Sonsoles Ónega pronuncia una frase muy elocuente al hablar de Ana Rosa que no deja lugar a dudas sobre su relación.

 

 

Sonsoles Ónega reconoce en una entrevista por qué sufrió tanto cuando compitió con Ana Rosa Quintana y el motivo de su rivalidad.

 

 

 

 

Hay entrevistas que promocionan un libro. Y hay entrevistas que abren heridas, remueven silencios y colocan a una figura pública frente al espejo. La conversación que ha concedido Sonsoles Ónega a XL Semanal no es una más.

Llega en un momento estratégico —el lanzamiento de su nueva novela Llevará tu nombre— pero lo que realmente ha provocado un terremoto mediático no ha sido la literatura. Han sido sus confesiones.

 

Porque cuando Sonsoles habla de lo mal que lo pasó tras ganar el Premio Planeta por Las hijas de la criada, cuando admite que envidió la “chulería bien entendida” de Juan del Val para contestar a las críticas, y cuando aborda sin rodeos su rivalidad con Ana Rosa Quintana, el relato deja de ser promocional para convertirse en humano, incómodo y profundamente revelador.

 

El contexto importa. Sonsoles ganó el Premio Planeta en un momento especialmente delicado: acababa de fichar por Atresmedia tras su salida de Mediaset España.

Las sospechas no tardaron en aparecer en tertulias y redes sociales. ¿Casualidad? ¿Coincidencia estratégica? ¿Premio condicionado por movimientos empresariales?

 

Ella lo niega con rotundidad.

 

“El premio no puede estar vinculado a la cadena, yo no lo permitiría y jamás hubiera comprometido un contrato audiovisual a un premio”, afirma en la entrevista.

Es una frase contundente que busca cerrar el debate. Pero también es la confesión de alguien que reconoce que el ruido mediático le pasó factura.

 

Sonsoles admite que llevó mal las críticas. Muy mal. Y lo dice sin maquillajes. Asegura que le habría gustado tener la capacidad de respuesta que mostró Juan del Val en momentos similares.

Esa seguridad para plantarse y contestar sin titubeos. Ella, en cambio, optó por el silencio.

 

Y ese silencio, en televisión, se paga caro.

 

La presentadora de Y ahora Sonsoles ha construido una imagen de profesional sólida, trabajadora y discreta. Pero la entrevista muestra una versión más vulnerable.

Reconoce que sufrió. Que dudó. Que la exposición pública tiene un coste emocional que pocas veces se verbaliza.

 

Sin embargo, si hay un fragmento que ha encendido el debate, es el que aborda su rivalidad con Ana Rosa Quintana.

 

Durante meses, las tardes televisivas se convirtieron en un campo de batalla simbólico. Dos mujeres al frente de programas en cadenas rivales. Dos trayectorias conectadas por un pasado común. Dos equipos que se conocían demasiado bien.

 

“No fui yo la que llegó a la tarde, fue ella la que vino después, yo ya estaba”, subraya Sonsoles. La frase no es casual. Marca territorio. Reivindica su espacio.

 

Describe la franja vespertina como “muy exigente, muy perra y muy dura”. Y confiesa: “Sufrí mucho”.

 

El sufrimiento no era solo por la competencia de audiencias. Era algo más complejo. Sonsoles comenzó a trabajar como presentadora de la mano de la productora vinculada a Ana Rosa en ‘Ya es mediodía’. En cierto modo, se considera su pupila.

 

Y competir con quien ha sido maestra no es sencillo.

 

“Me incomodaba plantear la sana competencia entre cadenas como un duelo entre mujeres profesionales, y más entre maestra y pupila”, reconoce.

 

Aquí emerge una dimensión que va más allá de los datos de share. Habla de vínculos personales. De jerarquías simbólicas. De la dificultad de separar lo profesional de lo emocional cuando las trayectorias están entrelazadas.

 

Sonsoles insiste en que, cuando fichó por Atresmedia, puso una condición clara: no hacer las mañanas. No quería competir directamente con Ana Rosa en Telecinco. Tampoco con Susanna Griso en Antena 3.

 

“Jamás lo reconocerán ni Ana Rosa ni Susanna, pero fue así”, afirma. Es una declaración potente. Sugiere decisiones estratégicas motivadas por lealtad o, al menos, por respeto.

 

Sin embargo, el tablero cambió cuando Telecinco decidió trasladar a Ana Rosa a las tardes para competir directamente con ‘Y ahora Sonsoles’. Y ahí comenzó la tensión.

 

“Yo no fui a plantar batalla a nadie”, dice. “No me interesa el estrés que genera”.

 

Pero el estrés llegó.

 

Sonsoles describe encuentros incómodos entre equipos que antes compartían pasillos. Situaciones tensas en la calle. La sensación de estar en “términos bélicos”.

 

La palabra no es ligera.

 

En televisión, las rivalidades se alimentan porque generan titulares. Pero detrás hay personas que se conocen, que han trabajado juntas, que comparten historia. Y eso complica cualquier duelo.

 

Curiosamente, Sonsoles marca una diferencia clara con otros competidores. Habla de Joaquín Prat como un hermano. Sus padres eran amigos. Existe una relación de años que desactiva cualquier tensión.

 

También menciona a Jorge Javier Vázquez, con quien asegura que se felicitan con normalidad. No hay rivalidad personal.

 

Con Ana Rosa, en cambio, algo se rompió.

 

“Me despedí de Ana antes de irme a Antena 3 y me dijo que lo entendía perfectamente, pero luego parece que dejó de entenderlo”, concluye.

 

La frase deja una puerta abierta, pero también evidencia distancia.

 

Más allá del componente emocional, esta entrevista refleja cómo funcionan las dinámicas de poder en la televisión española.

 

Cambios de cadena que se interpretan como traiciones. Movimientos estratégicos que alteran equilibrios. Narrativas mediáticas que convierten decisiones profesionales en conflictos personales.

 

También pone sobre la mesa el peso añadido que recae sobre las mujeres en televisión. Sonsoles habla explícitamente de no querer “un duelo de mujeres”. Porque sabe que la narrativa se construye de forma diferente cuando las protagonistas son femeninas.

 

Mientras tanto, su carrera literaria continúa. Llevará tu nombre llega tras el éxito comercial de Las hijas de la criada. El Premio Planeta supuso un impulso, pero también una exposición masiva a la crítica.

 

En SEO y en términos de conversación digital, su nombre vuelve a ocupar titulares por tres ejes claros: Premio Planeta, rivalidad con Ana Rosa Quintana y su nueva novela. Una combinación que multiplica búsquedas y comentarios.

 

Pero detrás del fenómeno viral hay una mujer que reconoce haber sufrido.

 

En un entorno donde la fortaleza es casi obligatoria, admitir vulnerabilidad es un gesto arriesgado. Sonsoles podría haber optado por un discurso frío y corporativo. No lo hizo.

 

Eligió contar que no respondió a tiempo. Que envidió la capacidad de réplica de Juan del Val. Que la competencia le generó tensión real.

 

Y esa honestidad conecta.

 

La pregunta que queda en el aire es si esta entrevista servirá para recomponer puentes o para consolidar distancias. En televisión, las relaciones evolucionan con rapidez. Hoy hay tensión, mañana puede haber reconciliación. O no.

 

Lo que está claro es que Sonsoles Ónega ha decidido tomar el control de su relato. Frente a las especulaciones sobre el Premio Planeta, responde. Frente a la narrativa de rivalidad, matiza. Frente al silencio que mantuvo en el pasado, ahora habla.

 

Y cuando una figura pública decide hablar sin blindaje, el impacto es inevitable.

 

La literatura puede haber sido el motivo formal de la entrevista, pero el verdadero interés ha estado en las confesiones. En las frases que revelan inseguridades. En los matices que muestran grietas en relaciones aparentemente sólidas.

 

Porque al final, más allá de shares y premios, lo que atrapa al público es la verdad emocional.

 

Y Sonsoles, esta vez, ha optado por contar la suya.