria profesional y su compromiso con el feminismo.
“Sí, soy periodista, sin comillas. Licenciada en Xornalismo por la Universidad de Santiago, segunda promoción.
Estoy muy orgullosa de ello. Me saqué la carrera en mi peor etapa vital, con mucho esfuerzo.
No le permito a nadie que cuestione mis estudios. A nadie”, escribió, dejando claro que su trabajo es fruto de esfuerzo y vocación.
El enfrentamiento entre ambas comunicadoras va mucho más allá de una simple discusión personal.
Es el reflejo de un debate que atraviesa la televisión, las redes y la sociedad: ¿cuál es el papel del periodista cuando se abordan casos de violencia de género? ¿Hasta dónde llega la responsabilidad de quienes tienen voz en prime time? ¿Es legítimo exigir prudencia o es necesario posicionarse claramente con las víctimas?
Carlota Corredera lo tiene claro. En su hilo, niega haber exigido a nadie que califique de “maltratador” a otra persona y reivindica su postura: “Por otra parte, jamás he obligado a nadie a llamar a nadie maltratador.
Yo he elegido estar con las víctimas, con todas, con las que retiraron las denuncias y con las que llegaron hasta el final, con las que tienen sentencia condenatoria y con las que no”.
La periodista gallega, conocida por su defensa pública de Rocío Carrasco tras el testimonio demoledor contra Antonio David Flores, subraya que su formación en violencia de género es autodidacta, nacida del respeto a las víctimas y del compromiso ético.
“No es necesario ser licenciada para formarse en perspectiva de género”, asegura, reivindicando la importancia de la conciencia social y el aprendizaje continuo.
Pero Carlota no se queda en la defensa personal. Lanza un mensaje directo a Terelu Campos y, por extensión, a todos los comunicadores con presencia pública: “Si tienes voz en prime time en un medio de comunicación tienes una responsabilidad social.
Y si tienes como consuegra a una mujer que ha denunciado ser maltratada creo que también eres responsable de los mensajes que lanzas desde tu púlpito público. Nada más y nada menos”.
La frase resuena en redes y en tertulias. ¿Hasta dónde debe llegar la responsabilidad de quienes tienen un altavoz mediático? ¿Es suficiente con la prudencia legal o hay que asumir un compromiso ético más allá de los tribunales? El debate no es sencillo.
Terelu Campos defiende la presunción de inocencia y la neutralidad, mientras Carlota Corredera reivindica el deber de posicionarse con las víctimas, incluso cuando no hay sentencia firme.
La polémica ha desencadenado un aluvión de críticas y apoyos en redes sociales. Muchos usuarios han defendido la postura de Carlota, reivindicando la importancia de la perspectiva de género y la necesidad de que los medios sean aliados de las víctimas.
Otros, en cambio, han apoyado a Terelu, argumentando que los juicios mediáticos pueden ser injustos y que la prudencia es fundamental para evitar linchamientos públicos.
Lo cierto es que el caso pone sobre la mesa una cuestión clave: la televisión no es solo espectáculo.
Es también formación de opinión, construcción de imaginarios y, en muchos casos, el primer lugar donde se visibilizan las realidades de la violencia de género.
El modo en que se abordan estos temas puede marcar la diferencia entre empoderar a las víctimas o perpetuar el silencio.
La referencia a Rocío Carrasco no es casual. Su testimonio en la docuserie de Telecinco fue un antes y un después en la lucha contra la violencia de género en España.
Carlota Corredera fue una de sus grandes defensoras, enfrentándose a críticas y presiones por su posicionamiento.
“Yo me he formado en violencia de género de forma autodidacta, por respeto a las asesinadas y sus huérfan@s.
Por respeto a todas las víctimas, a las que denuncian a la primera agresión y a las que eligen el silencio”, escribe la periodista, recordando que el feminismo no es solo una etiqueta, sino una responsabilidad.
La televisión, en ese contexto, se convierte en espacio de denuncia y de reparación.
Pero también en terreno de riesgo, donde los límites entre información, opinión y espectáculo se difuminan.
El reto es enorme: ¿cómo garantizar que las víctimas sean escuchadas sin caer en el sensacionalismo? ¿Cómo evitar que el debate se convierta en una guerra de egos y en una competición por la audiencia?
Carlota Corredera cierra su hilo con una reivindicación de sus orígenes y su conciencia de clase: “Yo no soy jueza. Solo soy una periodista de una familia de clase media, con conciencia de clase, muy orgullosa de mi orígenes, de ser ‘filla do sector naval de Vigo’ y de mi feminismo.
Feliz Navidad a todes”. El mensaje es claro: la profesión de periodista es, ante todo, servicio público, compromiso social y defensa de los valores democráticos.
Terelu Campos, por su parte, mantiene su postura de prudencia y neutralidad, defendiendo el derecho a no etiquetar sin pruebas ni sentencias.
El choque entre ambas es, en realidad, el reflejo de un dilema que atraviesa a toda la sociedad: ¿cómo equilibrar la presunción de inocencia con la defensa activa de las víctimas? ¿Dónde termina la responsabilidad legal y empieza la responsabilidad ética?
La polémica entre Terelu Campos y Carlota Corredera es mucho más que una pelea de plató.
Es el síntoma de una sociedad que sigue buscando respuestas ante la violencia de género, la ética periodística y el papel de los medios en la construcción de la opinión pública.
Es la prueba de que, detrás de cada programa de televisión, hay decisiones que afectan a la vida de miles de personas.
Como espectadores, como ciudadanos y como parte de una sociedad que aspira a ser más justa, tenemos el derecho y el deber de exigir rigor, responsabilidad y empatía.
La televisión puede ser una herramienta poderosa para cambiar realidades, pero solo si quienes la protagonizan asumen el reto de informar con conciencia y de posicionarse del lado de la verdad y la justicia.
La televisión española, como cualquier medio de comunicación, está llamada a ser mucho más que entretenimiento.
Es espacio de denuncia, de debate y de transformación social. El enfrentamiento entre Terelu Campos y Carlota Corredera nos recuerda que las palabras importan, que los mensajes tienen consecuencias y que la responsabilidad mediática no es opcional.
A veces, lo más difícil no es informar, sino decidir desde dónde se informa. ¿Del lado de la neutralidad absoluta o del compromiso con las víctimas? ¿Desde la prudencia legal o desde la valentía ética? La respuesta, quizá, está en encontrar el equilibrio, en escuchar a quienes sufren y en no olvidar nunca que, detrás de cada noticia, hay vidas reales.
La polémica seguirá, las opiniones estarán divididas, pero lo que no puede faltar es el respeto, la honestidad y la conciencia de que la televisión, como la sociedad, se construye cada día desde el diálogo y la responsabilidad.
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