Dura carta de un histórico del PSOE asturiano a la «banda» de Sánchez: «El Peugeot fue la ruina».
Gerardo Sanz, exalcalde de Llanera tras su dimisión el pasado verano, califica de «pesadilla» lo que dice la UCO del PSOE.
Gerardo Sanz fue alcalde de Llanera (Asturias) durante más de una década hasta que el pasado verano dijo ‘basta’.
Socialista convencido, decidió dimitir, harto, dijo, del abandono de su partido hacia el campo: Sanz gobernó un municipio eminentemente ganadero que había dominado durante décadas el PP.
Tras el hartazgo —sabían en el PSOE— había mucho más. En una reciente carta, Sanz retrata al partido que sustenta a Pedro Sánchez.
Según explica, «las revelaciones de los informes de la UCO superan cualquier pesadilla».
En 2015, el PSOE recuperó el poder en Llanera (Asturias) tras más de 20 años de gobiernos locales del PP.
Fue un hito para los socialistas asturianos, ya que se trata de una localidad estrechamente vinculada al campo y a la industria ganadera.
Y eso encumbró a Sanz como figura a tener muy en cuenta en el socialismo asturiano, uno de los bastiones que aún conserva la formación tras encajar duros reveses en territorios antiguamente inexpugnables como Andalucía y Extremadura.
Su marcha, a nivel interno, fue un jarro de agua fría en el partido.
El pasado verano anunció, por sorpresa, que dejaba de ser alcalde. Abandonaba la política y retomaba su actividad privada.
En su adiós, fue duro contra las políticas socialistas para el campo. Pero donde realmente ha decidido poner puntos sobre las íes en cuanto a los motivos de su marcha ha sido en una dura carta dirigida al socialismo actual, difundida por él mismo recientemente.
En ella repasa la actualidad del PSOE, marcada por los casos de corrupción, y augura un futuro negro a la formación y a su actual líder, Pedro Sánchez, de quien dice poco menos que llegó al cargo a base de engaños.
Este es el contenido íntegro de la carta que ha compartido Sanz:
El Peugeot que nos condujo a la ruina.
Qué cruel es retroceder en el tiempo, ¿saben? Ya hacía tiempo que pensaba que algo no marchaba bien en la cúpula del PSOE, sentía ese apestado hedor a ambición disfrazada.
Pero lo que estamos viendo, la nueva revelación de lo que nos cuentan los informes de la UCO, supera cualquier pesadilla.
Confirma lo que pensaba y sí, me provoca una rabia inmensa. Sigo el hilo de la noticia de manera casi exclusiva y sólo puedo pensar ¿en serio hemos llegado a esto?
La carretera de la traición.
En la comprensión del desastre hay que volver a los orígenes de los hechos. Recuerdo la épica de las primarias, aquella imagen de Pedro Sánchez vendiendo la idea del «militante de base» en la carretera, la lucha del David contra el Goliat del aparato. Muchos cayeron en la trampa aquella vez…
Pero el famoso Peugeot 407 que pasó a ser el símbolo de la resurrección de Pedro Sánchez resultó convertirse en el coche de la corrupción futura.
En aquel vehículo no viajaban sólo valores; viajaban José Luis Ábalos, Koldo García y Santos Cerdán, y algunos y algunas más.
Una camarilla que hoy sabemos que no vino a salvar al partido, sino a controlarlo y, a tenor de lo que vemos, a usarlo para su propio interés.
Han convertido un movimiento de base en toda una «banda» –y no lo digo yo, lo indican los sumarios judiciales—. Esos viajes en coche no eran para escuchar a la militancia; eran para construir una red clientelar, un núcleo duro impermeable a la crítica que, una vez en el poder, se dedicó a hacer caja.
Y pensar que mucha gente se esforzó en defender esa resurrección… La traición más amarga que ha conocido la política.
La hipocresía que nos ahoga.
Lo más cruel es la doble moral. Ábalos, ese hombre que tenía toda la pinta del guardián de las esencias, fue el que nos dio las lecciones de ética en la tribuna del Congreso en la moción de censura contra Rajoy. ¡Qué barbaridad! Gritaba contra la corrupción del PP mientras, supuestamente, él ya estaba conduciendo su propio chiringuito.
¿Y de qué estamos hablando? No de un error. Hablamos de contratos hinchados para mascarillas a cuenta de la pandemia.
Mientras mis vecinos y yo temblábamos a causa de los contagios y aplaudíamos en los balcones, esta gente estaba haciendo negocio con el miedo y la enfermedad.
Lingotes de oro, maletas sospechosas en Barajas, chalets… ¿Es esta la cara del socialismo del siglo XXI? No en mi nombre, tampoco en el de, miles de militantes decentes que dan la cara en cada pueblo de España.
Y lo peor de todo, es la reacción que exhibe Moncloa: el silencio, la negación, la purga exprés para «cortar la hemorragia» y así salvar al jefe.
Sacrifican a Ábalos, pero no ofrecen ni una sola explicación que parece convincente.
Parecen expresar: «La lealtad al máximo responsable está por encima de la decencia». Y eso, desgraciadamente, es el inicio del desencanto.
El feminismo de pancarta y el abuso de despacho.
Y si el dinero mancha, hay otra podredumbre que ahoga, la moral. Se han llenado la boca del feminismo, han legislado en clave de leyes importantes, pero cuando llega la hora, la contundencia se esfuma.
El poder se ha convertido en la excusa para la impunidad. La misma prepotencia que hace, entre otros, que un Koldo se crea inmaculado para cobrar una comisión, la misma hace que crean que su cargo les da barra libre para abusar y acosar a sus compañeras.
El amparo de la ideología es lo de menos: cuando el poder es absoluto, el respeto desaparece.
No se puede ser el máximo responsable de los derechos de las mujeres un día y mirar hacia otro lado cuando el abuso viene de un amigo o un compañero de escaño.
Quienes hemos luchado por la igualdad sabemos que la ética ha de ser la misma para todos.
De manera que si no somos inflexibles con esto, si se admiten ciertas excepciones para «los nuestros», como es el caso de Pedro Sánchez, nuestro discurso no es otra cosa que pura fachada. Es una mentira.
El alma perdida del PSOE.
Este ya no es el PSOE que yo conocí. Se ha convertido en una estructura donde la supervivencia del líder se ha antepuesto a cualquier valor ético.
El sanchismo ha domesticado la militancia, ha purgado la autocrítica para dejar sólo a un coro de aduladores.
Mientras Pedro Sánchez no baje de ese pedestal, y no afronte esta crisis con la transparencia, la honestidad y el sentido del deber que exige el socialismo verdadero, el partido seguirá cayendo en barrena, arrastrando con él el nombre de una formación que fue imprescindible para este país.
Ya es hora de que alguien, de verdad, diga: ¡Basta!.
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