El expresidente socialista Felipe González, con nacionalidad Dominicana y a punto de cumplir 84 años, combina su ‘retiro político’ con actividad empresarial e institucional mientras endurece su posición frente al PSOE de Sánchez. Junto a su mujer Mar García Vaquero y sus tres hijos gestiona un patrimonio millonario

Felipe González - Europa Press

Felipe González -Europa Press

El expresidente Felipe González (Sevilla, 1942) cumple 84 años este jueves 5 de marzo y vuelve al centro del debate político.

Y es que en los últimos meses ha endurecido sus críticas al PSOE de Pedro Sánchez y ha anunciado públicamente que votará en blanco si el actual presidente del Gobierno vuelve a encabezar la candidatura socialista.

El exlíder del PSOE lo expresó hace poco en un acto celebrado en el Ateneo de Madrid y lo ha reiterado en intervenciones posteriores.

Allí cuestionó la prórroga presupuestaria y sostuvo que no presentar nuevos Presupuestos Generales del Estado supone, a su juicio, una anomalía institucional.

También reprochó la falta de autocrítica interna tras los últimos reveses electorales en Extremadura y Aragón.

“Este partido ya no me representa”, vino a resumir, marcando una distancia clara con la dirección actual.

Sus palabras no son improvisadas ni frecuentes, pero sí calculadas.

González ha optado por una presencia pública selectiva: interviene en foros concretos, participa en debates institucionales y evita la confrontación diaria.

Aunque tampoco ha evitado programas como ‘El Hormiguero’ de Antena 3.

Felipe GonzálezFelipe González -Europa Press
Sin embargo, cada declaración suya tiene peso.

Su anuncio de voto en blanco, especialmente, simboliza una ruptura política con el proyecto que él mismo llevó al poder en 1982.

Su etapa al frente del Gobierno estuvo marcada por hitos y polémicas que marcaron una transformación profunda del país.

Bajo su mandato, España consolidó su integración europea con la entrada en la Comunidad Económica Europea y fuimos protagonistas internacionales con los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992 y la Exposición Universal de Sevilla.

Pero aquellos años también estuvieron atravesados por episodios controvertidos.

Casos como Filesa, la expropiación y posterior desmantelamiento de Rumasa, la trama de los GAL o la fuga del exdirector general de la Guardia Civil Luis Roldán acentuaron el desgaste del Gobierno socialista.

Ese contexto facilitó la derrota socialista y la llegada del PP al poder en 1996 con José María Aznar al frente.

Desde entonces, la política dejó de ocupar el centro de su actividad cotidiana.

En 1997 renunció a la secretaría general del PSOE y comenzó un progresivo distanciamiento de la primera línea partidista.

Aunque nunca ha abandonado del todo la reflexión pública.

La vida actual de Felipe González: Discreción junto a Mar García y agenda institucional

Lejos de la primera línea política, la rutina del expresidente transcurre entre Madrid y su finca en la Sierra de Guadalupe, en la provincia de Cáceres.

En la capital reside en el barrio de Salamanca junto a su mujer, Mar García Vaquero, economista especializada en gestión patrimonial.

La pareja mantiene un perfil discreto.

Alternan estancias en Madrid con periodos más largos en Extremadura, donde González cultiva una de sus aficiones más conocidas: el bonsái. El cuidado minucioso de estos árboles en miniatura se ha convertido en símbolo de una etapa más pausada, lejos del vértigo institucional que marcó sus trece años y medio en La Moncloa.

En Madrid continúa vinculado a la Fundación Felipe González, que preside desde 2021.

La entidad gestiona su archivo histórico y promueve actividades relacionadas con la memoria democrática y el análisis político contemporáneo.

Felipe González y Mar García Vaquero
Felipe González y Mar García Vaquero -Europa Press
Asimismo, figura como consejero vigente en la Fundación Alternativas y en la Fundación Real Instituto Elcano, cargos activos desde julio de 2021.

Estas responsabilidades confirman que, aunque retirado del poder ejecutivo, mantiene presencia en espacios de reflexión estratégica.

En el plano personal, su vida familiar se ha estabilizado junto a Mar García Vaquero, con quien contrajo matrimonio en 2012.

Antes de su actual matrimonio, Felipe González estuvo casado con Carmen Romero, profesora sevillana y exdiputada socialista, con quien contrajo matrimonio en 1969.

De esa unión nacieron sus tres hijos: María González Romero, Pablo González Romero y David González Romero. La pareja se separó en 2008 tras más de treinta años de relación.

Por su parte, García Vaquero ha construido su trayectoria profesional en el ámbito de la banca privada y la gestión de grandes patrimonios, un sector en el que ha operado con perfil discreto pero constante.

Esa carrera la ha situado en el foco de la prensa económica: Forbes España la incluyó en su lista de las 100 mujeres más ricas del país, con una fortuna estimada en torno a 390 millones de euros.

Los ‘negocios’ de Felipe González y su nacionalidad dominicana

Más allá del ámbito institucional, según el informe mercantil actualizado a marzo de 2026, Felipe González mantiene actualmente seis vinculaciones societarias activas entre cargos y participaciones.

Entre los cargos vigentes, destaca su posición como consejero de Boluda Towage SLU desde junio de 2019.

La compañía, integrada en el grupo naviero presidido por Vicente Boluda, declaró en 2024 unas ventas de 106,17 millones de euros, un beneficio de 12,59 millones y un activo total de 1.316,7 millones de euros.

Se trata de una empresa de dimensión internacional vinculada al transporte marítimo y a operaciones de remolque portuario.

En el ámbito familiar, González figura como socio vigente y accionista mayoritario (78,2%) de IALCON Consultoría S.L., sociedad domiciliada en Pozuelo de Alarcón.

La presidencia de la sociedad recae en su hija, María González Romero.

Felipe González
Felipe González-Europa Press
Asimismo, el informe lo identifica como socio vigente en Tagua Capital S.L., sociedad financiera con domicilio en la calle Velázquez de Madrid.

A esta estructura empresarial se suma la asignación vitalicia que le corresponde como expresidente del Gobierno. El conjunto dibuja una situación económica consolidada, basada en participaciones societarias, fundaciones y activos inmobiliarios.

Desde 2022, además, González es ciudadano de la República Dominicana tras recibir la nacionalidad por naturalización privilegiada concedida por el presidente Luis Abinader

El reconocimiento fue presentado como un gesto institucional por su contribución a las relaciones entre España y América Latina.

A sus 84 años, Felipe González combina un retiro relativo con lo que algunos denominan una presencia pública estratégica. Vive entre Madrid y Extremadura, mantiene cargos empresariales vigentes y no rehúye el debate, especialmente en lo relativo a Sánchez.

A sus 84 años, cumplidos este mismo 5 de marzo de 2026, Felipe González se ha convertido en una figura totémica que observa con una mezcla de melancolía y dureza el declive del partido que él mismo transformó en una máquina de ganar elecciones.

El que fuera el arquitecto de la modernización de España vive ahora una etapa de retiro activo, alejado del día a día de Ferraz, pero con una influencia mediática que todavía hace temblar los despachos de Moncloa.

Su patrimonio personal ha sido objeto de análisis durante décadas, consolidando una red de seguridad que combina la discreción en Madrid con la paz en los campos de Extremadura.

El expresidente alterna su residencia en una exclusiva urbanización de Pozuelo de Alarcón con sus estancias prolongadas en la finca que posee en las cercanías de Guadalupe, un refugio donde se dedica a su verdadera pasión: el cultivo de olivos y la reflexión política de largo alcance.

Más allá de la política, su perfil empresarial ha evolucionado hacia la consultoría estratégica internacional, donde actúa como una voz consultiva de referencia para grandes fondos y empresas que buscan entender la compleja realidad iberoamericana.

Mejor te cuento que sus cargos en consejos de administración y su papel como “conseguidor” de puertas abiertas en Latinoamérica le han permitido mantener un nivel de vida que, lejos de ser ostentoso, refleja la sobriedad del hombre que siempre supo estar en los lugares donde se fraguaban las decisiones globales.

Sin embargo, es su pulso constante con Pedro Sánchez lo que mantiene a González en el candelero político de este 2026.

Para el veterano socialista, el proyecto actual de Sánchez no es más que una “deformación” del ideario que él defendió en Suresnes, acusando al actual Ejecutivo de haber roto los puentes con la sensatez institucional.

La fractura entre ambos es insalvable y se ha manifestado en cada una de las críticas que González ha lanzado sobre los pactos con los sectores que, a su juicio, buscan la demolición del Estado del 78.

Sánchez, por su parte, ha optado por el ninguneo sistemático, ignorando las advertencias de quien fuera su predecesor en la secretaría general, en un intento de marcar una nueva era del sanchismo que no rinda cuentas ante el pasado.

La lógica del “Facts and Logic” sugiere que González no busca el poder orgánico, sino la preservación de un legado que siente que se está desmoronando bajo el peso de los escándalos de corrupción y el caos de la gestión ferroviaria de Óscar Puente.

Al igual que en México la caída de los grandes caciques revela las grietas de todo un sistema, el distanciamiento de Felipe González revela que el PSOE ha dejado de ser el partido de las mayorías para convertirse en un proyecto de trincheras.

Mejor te cuento que el entorno del expresidente asegura que él es muy consciente de que su tiempo político ya pasó, pero insiste en que “la ética es un patrimonio que no se puede hipotecar”, en referencia velada a las concesiones de Moncloa a sus socios de gobierno.

Al igual que el serrín que le sacaron a Mariscal en el meme televisivo, las alianzas de Sánchez se perciben desde el entorno de González como estructuras vacías de contenido ideológico.

Mientras el Gobierno atraviesa sus semanas más difíciles por la salud del Presidente y las investigaciones judiciales, la sombra de Felipe González se alarga sobre el socialismo, recordando que hubo un tiempo en que ganar elecciones no exigía hipotecar la unidad nacional.

España asiste a este duelo de titanes donde el joven ejecutivo intenta enterrar al patriarca, mientras este último se asegura de que, si el edificio cae, la historia sepa quién puso los cimientos y quién retiró las vigas maestras.

Este 84º cumpleaños de Felipe González no es solo una celebración de su vida, sino un recordatorio de que la política española todavía se mide con el patrón que él mismo diseñó en la Transición.

El nuevo Felipe González a sus 84 años: Propiedades entre Madrid y  Extremadura, cargos empresariales y pulso a Sánchez | El Cierre Digital