Iñaki López deja las cosas claras a Feijóo tras defender la actuación de Albiol en Badalona.

 

 

Claro y conciso.

 

 

 

 

Alberto Núñez Feijóo compareció este lunes en la sede nacional del Partido Popular, en Génova 13, para hacer balance político de 2025.

 

Lo hizo con un tono severo, marcadamente crítico y con la vista puesta tanto en el Gobierno de Pedro Sánchez como en el relato político que el PP quiere consolidar de cara al nuevo ciclo que se abre en 2026.

 

Según el líder de la oposición, el año que termina deja un saldo claramente negativo para el país y, especialmente, para el Ejecutivo socialista.

 

 

Desde el atril, Feijóo no dejó espacio para los matices. A su juicio, 2025 ha sido “un mal año para España y un año pésimo para este Gobierno”, una afirmación que resume la estrategia discursiva del PP: vincular los problemas estructurales del país —económicos, institucionales y sociales— directamente con la gestión de Pedro Sánchez.

 

 

El presidente popular insistió en que España ha vivido un periodo de deterioro político y moral, marcado por la polarización, la desconfianza ciudadana y una sensación de desgaste institucional que, según él, no es casual ni coyuntural.

 

 

Uno de los ejes centrales de su intervención fue la crítica a la figura de Pedro Sánchez como líder político y comunicador.

 

Feijóo aprovechó para cuestionar lo que definió como la “faceta de influencer” del presidente del Gobierno, en alusión a su presencia en redes sociales y a su forma de dirigirse especialmente al público joven.

 

 

Para el dirigente popular, esa estrategia no solo es superficial, sino que banaliza la función institucional del cargo.

 

“Dirigirse a los jóvenes no es recomendar un libro en TikTok, decir lo que escuchas o enseñar frívolamente La Moncloa”, afirmó, marcando una clara distancia entre lo que considera comunicación política responsable y lo que ve como puro marketing personal.

 

 

Este ataque no es nuevo en el discurso del PP, pero Feijóo lo formuló esta vez con una intención clara: contraponer su perfil de gestor serio y sobrio frente a la imagen de un presidente al que acusa de priorizar la puesta en escena sobre las soluciones reales.

 

 

En ese marco, insistió en que España necesita liderazgo institucional, no espectáculo, y políticas públicas que afronten los problemas de fondo en lugar de convertir la política en un producto de consumo rápido en redes sociales.

 

 

La corrupción fue otro de los grandes bloques de su intervención. Feijóo cargó duramente contra el PSOE y, en particular, contra lo que denominó “el sanchismo”.

 

En una de las frases más contundentes de su discurso, aseguró que “el sanchismo no se corrompió con el poder, llegó al poder corrompido”.

 

Con esta afirmación, el líder del PP trató de desmontar cualquier argumento que sitúe los casos de corrupción como consecuencias del ejercicio del gobierno, para presentarlos como un problema de origen, estructural y previo a la llegada de Sánchez a La Moncloa.

 

 

Esta idea conecta con una narrativa que el PP viene reforzando desde hace meses: la de un Gobierno atrapado por sus propias contradicciones éticas, incapaz de ofrecer ejemplaridad y cada vez más debilitado por escándalos que, según Feijóo, erosionan la confianza de los ciudadanos en las instituciones.

 

 

En su discurso no faltaron referencias veladas a investigaciones judiciales, a pactos incómodos y a una supuesta degradación del Estado de derecho, aunque sin entrar en detalles concretos.

 

 

Sin embargo, uno de los momentos más polémicos de su balance político llegó cuando Feijóo abordó la actuación del alcalde de Badalona, Xavier García Albiol.

 

El líder del PP respaldó públicamente la decisión del regidor popular de ordenar el desalojo de más de 200 personas de un asentamiento situado en el antiguo instituto B9 de Badalona.

 

Para Feijóo, la intervención se enmarca dentro de una defensa del orden y la legalidad, y no debería interpretarse como una acción insensible o carente de enfoque social.

 

 

“Los problemas sociales se resuelven con políticas sociales, no con decisiones ilegales”, afirmó durante su intervención, en una frase que pretendía justificar el desalojo como una medida necesaria frente a una situación irregular.

 

 

No obstante, estas palabras no tardaron en generar reacciones críticas, especialmente desde sectores mediáticos y políticos que consideran que este tipo de actuaciones no abordan el problema de fondo y agravan la situación de las personas más vulnerables.

 

 

Una de las respuestas más contundentes llegó desde laSexta, de la mano del periodista Iñaki López.

 

 

El comunicador vasco recogió las declaraciones de Feijóo y las analizó con dureza, cuestionando el respaldo del líder del PP a la actuación de Albiol.

 

Para López, existe una contradicción evidente entre el discurso sobre “políticas sociales” y la realidad de enviar a la policía a desalojar a personas sin ofrecer alternativas habitacionales claras.

 

“Políticas sociales son aquellas destinadas a mejorar la calidad de vida de la población”, recordó Iñaki López, subrayando que este tipo de medidas deben aplicarse “sobre todo” a los colectivos más vulnerables, con el objetivo de reducir la desigualdad y no de desplazar el problema de un lugar a otro.

 

 

En su análisis, el periodista fue aún más directo al afirmar que la actuación del PP consiste, en la práctica, en “mandar a la policía a desalojar y esperar que los migrantes se disuelvan en el aire”, una expectativa que, como él mismo puntualizó, “no ocurre”.

 

 

Las palabras de López conectaron rápidamente con un debate más amplio sobre inmigración, vivienda y exclusión social, temas que se han convertido en uno de los campos de batalla más sensibles de la política española.

 

Para muchos analistas, el caso de Badalona es un ejemplo de cómo los discursos sobre legalidad y orden pueden chocar frontalmente con la necesidad de políticas públicas integrales que ofrezcan soluciones reales a situaciones de emergencia social.

 

 

No es la primera vez que Iñaki López responde con contundencia a declaraciones de Alberto Núñez Feijóo.

 

En ocasiones anteriores, el periodista ya había criticado la posición del PP en asuntos internacionales, especialmente en relación con el conflicto en Gaza.

 

López recordó cómo el Partido Popular evitó utilizar la palabra “genocidio” para referirse a los bombardeos y asesinatos en la Franja de Gaza y a la grave crisis humanitaria que vive la población palestina.

 

 

 

En aquel contexto, el comunicador expresó su sorpresa por lo que interpretó como un alejamiento del PP respecto a posiciones históricas de consenso institucional.

 

“Es sorprendente que el PP se esté alejando de la Casa Real y de la Conferencia Episcopal.

 

Esto no lo había visto yo nunca”, afirmó, señalando que incluso instituciones tradicionalmente prudentes habían utilizado términos más contundentes que los empleados por Génova.

 

Para López, la negativa del PP a hablar de genocidio o, al menos, de una “crisis humanitaria insoportable”, refleja una estrategia calculada para no incomodar determinados equilibrios políticos internacionales.

 

 

Este cruce de declaraciones entre Feijóo e Iñaki López ilustra bien el clima político actual: un escenario marcado por la confrontación discursiva, donde cada intervención pública es analizada, respondida y amplificada en los medios y en las redes sociales.

 

 

El líder del PP busca proyectar una imagen de firmeza y alternativa de gobierno, mientras voces críticas le acusan de simplificar problemas complejos y de utilizar un lenguaje que no siempre se traduce en soluciones concretas.

 

 

El balance de 2025 presentado por Feijóo no es solo una evaluación del pasado, sino un anticipo del relato que el Partido Popular quiere imponer en los próximos meses.

 

 

Un relato que gira en torno a la idea de agotamiento del Gobierno, corrupción moral e institucional, y una supuesta desconexión de Pedro Sánchez con los problemas reales de la ciudadanía.

 

Al mismo tiempo, las reacciones mediáticas, como la de Iñaki López, evidencian que ese relato no está exento de contestación y que cada afirmación genera un debate inmediato.

 

 

En el fondo, lo que se está dirimiendo no es solo la valoración de un año político, sino la definición misma de qué significa gobernar y hacer oposición en un contexto de creciente desigualdad, tensiones sociales y crisis internacionales.

 

Mientras Feijóo insiste en el orden, la legalidad y la crítica frontal al “sanchismo”, sus detractores le recuerdan que las palabras deben ir acompañadas de políticas sociales reales, especialmente cuando se trata de personas vulnerables.

 

 

Así, el cierre de 2025 deja un panorama político cargado de confrontación y mensajes cruzados.

 

El Partido Popular refuerza su discurso de alternativa, el Gobierno defiende su gestión frente a las acusaciones, y los medios de comunicación juegan un papel clave al contextualizar, cuestionar y amplificar cada declaración.

 

En este escenario, el inicio de 2026 se presenta como un nuevo capítulo de una pugna política en la que no solo se disputan votos, sino también el sentido mismo de conceptos como justicia social, responsabilidad institucional y liderazgo democrático.