La presidenta de México responde a Ayuso: “Es absolutamente falso lo que dice”.

Las palabras cruzaron el Atlántico en cuestión de horas. No fue un comunicado diplomático ni una declaración institucional cuidadosamente negociada.
Fue un mensaje político, directo y contundente, emitido desde Madrid, que señalaba a México como “narcoestado”, lo comparaba con Cuba y Venezuela y expresaba el deseo de que los mexicanos “se liberen de la ultraizquierda”.
Lo que parecía una intervención más dentro del debate ideológico español terminó escalando hasta convertirse en un episodio con eco internacional. Y desde Palacio Nacional llegó la respuesta.
Claudia Sheinbaum, presidenta de México, fue consultada sobre las declaraciones de la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso. Su primera reacción fue casi irónica: “No sé si valga la pena contestarle”.
Sin embargo, decidió hacerlo. No con insultos ni descalificaciones personales, sino con una defensa frontal del proyecto político que encabeza y, sobre todo, de la identidad histórica del país.
México no es copia de nadie.
El eje central de la respuesta fue claro: México ha decidido su propio destino sin copiar modelos extranjeros.
Sheinbaum rechazó tajantemente la comparación con Cuba o Venezuela y afirmó que la llamada Cuarta Transformación —proyecto político iniciado por Andrés Manuel López Obrador y que ahora ella continúa— surge de las raíces propias del país.
“Lo que representamos no se parece a nada en el mundo porque viene de nuestra historia”, sostuvo.
En la narrativa oficial, la Cuarta Transformación se presenta como un nuevo capítulo en una secuencia histórica que incluye la Independencia, la Reforma liberal del siglo XIX y la Revolución Mexicana.
No es un movimiento importado, sino un proceso que se reivindica como profundamente nacional.
Esa defensa no es menor. En los últimos años, diversos líderes conservadores en América y Europa han intentado enmarcar al gobierno mexicano dentro de un bloque ideológico latinoamericano asociado al socialismo bolivariano. Desde el Ejecutivo mexicano se insiste en que esa lectura simplifica y distorsiona la realidad.
El humanismo mexicano como base ideológica.
Uno de los conceptos más destacados en la intervención fue el “humanismo mexicano”. Sheinbaum explicó que esta visión tiene su fuente en los pueblos originarios y en su concepción comunitaria del mundo.
Habló de la fraternidad, de la relación con la tierra, de la resistencia histórica frente a la colonia y de la construcción de una identidad nacional basada en esa herencia cultural.
Este discurso conecta con políticas impulsadas en los últimos años que buscan reconocer a comunidades indígenas como sujetos de derecho público y fortalecer programas sociales en regiones históricamente marginadas.
Al mismo tiempo, proyectos como el Tren Maya han sido defendidos como motores de desarrollo, aunque también han enfrentado críticas de organizaciones ambientales y civiles.
La presidenta también apeló a la historia patria como argumento de singularidad. Recordó figuras como Miguel Hidalgo, José María Morelos, Vicente Guerrero, Leona Vicario, Benito Juárez, Francisco I. Madero, Emiliano Zapata y Pancho Villa.
“Nadie en el mundo tiene esta historia forjada con revoluciones en donde el pueblo ha defendido su soberanía”, afirmó.
Más que una lista de nombres, fue una reivindicación del carácter propio de la trayectoria mexicana.
Democracia y libertad de expresión.
Ante la acusación de que México sería un “narcoestado”, Sheinbaum respondió con dos líneas de defensa: cifras de seguridad y libertad política.
Aseguró que entre septiembre de 2024 y enero de 2026 los homicidios han disminuido un 42%, además de reportar 28.000 detenciones relacionadas con delitos de alto impacto.
Datos oficiales muestran que, tras los picos históricos registrados entre 2018 y 2019, las cifras de homicidio han tenido variaciones con tendencias de reducción en determinados periodos, aunque el debate sobre la efectividad de la estrategia de seguridad continúa entre especialistas.
Sheinbaum también enfatizó que en México no hay censura. Señaló que los medios de comunicación critican al gobierno con frecuencia y que esas críticas no son perseguidas.
Es cierto que el país mantiene un sistema mediático diverso, con periódicos, canales y plataformas digitales de distintas líneas editoriales.
Sin embargo, organizaciones internacionales han advertido sobre los riesgos que enfrentan periodistas en ciertas regiones, principalmente por la violencia del crimen organizado.
La discusión, por tanto, no es binaria. México enfrenta retos estructurales en materia de seguridad, pero mantiene un sistema electoral competitivo y procesos democráticos reconocidos internacionalmente.
El antecedente de García Luna.
En su respuesta, la presidenta recordó el caso de Genaro García Luna, exsecretario de Seguridad Pública durante el gobierno de Felipe Calderón, condenado en Estados Unidos por delitos vinculados al narcotráfico.
“Ahí sí hubo colusión”, señaló.
Ese caso se ha convertido en uno de los argumentos más fuertes del actual gobierno para sostener que las administraciones anteriores sí tuvieron vínculos corruptos con el crimen organizado.
Asimismo, Sheinbaum mencionó la detención de un alcalde del municipio de Tequila como ejemplo de que no existe impunidad, independientemente del partido político al que pertenezca el implicado.
Según la presidenta, la investigación fue realizada por la Fiscalía General de la República a partir de denuncias formales.
Desde el Ejecutivo se insiste en que la Fiscalía actúa de manera autónoma y que el combate a la corrupción es transversal.
La dimensión internacional del debate.
El cruce entre Ayuso y Sheinbaum no es un episodio aislado. Refleja una tendencia más amplia: la exportación de disputas ideológicas más allá de las fronteras nacionales.
En un contexto global marcado por la polarización, líderes políticos recurren cada vez más a referencias internacionales para reforzar su discurso interno.
Comparar gobiernos extranjeros con modelos considerados negativos moviliza bases electorales y genera impacto mediático.
Sin embargo, este tipo de declaraciones también puede tensar relaciones diplomáticas y simplificar realidades complejas.
México es la segunda economía más grande de América Latina, tiene un tratado comercial clave con Estados Unidos y Canadá (T-MEC), mantiene relaciones económicas profundas con la Unión Europea y celebra elecciones con alternancia política. Reducirlo a una etiqueta ideológica ignora esa complejidad.
Orgullo nacional como respuesta política.
La estrategia comunicativa de Sheinbaum fue clara: responder con identidad y soberanía.
No centró su discurso en atacar personalmente a la presidenta madrileña. Amplió el marco hacia la defensa de la historia mexicana, la legitimidad democrática y el derecho del país a definir su propio modelo de desarrollo.
“Desde el conservadurismo de fuera es muy difícil entender lo que vive México”, afirmó.
Ese mensaje refuerza una narrativa de autonomía frente a críticas externas. Y en un país con una historia marcada por intervenciones extranjeras, la defensa de la soberanía tiene una carga simbólica poderosa.
Más allá de la polémica.
El episodio probablemente se diluya en el ritmo acelerado de la agenda informativa. Pero deja preguntas abiertas.
¿Hasta qué punto las etiquetas ideológicas ayudan a comprender realidades complejas?
¿Es útil trasladar las batallas culturales internas al escenario internacional?
¿Puede un país de más de 120 millones de habitantes, con instituciones, elecciones competitivas y múltiples desafíos estructurales, definirse en un solo término?
México enfrenta problemas graves de violencia y desigualdad. Pero también muestra estabilidad macroeconómica, crecimiento en inversión extranjera y una participación política activa.
La respuesta de Sheinbaum buscó subrayar esa dualidad: reconocer retos, pero rechazar simplificaciones.
En un mundo donde la polarización viaja más rápido que los matices, la confrontación entre Madrid y Ciudad de México es un recordatorio de que las palabras importan.
Y que, cuando se trata de soberanía e identidad, cada país defenderá su relato con la misma intensidad con la que otros intentan definirlo desde fuera.
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