Xabier Fortes da mucho que hablar con lo que ha puesto para felicitar el Día de Reyes.

 

 

 

La polémica está servida.

 

 

 

Xabier Fortes, en su programa de ‘La Noche’.

 

 

Este martes, tras varias jornadas marcadas por el ruido, la música y la magia de las cabalgatas, millones de hogares en toda España despertaron con una escena que se repite cada 6 de enero desde hace generaciones.

 

El Día de Reyes volvió a llenar salones de papel de regalo, zapatos alineados con cuidado y miradas infantiles cargadas de una ilusión que no entiende de debates políticos ni de tensiones ideológicas.

 

Melchor, Gaspar y Baltasar habían pasado, y eso, para muchos, sigue siendo suficiente para detener el tiempo durante unas horas.

 

 

En cada casa, el ritual se repitió con pequeñas variaciones. Padres y madres madrugando, niños descalzos corriendo hacia el árbol, móviles grabando reacciones espontáneas y esa mezcla de nervios y felicidad que solo se produce una vez al año.

 

La mañana del 6 de enero sigue siendo uno de los pocos espacios comunes donde la sociedad española se reconoce a sí misma, más allá de diferencias de edad, clase o ideología.

 

Es una tradición compartida, emocionalmente poderosa, que conecta pasado y presente.

 

 

Sin embargo, como ocurre cada vez más a menudo, la celebración no se quedó solo en los hogares.

 

Las redes sociales se convirtieron, una vez más, en el escenario donde lo íntimo se vuelve público y donde un gesto aparentemente inocente puede transformarse en debate nacional.

 

Esta vez, el foco no estuvo en una cabalgata polémica ni en un regalo extravagante, sino en una felicitación muy concreta publicada en X, la red social antes conocida como Twitter.

 

 

El protagonista fue Xabier Fortes, periodista de RTVE y presentador de La Noche en 24 Horas, una de las voces más reconocibles del análisis político en la televisión pública.

 

En plena mañana de Reyes, Fortes compartió una imagen de su salón, decorado con el árbol de Navidad y rodeado de regalos y bolsas colocadas junto a varios pares de zapatillas, siguiendo una tradición que muchos consideran sagrada.

 

Una escena cotidiana, reconocible, casi doméstica. Pero fue el texto que acompañaba la imagen el que encendió la conversación.

 

 

“En esta casa no es incompatible celebrar el 14 de abril… y el 6 de enero. Viva la República y viva la Monarquía”, escribió el periodista.

 

Una frase breve, aparentemente conciliadora, que en cuestión de minutos empezó a circular, a ser citada, comentada y reinterpretada desde todos los ángulos posibles.

 

En pocas horas, la publicación superó las 250 respuestas directas y sumó decenas de citas, convirtiéndose en uno de los temas más comentados del Día de Reyes en la red.

 

 

La imagen, más allá del texto, también despertó nostalgia. Muchos usuarios se fijaron en los zapatos colocados cuidadosamente junto a los regalos, una costumbre que, como señalaron algunos, se está perdiendo en muchos hogares.

 

“Lo de los zapatos es algo que se está perdiendo y en mi casa era fundamental”, escribió la cuenta @TEATROMADRID, resumiendo un sentimiento compartido por quienes ven cómo ciertas tradiciones se diluyen con el paso del tiempo.

 

 

 

 

 

Pero el verdadero “lío”, como muchos lo definieron, no tuvo que ver con la estética del salón ni con la colocación de los regalos, sino con la carga simbólica de la frase.

 

Decir “viva la República y viva la Monarquía” en la España actual no es una afirmación neutra.

 

Es tocar una fibra sensible, una línea de tensión histórica que atraviesa generaciones y que sigue muy presente en el debate público.

 

 

Para algunos usuarios, el mensaje fue una muestra de convivencia, de madurez democrática, de la posibilidad de celebrar tradiciones sin convertirlas en trincheras ideológicas.

 

Defendieron la idea de que una persona puede disfrutar de la magia de los Reyes Magos sin renunciar a una visión crítica sobre la forma de Estado.

 

Para ellos, la frase de Fortes era una reivindicación de pluralidad, una manera de recordar que la identidad política no tiene por qué dictar cada gesto cotidiano.

 

 

Otros, en cambio, interpretaron el mensaje como una contradicción insalvable. Desde posiciones claramente republicanas, hubo quien criticó lo que consideraban una banalización del debate sobre la monarquía, una institución cuestionada en los últimos años por escándalos y pérdida de legitimidad social.

 

Desde el lado opuesto, sectores más monárquicos acusaron al periodista de relativizar símbolos que consideran fundamentales para la estabilidad institucional del país.

 

 

El debate, como tantas veces ocurre en redes, se polarizó rápidamente. Lo que para unos era ironía o conciliación, para otros era provocación.

 

Y en medio de ese cruce de opiniones apareció una realidad difícil de ignorar: el Día de Reyes, incluso en su faceta más familiar y emocional, no está al margen del clima político que atraviesa España.

 

 

La figura de Xabier Fortes añade una capa más de complejidad a la polémica.

 

Como periodista de RTVE, su perfil público está inevitablemente asociado a la televisión pública y, por extensión, a debates recurrentes sobre neutralidad, pluralidad y uso de símbolos.

 

Cada gesto suyo, incluso en redes personales, es analizado con lupa por quienes buscan confirmar o cuestionar su posicionamiento ideológico.

 

No es la primera vez que un mensaje aparentemente personal de un comunicador genera un debate de alcance nacional.

 

Las redes sociales han borrado en gran medida la frontera entre lo privado y lo público, especialmente para figuras conocidas.

 

Un salón decorado por Reyes puede convertirse, en cuestión de minutos, en un espacio político simbólico.

 

Más allá de la polémica puntual, el episodio revela algo más profundo sobre el momento que vive la sociedad española.

 

La dificultad para aceptar la ambigüedad, para convivir con ideas que no encajan perfectamente en un solo marco ideológico.

 

La frase “viva la República y viva la Monarquía” incomoda precisamente porque rompe la lógica binaria que domina gran parte del discurso público.

 

También invita a reflexionar sobre el peso de las tradiciones. El Día de Reyes, con su carga simbólica ligada a la monarquía, sigue siendo una de las celebraciones más queridas, incluso entre personas que se declaran abiertamente republicanas.

 

Para muchos, no se trata de una adhesión política, sino de un recuerdo de infancia, de una emoción compartida, de una cultura popular que trasciende el debate institucional.

 

En ese sentido, la publicación de Fortes puede leerse como el reflejo de una realidad extendida: hay miles de hogares en España donde se convive con contradicciones aparentes sin que eso suponga un conflicto.

 

Personas que celebran tradiciones heredadas mientras cuestionan estructuras de poder. Familias donde se canta villancicos y se discute de política en la misma mesa.

 

La reacción en X demuestra, sin embargo, que ese equilibrio no siempre es bien recibido en el espacio público digital.

 

Las redes tienden a amplificar los extremos, a exigir definiciones claras, a penalizar los matices.

 

Y cuando alguien se sale del guion esperado, el castigo suele ser inmediato en forma de críticas, ironías o ataques personales.

 

 

Aun así, hubo también mensajes de apoyo, de humor y de reconocimiento.

 

Usuarios que agradecieron una felicitación diferente, que valoraron el intento de desdramatizar un debate enquistado, o que simplemente se quedaron con la imagen de un salón lleno de regalos y zapatos, recordándoles su propia infancia.

 

 

Desde una perspectiva más amplia, el episodio pone sobre la mesa una pregunta relevante: ¿es posible celebrar sin politizarlo todo? ¿O, por el contrario, cada gesto en el espacio público está condenado a ser interpretado políticamente? La respuesta no es sencilla, pero lo ocurrido este Día de Reyes apunta a que, al menos en redes, la neutralidad es cada vez más difícil de sostener.

 

 

Lo que sí parece claro es que el mensaje de Xabier Fortes tocó una fibra sensible porque conectó tres elementos muy potentes: una tradición profundamente emocional, una figura pública reconocida y un debate histórico no resuelto sobre la forma de Estado.

 

Esa combinación es, en sí misma, un cóctel perfecto para la viralidad.

 

 

Mientras tanto, fuera de la pantalla, la mayoría de hogares siguió con su día. Los niños jugaron con sus regalos, los adultos recogieron papel del suelo y muchos compartieron roscón en familia.

 

Lejos de X y de sus debates, el Día de Reyes cumplió su función principal: crear recuerdos.

 

 

Quizá ahí esté la clave. Las tradiciones sobreviven porque se adaptan, porque conviven con realidades cambiantes y porque, a pesar de las discusiones, siguen teniendo un valor emocional difícil de reemplazar.

 

El debate generado por una simple felicitación no hace sino confirmar que el 6 de enero sigue siendo un espejo donde España se mira, con todas sus contradicciones, nostalgias y tensiones.

 

 

Y tal vez, más allá de monarquía o república, de polémicas o titulares, ese sea el verdadero mensaje que dejó este Día de Reyes: que la convivencia, aunque incómoda y llena de matices, sigue siendo posible incluso en un país acostumbrado a discutirlo todo.