Ojo al final de Feijóo: la declaración que lo cambia todo y el terremoto político que sacude al Partido Popular
La Dana, 230 víctimas y una palabra que ya no se puede borrar
Hay momentos en política en los que una frase pesa más que cualquier informe técnico. No porque cambie los hechos, sino porque reordena el relato.
Eso es exactamente lo que ha ocurrido tras la declaración de Alberto Núñez Feijóo como testigo en la causa judicial que investiga la gestión de la Dana que dejó 230 muertos y decenas de municipios devastados en la Comunitat Valenciana.
Durante más de un año, el líder del Partido Popular sostuvo una versión clara, repetida y defendida sin fisuras: había estado informado “en tiempo real”.
Esa afirmación formaba parte de una estrategia más amplia, orientada a proteger al entonces presidente autonómico Carlos Mazón y a desplazar el foco de las responsabilidades hacia el Gobierno central.
Sin embargo, bastaron unos minutos ante la jueza, una cronología concreta y una rectificación verbal para que todo el edificio narrativo comenzara a resquebrajarse.
Cuando la cronología se convierte en protagonista
El problema no es solo lo que Feijóo sabía o dejaba de saber.
El verdadero nudo del conflicto está en el tiempo. La diferencia entre “tiempo real” y “a partir de las ocho de la tarde” puede parecer menor para el espectador desprevenido, pero en una tragedia de esta magnitud se convierte en un elemento clave.
La sucesión de mensajes intercambiados esa tarde, concentrados en una franja horaria muy concreta, desmonta la idea de un seguimiento continuo desde el inicio de la emergencia. No se trata de una cuestión penal, pero sí política y moral.
Porque durante meses, esa supuesta información constante sirvió para construir un relato de control, cercanía y liderazgo que ahora aparece, como mínimo, sobredimensionado.
El lapsus que ya no parece un lapsus
Feijóo habló de confusión, de rectificación personal, de un error en los días. Sin embargo, el debate público ya había dado un salto cualitativo. Una cosa es equivocarse en una fecha concreta y otra muy distinta sostener durante más de un año una versión que encajaba perfectamente con la estrategia política del partido.
En ese contexto, la palabra “lapsus” pierde fuerza. Lo que emerge es la sensación de que el relato fue útil mientras resistió, y solo se corrigió cuando la vía judicial obligó a poner negro sobre blanco los mensajes y los tiempos.
Esa percepción es la que ha generado el mayor desgaste.
La Dana como herida abierta
La tragedia no es un telón de fondo neutro. La Dana sigue siendo una herida abierta para miles de familias.
Cada rectificación, cada matiz semántico, cada debate televisivo reaviva la sensación de abandono que muchos afectados arrastran desde aquel día.
No es casual que una parte importante de la crítica se centre menos en las competencias legales y más en el impacto emocional. Para quienes perdieron a un familiar o su proyecto de vida, descubrir que los líderes políticos discutían sobre el control del relato mientras el agua arrasaba pueblos enteros añade una capa de dolor difícil de digerir.
Competencias autonómicas, pero liderazgo nacional
Desde el punto de vista jurídico, las competencias en materia de emergencias recaían en el Gobierno autonómico valenciano.
Ese punto ha sido reiterado por autos judiciales y por expertos en legislación administrativa.
Sin embargo, la figura del líder de la oposición nacional no queda al margen del escrutinio público.
No por su capacidad de decisión, sino por su papel simbólico.
Feijóo no gestionaba la emergencia, pero sí construía un discurso político sobre ella.
Y ese discurso tenía un objetivo claro: señalar al Gobierno central y blindar a su propio partido frente a cualquier responsabilidad indirecta.
La estrategia del Partido Popular bajo la lupa
Durante meses, el PP desplegó una ofensiva comunicativa sostenida.
Se habló de fallos en la información meteorológica, de carencias en organismos estatales y de una supuesta falta de reacción desde Madrid.
Todo ello mientras se minimizaban los errores de gestión autonómica y se evitaba cualquier autocrítica relevante.
La declaración de Feijóo rompe esa dinámica. No porque lo incrimine judicialmente, sino porque deja al descubierto la arquitectura del relato. De pronto, el líder que aseguraba estar al tanto de todo aparece como alguien que trataba de mantenerse informado a última hora, sin una visión completa de lo que estaba ocurriendo.
El impacto interno: nervios y silencios incómodos
Las reacciones posteriores dentro del Partido Popular han sido contenidas, pero el nerviosismo es evidente.
La sensación de que el caso puede tener un recorrido político prolongado ha activado un cierre de filas defensivo, aunque sin la contundencia de etapas anteriores.
El problema ya no es Mazón, ni siquiera la gestión concreta de la Dana.
El problema es Feijóo y su credibilidad.
En un momento en el que el PP intenta proyectar una imagen de solvencia y alternativa de gobierno, cualquier sombra sobre la palabra de su líder se convierte en un lastre.
La palabra empeñada y el coste de incumplirla
Hay una frase del propio Feijóo que ha vuelto con fuerza al debate público: aquella en la que aseguraba que si mentía debía ser apartado.
No se trata de una cita anecdótica, sino de un compromiso político explícito que ahora actúa como bumerán.
Aunque nadie espera consecuencias orgánicas inmediatas, el recordatorio constante de esa promesa amplifica el desgaste.
La política se construye tanto con hechos como con símbolos, y este es uno de esos símbolos que no se disuelven fácilmente.
Más allá del juzgado: la batalla del relato
La jueza investiga responsabilidades concretas y delimitadas. El debate mediático, en cambio, opera en otro plano. Aquí no se juzga solo lo que ocurrió, sino cómo se contó y por qué se contó así.
En ese terreno, la declaración de Feijóo funciona como un punto de inflexión. Marca un antes y un después en la forma en que se percibe la actuación del PP durante la crisis. Ya no basta con repetir que las competencias eran autonómicas; la pregunta ahora es por qué se insistió durante tanto tiempo en una versión que no se sostiene plenamente.
La política del “yo estaba informado”
En situaciones de crisis, muchos líderes recurren a la idea de estar permanentemente informados como forma de proyectar control. El problema surge cuando esa afirmación se confronta con datos concretos.
En este caso, los mensajes, los horarios y las rectificaciones posteriores dibujan una imagen distinta: la de un dirigente que intenta intervenir en el plano político-comunicativo más que en el de la gestión real de la emergencia.
Un daño que trasciende a Feijóo
El desgaste no afecta solo al líder del PP.
También impacta en la percepción de las instituciones y en la confianza ciudadana. Cada contradicción refuerza la idea de que, ante una tragedia, la prioridad fue proteger posiciones políticas en lugar de asumir responsabilidades con transparencia.
Ese es, probablemente, el efecto más profundo y duradero de este episodio.
Conclusión: el final que nadie quería ver
La declaración de Feijóo no cambia los hechos de la Dana ni devuelve la vida a las 230 personas fallecidas.
Pero sí cambia el relato político que se construyó después. Y en política, los relatos son poder.
El problema para el Partido Popular es que ese relato se ha resquebrajado en el peor momento posible.
Con una investigación judicial en marcha, una memoria colectiva aún dolorida y un líder cuestionado por sus propias palabras, el caso amenaza con seguir pasando factura durante mucho tiempo.
Porque hay finales que, aunque no sean judiciales, son profundamente políticos. Y este es uno de ellos.
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