El entierro de Irene de Grecia deja imágenes que reavivan las distancias internas en la familia del rey Felipe VI
Las imágenes que llegan desde el cementerio de Tatoi, en Atenas, han sido analizadas con lupa por la prensa europea. No solo por la carga emocional que implicaba el último adiós a Irene de Grecia, figura clave en la vida de la reina emérita Sofía, sino porque el sepelio ha vuelto a situar en primer plano las relaciones internas de la familia real española.
Un funeral marcado por el recogimiento, el silencio y una puesta en escena sobria, pero también por ausencias de gestos, miradas esquivas y una evidente división en los espacios, que muchos interpretan como la confirmación visual de una distancia que viene de lejos.
Dos planos claramente diferenciados
Durante la ceremonia, la familia apareció unida en lo institucional, pero separada en lo emocional. Las cámaras captaron en varios momentos cómo no hubo interacción visible entre el rey Felipe VI y la reina Letizia con las infantas Elena y Cristina, más allá de la estricta coincidencia protocolaria.
No se registraron conversaciones, gestos de complicidad ni acercamientos espontáneos. Todo transcurrió bajo un silencio contenido, propio del contexto, pero que contrastó con funerales anteriores en los que sí se habían producido gestos más cercanos.
Para muchos observadores, la escena dejó la sensación de dos núcleos familiares que comparten espacio, pero no vínculo cotidiano.
El dolor de la reina Sofía, en primer plano
Si hubo una figura que concentró todas las miradas fue la reina emérita Sofía.
El momento más impactante llegó durante el entierro, cuando se la vio aferrarse a la bandera griega que cubría el féretro de su hermana, visiblemente superada por la emoción.
Fue entonces cuando Ana María de Grecia, cuñada de la reina Sofía, se acercó para reconfortarla. Las imágenes mostraron un gesto sincero, íntimo, alejado de cualquier artificio.
Un instante que reflejó la dimensión personal de la pérdida.
Irene de Grecia no era solo una familiar más. Durante décadas fue confidente, apoyo constante y presencia diaria en la vida de la reina emérita, especialmente desde su llegada a España en los años ochenta.
El papel de Felipe VI y sus hijas
El rey Felipe VI permaneció en un segundo plano, atento en todo momento a su madre, con gestos discretos y una actitud contenida.
Detrás de la reina Sofía se situaron también sus nietos, en especial la infanta Sofía, quien protagonizó uno de los gestos más comentados al acercarse para abrazar a su abuela en uno de los momentos más delicados.
La princesa Leonor y la reina Letizia mantuvieron una presencia correcta y respetuosa, especialmente visible cuando las cámaras estaban más próximas.
Sin embargo, varios medios han subrayado que el apoyo emocional más constante de la reina Sofía pareció llegar desde su entorno griego y desde sus hijas, Elena y Cristina.
Las infantas Elena y Cristina: presencia sin acercamiento
La presencia de las infantas Elena y Cristina no pasó desapercibida.
Ambas acompañaron a su madre durante todo el sepelio, pero sin interacción pública con los actuales reyes.
La imagen de la infanta Sofía sentada junto a la infanta Elena, sin intercambio de palabras ni gestos visibles, fue especialmente comentada. No por lo que ocurrió, sino por lo que no ocurrió: ni una mirada cómplice, ni un gesto de cercanía que rompiera la rigidez del momento.
En actos de esta naturaleza, el protocolo limita las expresiones espontáneas, pero la reiteración de estas escenas ha reforzado la percepción de una distancia consolidada.
Una relación condicionada por el pasado reciente
Desde hace años, la relación entre los distintos miembros de la familia real se encuentra marcada por episodios que han tenido un fuerte impacto institucional y mediático.
La situación de la infanta Cristina, tras el caso Nóos, supuso un antes y un después en su visibilidad pública.
Desde entonces, su presencia junto a la familia real se ha limitado prácticamente a actos privados o ceremonias de carácter excepcional, como funerales.
En este contexto, su actitud discreta y reservada en Atenas encajó con la línea que ha mantenido en los últimos años.
Irene de Grecia, una figura central y silenciosa
La despedida también ha servido para recordar el papel fundamental que Irene de Grecia desempeñó dentro de la familia.
Alejada del foco mediático, dedicó gran parte de su vida a proyectos culturales y sociales, y fue un apoyo constante para su hermana en los momentos más complejos.
Su fallecimiento deja un vacío difícil de llenar.
No solo por el vínculo familiar, sino porque se llevaba consigo una parte de la memoria íntima de la reina Sofía, una historia compartida durante más de medio siglo.
El testamento y el nombre que ha sorprendido
En las últimas horas, además, ha trascendido información relevante sobre el testamento de Irene de Grecia. Según fuentes consideradas solventes por varios medios, la princesa habría repartido su herencia entre sus hermanos y algunos de sus sobrinos.
Entre los nombres que aparecen con más fuerza destaca Irene Urdangarín, sobrina nieta con la que mantenía una relación especialmente estrecha. Su dolor fue visible durante la ceremonia, donde se la vio profundamente afectada, acompañada por su hermano Miguel y otros miembros de la familia griega.
Por el contrario, no constarían como beneficiarias la princesa Leonor ni la infanta Sofía, un dato que ha generado interpretaciones diversas, aunque desde algunos entornos se subraya que el testamento responde a vínculos personales y no institucionales.
Una despedida que deja más preguntas que respuestas
El entierro de Irene de Grecia ha sido, ante todo, un acto de despedida íntimo y solemne.
Sin embargo, las imágenes han vuelto a poner sobre la mesa las complejas dinámicas internas de la familia real española.
Sin declaraciones oficiales ni gestos explícitos, el lenguaje corporal, las distancias y los silencios han hablado por sí solos. Y aunque todos acudieron para honrar la memoria de Irene y acompañar a la reina Sofía, la sensación que queda es la de una familia unida por el deber, pero fragmentada en lo personal.
Un escenario que, una vez más, invita a reflexionar sobre el peso del pasado, la gestión del presente y el futuro de unas relaciones que siguen bajo el escrutinio público.
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