Jesús Cintora se planta con Ernesto Ekaizer por lo que pasa en plena conexión de ‘Malas Lenguas’: “Se acabó”.

 

 

 

Ernesto Ekaizer se ha rebotado en ‘Malas Lenguas’ por interrumpirle sus argumentos y Jesús Cintora le ha frenado en seco dando la cara por su equipo.

 

 

 

 

Hay momentos en la televisión en directo en los que la tensión se cuela por la pantalla y deja al descubierto algo más que una simple discrepancia profesional.

 

Lo que ocurrió este lunes en Malas Lenguas, el programa presentado por Jesús Cintora, fue uno de esos instantes en los que el espectador no solo asistió a un debate político, sino a un choque de estilos, de egos y de formas muy distintas de entender el oficio periodístico.

 

Y el protagonista indiscutible fue, una vez más, Ernesto Ekaizer.

 

 

No es ningún secreto que la relación entre Jesús Cintora y Ernesto Ekaizer siempre ha estado marcada por una tensión soterrada.

 

El periodista argentino, con una trayectoria consolidada en el análisis judicial y político, ha dejado claro en numerosas ocasiones que no tolera bien las interrupciones cuando está desarrollando un razonamiento.

 

Para él, cortar una intervención no es una simple cuestión de ritmo televisivo, sino una falta de respeto al hilo argumental y, en cierto modo, al propio espectador. Este lunes, esa incomodidad volvió a estallar en pleno directo.

 

 

La escena comenzó de manera aparentemente normal. Jesús Cintora conectaba en directo con Ernesto Ekaizer para analizar la actualidad política del día y, en particular, para abordar las claves judiciales que marcarán el año 2026.

 

Entre los asuntos sobre la mesa, uno destacaba por encima del resto: el caso que afecta a Cristóbal Montoro, exministro de Hacienda durante los gobiernos de Mariano Rajoy, un proceso judicial que promete sacudir de nuevo los cimientos del Partido Popular.

 

 

Ekaizer, fiel a su estilo, inició un análisis detallado y preciso. Explicó que lo que se va a juzgar no es una cuestión menor ni anecdótica, sino un entramado complejo de concesión y presunto amaño de contratos relacionados con municipios de la Comunidad de Madrid.

 

Habló de fiestas de Navidad, festivales, conciertos y eventos públicos que, según su explicación, habrían sido estudiados con una “precisión quirúrgica” para beneficiar a determinados intereses.

 

Su tono era serio, didáctico, propio de alguien acostumbrado a desgranar causas judiciales complejas sin necesidad de elevar la voz.

 

 

Pero entonces llegó el momento que lo cambió todo. En pleno desarrollo de su argumentación, Jesús Cintora interrumpió la conexión.

 

El motivo, desde el punto de vista del programa, era claro: había una última hora judicial relevante.

 

Antonio Gómez de Olea, reportero en tribunales, estaba listo para informar sobre la citación de Alberto Núñez Feijóo como testigo en el caso de la DANA.

 

Cintora actuó como lo hacen muchos presentadores en televisión en directo: priorizó la actualidad inmediata y dio paso a la información de última hora.

 

 

La interrupción fue educada en las formas, pero contundente en el fondo. “Ernesto, nos piden paso desde tribunales”, dijo el presentador antes de conectar con Gómez de Olea.

 

Para cualquier tertuliano acostumbrado al ritmo televisivo, habría sido una pausa incómoda pero asumible. Para Ekaizer, fue la gota que colmó el vaso.

 

 

Tras la conexión con el reportero, Jesús Cintora retomó la palabra y devolvió el turno a su colaborador sin imaginar la reacción que estaba a punto de producirse.

 

Ernesto Ekaizer, visiblemente molesto aunque con un tono aparentemente calmado, lanzó un mensaje que resonó con fuerza en el plató y en las redes sociales pocos minutos después.

 

 

“Mira, Jesús, el problema que tengo yo es que no puedo intervenir así”, comenzó diciendo. No levantó la voz, pero cada palabra iba cargada de incomodidad.

 

“Lo siento mucho, pero no encajo en vuestro programa. Yo no puedo interrumpir un razonamiento.

 

 

Vosotros probablemente podéis hacerlo, pero yo no estoy acondicionado, nunca lo he estado”. La frase más contundente llegó después: “Entonces, mira, tranquilos todos y tú con las interrupciones, pues mandas”.

 

 

Era, en la práctica, una amenaza velada de abandonar el programa o, al menos, de no seguir participando en esas condiciones.

 

Un gesto que muchos interpretaron como un desafío directo a la forma de conducir el espacio por parte de Cintora.

 

El presentador, sorprendido pero sin perder la compostura, intentó reconducir la situación.

 

Recordó que Antonio Gómez de Olea también forma parte del programa, que la información que había aportado era relevante y que en Malas Lenguas participan muchas personas. “Es lo que hay”, resumió Cintora, apelando al funcionamiento colectivo del espacio.

 

 

 

 

Pero lejos de calmarse, Ernesto Ekaizer endureció su postura. “No, yo te pido por favor que terminemos.

 

No tengo nada más que decir, ya lo he dicho todo”, afirmó. Insistió en que no se enfadaba, pero dejó claro que no podía trabajar bajo esas condiciones.

 

Añadió un matiz significativo: según él, la información aportada por Gómez de Olea no era una novedad de última hora, lo que hacía aún menos justificable la interrupción.

 

En un gesto que muchos espectadores interpretaron como elegante, Ekaizer exculpó al reportero: “Antonio, tú no tienes la culpa.

 

A ti te meten, y a mí me interrumpen y no puedo hablar. Se acabó”. Era un reproche dirigido claramente a la dirección del programa, no a sus compañeros.

 

Las cámaras captaron entonces las expresiones faciales de Jesús Cintora, que optó por no avivar el conflicto.

 

En lugar de responder con dureza, intentó suavizar el momento y preguntó a Ekaizer si quería añadir algo sobre la citación de Feijóo como testigo en el caso de la DANA, un asunto de enorme relevancia política y judicial.

 

 

La respuesta del periodista argentino fue tan clara como ambigua: “Yo tengo mucho que decir, pero si lo puedo decir, lo digo”.

 

Una frase que resumía a la perfección el conflicto: no era una cuestión de falta de argumentos, sino de espacio y de respeto al tiempo de palabra.

 

Cintora cerró el intercambio recordando, una vez más, que el programa es coral y que todos deben adaptarse a esa dinámica.

 

 

El incidente no tardó en generar debate fuera del plató. En redes sociales, muchos espectadores se dividieron entre quienes defendían a Ernesto Ekaizer, argumentando que el análisis profundo requiere tiempo y continuidad, y quienes apoyaban a Jesús Cintora, recordando que la televisión en directo obliga a priorizar la actualidad y a gestionar múltiples voces al mismo tiempo.

 

 

Este tipo de choques no son nuevos en la televisión política española. La tensión entre el análisis pausado y el ritmo frenético de la actualidad es una constante. Ekaizer representa a un tipo de periodista que concibe la tertulia como un espacio para desarrollar ideas complejas sin interrupciones.

 

Cintora, por su parte, encarna un modelo más dinámico, en el que la última hora manda y el presentador debe tomar decisiones rápidas, aunque eso implique cortar intervenciones.

 

Más allá del desencuentro personal, el episodio refleja un problema estructural del debate televisivo actual.

 

Los programas quieren profundidad, pero también inmediatez. Quieren análisis experto, pero no pueden permitirse perder una noticia relevante en directo.

 

Y en ese equilibrio imposible, los roces son casi inevitables.

 

El contexto tampoco ayudaba. El caso Montoro y la citación de Feijóo como testigo en el asunto de la DANA son temas sensibles, cargados de implicaciones políticas y judiciales.

 

Las emociones están a flor de piel, no solo entre los protagonistas directos, sino también entre quienes los analizan cada día frente a las cámaras.

 

Para Ernesto Ekaizer, este episodio vuelve a poner sobre la mesa una vieja reivindicación: el respeto al discurso completo.

 

 

Para Jesús Cintora, refuerza la idea de que dirigir un programa con múltiples colaboradores implica decisiones ingratas que no siempre serán bien recibidas.

 

Y para el espectador, deja una escena que va más allá del contenido informativo y muestra la trastienda del periodismo televisivo.

 

Lo ocurrido en Malas Lenguas no fue solo una interrupción incómoda. Fue un recordatorio de que la televisión en directo es un terreno frágil, donde el equilibrio entre información, análisis y egos puede romperse en cualquier momento.

 

Y también una prueba de que, incluso entre profesionales curtidos, las formas importan tanto como el fondo.

 

 

Al final, el programa siguió adelante. No hubo abandono en directo ni ruptura definitiva, pero la tensión quedó flotando en el ambiente.

 

Una tensión que, probablemente, volverá a aparecer mientras convivan en el mismo espacio la urgencia de la noticia y la necesidad de pensarla con calma.

 

Porque en televisión, como en la política y en la justicia, no todo es blanco o negro. Y a veces, el mayor conflicto no está en lo que se dice, sino en cómo y cuándo se permite decirlo.