La Pascua Militar que debía ser impecable terminó convertida en el epicentro de murmullos, gestos incómodos y decisiones que han encendido todas las alarmas en la Casa Real

La Pascua Militar de 2026 estaba diseñada para reforzar una imagen de continuidad, estabilidad y renovación serena de la Corona.

Un acto medido al milímetro, cargado de simbolismo institucional, en el que cada paso, cada gesto y cada presencia tenía un significado claro.

Sin embargo, lo que debía ser una jornada solemne terminó convirtiéndose en un foco de tensión interna, comentarios en voz baja y un malestar evidente dentro de Zarzuela.

Lejos de los discursos oficiales y de las fotografías cuidadosamente seleccionadas, lo que quedó grabado en la memoria de muchos asistentes fueron las ausencias, los silencios y ciertas imágenes que han generado más preguntas que respuestas.

Especialmente en torno a la reina Letizia, la infanta Sofía y, en un segundo plano, una escena protagonizada por Felipe VI que ha inquietado incluso a los sectores más fieles de la monarquía.

Leonor acapara el foco mientras la Corona muestra grietas internas

La protagonista indiscutible de la Pascua Militar volvió a ser la princesa Leonor. Por tercer año consecutivo, su presencia en el acto confirmó una evolución firme y cuidadosamente trabajada.

Uniformada, segura y perfectamente integrada en el ceremonial castrense, la heredera proyectó una imagen de madurez que no pasó desapercibida.

Su complicidad con Felipe VI, visible en cada desplazamiento y gesto compartido, reforzó la idea de una transición preparada con tiempo y sin improvisaciones. Leonor no solo ocupó su lugar, sino que lo hizo con naturalidad, convirtiéndose en el principal activo simbólico de la institución en un contexto marcado por la incertidumbre.

Sin embargo, ese ascenso imparable contrastó con un detalle que terminó eclipsando buena parte del acto: la ausencia de la infanta Sofía.

La desaparición de Sofía que nadie explicó… y que nadie ha olvidado

Uno de los comentarios más repetidos en corrillos y conversaciones discretas fue la falta de la hija menor de los Reyes.

La infanta Sofía, presente en ediciones anteriores, no acudió este año a la Pascua Militar.

No hubo comunicado oficial, ni aclaración pública, ni explicación convincente en el momento.

Las primeras versiones apuntaron a motivos académicos y compromisos universitarios fuera de España.

Otros deslizaron un posible problema de salud leve.

Sin embargo, esas hipótesis comenzaron a perder fuerza cuando, horas más tarde, la propia Sofía fue vista con total normalidad en un encuentro familiar privado junto a Leonor.

El contraste entre la ausencia en un acto de máximo simbolismo institucional y su presencia posterior en un entorno familiar encendió todas las especulaciones.

En Zarzuela, según fuentes cercanas, el malestar no se hizo esperar. No tanto por la ausencia en sí, sino por la lectura pública que inevitablemente generó.

Letizia, la imagen repetida y el gesto que desató interpretaciones incómodas

Si hubo otro foco de comentarios fue la figura de la reina Letizia.

Su elección de vestuario, una capa negra ya utilizada en numerosas ocasiones, fue interpretada por algunos como una falta de renovación en un acto donde cada detalle comunica.

Más allá del estilismo, un pequeño traspié al caminar por el suelo irregular de la plaza de la Almudena captó la atención de cámaras y asistentes. Fue Leonor quien, con rapidez y naturalidad, ofreció su brazo para evitar una caída.

El gesto, aunque perfectamente humano, fue leído por algunos observadores como un símbolo involuntario de un cambio de roles cada vez más evidente.

La reina quedó en segundo plano durante buena parte del acto, algo poco habitual.

Y aunque desde el entorno oficial se restó importancia al episodio, lo cierto es que en Zarzuela no sentaron bien los comentarios que comenzaron a circular, especialmente aquellos que apuntaban a una pérdida progresiva de protagonismo de Letizia frente a la figura emergente de su hija mayor.

Un enfado real que va más allá de los rumores

Fuentes próximas a la Casa Real reconocen que el clima interno tras la Pascua Militar no fue el mejor.

La combinación de rumores, interpretaciones simbólicas y decisiones no explicadas generó un enfado palpable, especialmente por la forma en que ciertos detalles fueron utilizados para alimentar narrativas de tensión familiar.

En un contexto donde la Corona cuida cada gesto con extremo celo, cualquier elemento fuera de guion se convierte en munición para la crítica. Y esta vez, fueron varios los frentes abiertos al mismo tiempo.

El viaje en coche que ha puesto nerviosos a los monárquicos

Pero si hubo una imagen que realmente encendió las alarmas, fue la protagonizada por Felipe VI tras la jornada institucional.

El rey, la reina y sus dos hijas fueron vistos llegando y saliendo juntos en el mismo vehículo tras un encuentro privado familiar con motivo del roscón de Reyes.

Una escena aparentemente cotidiana, pero que ha sido calificada por algunos medios como un “escándalo” y por otros como una imprudencia innecesaria.

En los círculos más protocolarios y entre los defensores más estrictos de la institución, la preocupación fue inmediata.

Aunque no existe una norma escrita que lo prohíba de forma explícita, la tradición no escrita recomienda que el jefe del Estado y el primero en la línea de sucesión no compartan desplazamientos, especialmente por razones de seguridad.

¿Escándalo o simple imprudencia? El debate que divide a la opinión pública

La imagen del rey al volante, con la reina como copiloto y Leonor y Sofía en los asientos traseros, fue suficiente para reabrir un debate recurrente sobre la protección institucional. Para algunos, se trató de un gesto cercano y familiar.

Para otros, de una decisión poco acertada en un contexto donde la seguridad es prioritaria.

Lo que más inquietó a ciertos sectores fue la repetición del gesto, ya que no es la primera vez que se produce una escena similar. La acumulación de precedentes ha llevado a que el debate trascienda lo anecdótico y se instale en el terreno de la responsabilidad institucional.

Felipe VI, serio y pensativo: la imagen que no pasó desapercibida

A todo ello se sumó la expresión del monarca al abandonar el encuentro familiar.

Con semblante serio y visiblemente cansado, Felipe VI saludó brevemente a los medios antes de regresar a Zarzuela.

Una imagen que algunos interpretaron como el reflejo de la presión acumulada en un momento especialmente complejo para la institución.

Lejos de los gestos relajados de otras ocasiones, el rey proyectó una imagen sobria, casi introspectiva, que ha sido ampliamente comentada en publicaciones especializadas y espacios de análisis.

 

Una Corona que se renueva… pero no sin tensiones

La Pascua Militar de 2026 deja una fotografía clara: la Corona avanza hacia el futuro con Leonor como principal referencia, pero lo hace en medio de un delicado equilibrio interno.

Las ausencias, los gestos y las decisiones privadas tienen cada vez más peso en la percepción pública.

En Zarzuela son conscientes de que la perfección no existe y de que cualquier detalle puede convertirse en un símbolo amplificado.

La gestión de la imagen, en tiempos de escrutinio constante, se ha convertido en un desafío diario.

Lo ocurrido en los últimos días no ha puesto en cuestión la estabilidad institucional, pero sí ha evidenciado que cada movimiento cuenta.

Y que, en la España actual, la Corona ya no solo se mide por sus actos oficiales, sino también por aquello que ocurre fuera del foco… aunque termine inevitablemente bajo los titulares.