Escándalo tras la tragedia ferroviaria: los motivos del accidente bajo la lupa

La investigación técnica sobre el choque de trenes en Adamuz se ha convertido en una cuestión de máxima urgencia nacional.

Tras el trágico suceso del domingo 18 de enero, los peritos intentan determinar por qué un sistema diseñado para ser infalible falló de forma tan estrepitosa.

El escándalo ha estallado al filtrarse las primeras sospechas sobre el estado real de la infraestructura en el tramo cordobés.

Cómo ocurrió el accidente y otras 4 preguntas clave sobre el fatal  descarrilamiento y choque de trenes en España que ha causado 45 muertos -  BBC News Mundo

Expertos del sector apuntan a que el descarrilamiento inicial del tren Iryo no fue un evento aislado, sino la consecuencia de una serie de anomalías previas.

Una de las hipótesis con más fuerza señala un problema de fatiga de materiales en los elementos de cambio de vía.

Si se confirma que la vía presentaba deficiencias, el Ministerio de Transportes quedaría en una posición de negligencia directa.

La segunda gran incógnita es por qué el convoy Alvia de Renfe no recibió una señal de frenado de emergencia a tiempo para evitar el impacto.

Los sistemas de seguridad activa, como el ERTMS, deberían haber detenido cualquier circulación en la vía contigua al detectarse un obstáculo.

Este posible fallo en la cadena de comunicaciones digitales es lo que ha provocado la indignación de técnicos y sindicatos ferroviarios.

El escándalo político se alimenta de la sospecha de que se habrían ignorado avisos previos sobre vibraciones excesivas en ese sector de la línea.

Miguel Bosé y otros personajes públicos han denunciado que la inversión en mantenimiento se ha sacrificado para priorizar la expansión de nuevas líneas.

Esta teoría del “ahorro en seguridad” ha calado profundamente en una ciudadanía que ahora viaja con miedo y desconfianza.

Óscar Puente, como máximo responsable de la cartera, debe explicar si hubo informes de riesgos que fueron archivados sin tomar medidas.

La confusión reinante durante la madrugada del accidente también ha sido objeto de duras críticas por la falta de un protocolo de crisis claro.

Mientras los familiares esperan respuestas, la guerra de comunicados entre las operadoras Iryo y Renfe solo añade leña al fuego del escándalo.

Cada empresa intenta blindar su responsabilidad legal, mientras los peritos judiciales analizan las cajas negras de ambos trenes.

Si el motivo fue un fallo mecánico del tren Iryo, la responsabilidad recaería sobre la operadora privada y sus protocolos de revisión.

Pero si el motivo fue el estado de la vía, el Estado español se enfrentaría a demandas multimillonarias y a una crisis de reputación internacional.

La tragedia de Adamuz ha desnudado las costuras de un sistema que presumía de ser el más avanzado del mundo.

El escándalo no es solo el accidente en sí, sino la posibilidad de que esta tragedia fuera totalmente evitable con una gestión diligente.