Alberto Núñez Feijóo: mentiras, negligencia y responsabilidad en la gestión de la Dana

Alberto Núñez Feijóo, líder del Partido Popular, ha reconocido públicamente ante una jueza que mintió sobre la gestión de la tragedia provocada por la Dana en la Comunidad Valenciana.

Durante más de 14 meses, Feijóo sostuvo de manera sistemática y consciente que había recibido información en tiempo real de Carlos Mazón, presidente de la Generalitat, cuando en realidad no fue así.

El reconocimiento se produjo bajo juramento, pero solo tras la insistencia de la jueza, lo que evidencia que fuera de los tribunales Feijóo mantenía su narrativa falsa sin ningún reparo.

El líder del PP había declarado anteriormente que si mentía, los miembros de su partido deberían echarlo, una afirmación que ahora parece completamente vacía ante la falta de consecuencias.

Durante la rueda de prensa inmediatamente posterior a la Dana, Feijóo aseguró: “Presidente de la Generalitat desde el pasado lunes me ha venido informando en tiempo real”.

Esa afirmación, ahora reconocida como mentira, fue repetida en múltiples ocasiones en entrevistas, debates parlamentarios y ruedas de prensa, creando un relato falso para desviar la responsabilidad de su partido.

El objetivo de Feijóo y del Partido Popular era claro: culpar al gobierno central de Pedro Sánchez de la tragedia, mientras él y su equipo ocultaban su propia negligencia.

La Dana provocó la muerte de 230 personas, y durante la crisis, el presidente de la Generalitat se encontraba en el restaurante El Ventorro, lejos de cualquier coordinación de emergencias.

Feijóo admitió que no tuvo ningún contacto con Carlos Mazón antes de las 8 de la mañana del día de la tragedia, lo que demuestra su total desconocimiento de la situación crítica.

Asimismo, reconoció que no sabía que se había convocado el centro de coordinación de emergencias (CECOPI), y que nadie de su equipo hizo seguimiento efectivo de la situación.

Cuando se le exigió entregar los mensajes intercambiados con Mazón, Feijóo inicialmente mostró solo los mensajes descontextualizados, ocultando deliberadamente información crucial.

La jueza tuvo que insistir para que entregara la totalidad de la conversación, revelando que el PP había estado preocupado principalmente por controlar la narrativa mediática, no por gestionar la emergencia.

Los mensajes muestran que Feijóo instruía a Mazón para “llevar la iniciativa de comunicación” y “liderar informativamente”, mientras personas morían literalmente en los garajes de la ciudad de Valencia.

Este enfoque evidencia que para Feijóo la prioridad era el relato político y la imagen del partido, por encima de la vida de los ciudadanos afectados por la Dana.

Durante la noche de la catástrofe, Feijóo ni siquiera se comunicó con los equipos de rescate, no preguntó por los recursos disponibles y no tomó medidas para ayudar directamente, limitándose a dar instrucciones de comunicación.

Mientras tanto, el gobierno central de Pedro Sánchez se encontraba desplegando la Unidad Militar de Emergencias y coordinando los esfuerzos de ayuda, demostrando que sí actuó de manera efectiva.

Feijóo, por el contrario, utilizó los mensajes como herramienta para proteger su reputación y la del partido, sin preocuparse por las consecuencias humanas de la negligencia de su equipo.

Durante más de un año, el Partido Popular repitió la mentira de que el gobierno central había abandonado a los valencianos, ignorando la realidad y manipulando la opinión pública.

Los propios mensajes de Mazón demuestran que la ayuda estaba disponible, que se habían coordinado los recursos necesarios y que las autoridades autonómicas contaban con toda la información.

A pesar de conocer la verdad, Feijóo permitió que su partido construyera una campaña de difamación contra el gobierno, utilizando las muertes de 230 personas como arma política.

Esta estrategia refleja un nivel de cinismo y frialdad que muchos califican de estructural en su liderazgo y en el modus operandi histórico del Partido Popular.

Feijóo se escondió detrás de mensajes de WhatsApp, evitando asumir responsabilidades directas y priorizando siempre su supervivencia política sobre consideraciones éticas o humanas.

El episodio también expone la impunidad dentro del partido: aunque Feijóo admitió su mentira ante la jueza, no enfrentará sanciones internas ni se plantea dimitir de su cargo como líder de la oposición.

Este comportamiento contrasta con la estricta exigencia de dimisiones que el PP ha impuesto históricamente por hechos menores dentro de sus filas, demostrando un doble estándar en la gestión de responsabilidades.

Además, Feijóo demostró una total incapacidad de supervisar adecuadamente a Mazón y a su equipo, dejando que la negligencia en la gestión de la Dana pasara desapercibida hasta que hubo intervención judicial.

Cuando se le preguntó por la destitución de Salomé Pradas, responsable en la gestión de la crisis, Feijóo declaró que “no se la pidió, está dentro de sus competencias”, evidenciando su falta de liderazgo en momentos críticos.

Los mensajes intercambiados muestran también que el enfoque del PP era controlar el relato mediático y culpar al PSOE, mientras el personal y los recursos humanos necesarios para la emergencia estaban siendo ignorados.

Feijóo instruía a Mazón a que liderara la comunicación de la crisis, asegurando que el Partido Popular saliera indemne en términos políticos, sin importar la gravedad de la situación en terreno.

El contraste con la actuación del gobierno central es evidente: Pedro Sánchez, aunque en viaje oficial en India, se mantuvo informado y en contacto con los responsables de la emergencia, coordinando esfuerzos de rescate.

La negligencia del PP y su obsesión con la comunicación frente a la gestión de la crisis muestra un patrón histórico dentro del partido, que prioriza imagen y relato por encima de vidas humanas.

Este patrón se repite desde Aznar hasta Rajoy y ahora con Feijóo, evidenciando que la mentira y la manipulación son herramientas estructurales de la formación política.

La falta de consecuencias para Feijóo por su mentira sistemática refuerza la percepción de impunidad dentro del PP, incluso frente a tragedias con cientos de víctimas mortales.

Durante 14 meses, el PP utilizó los muertos de la Dana como herramienta política, difamando al gobierno central con información que sabían falsa, manipulando la opinión pública y construyendo un relato completamente distorsionado.

Este comportamiento ha sido calificado por expertos y víctimas como éticamente reprochable y moralmente inaceptable, reflejando una desconexión total con la realidad humana de la tragedia.

La entrega de los mensajes durante la Nochebuena buscaba minimizar la atención mediática y ocultar la responsabilidad de Feijóo y de su partido, demostrando un cálculo frío y estratégico en lugar de responsabilidad ética.

Feijóo admitió finalmente que no tenía contacto con Mazón durante las primeras horas críticas, que ignoraba la activación del CECOPI y que su equipo no hizo seguimiento alguno de la situación, confirmando su negligencia.

Las víctimas de la Dana y sus familias han mostrado públicamente su indignación por la falta de responsabilidad del líder del PP, considerándolo una falta de respeto hacia quienes perdieron a sus seres queridos.

La estrategia del PP de priorizar comunicación sobre gestión refleja un patrón preocupante en la política española, donde la imagen y el relato se valoran más que la protección de la ciudadanía.

El contraste con la gestión de otras crisis, como las residencias de ancianos durante la pandemia o las inundaciones en otras comunidades, evidencia que esta priorización de la comunicación es un patrón reiterado.

Feijóo y el Partido Popular han mostrado, con este caso, que la mentira no es un accidente, sino una herramienta sistemática de funcionamiento político, utilizada para proteger intereses propios y manipular la opinión pública.

A pesar de la evidencia y de la admisión ante la jueza, no se espera que Feijóo enfrente sanciones internas ni que dimita, lo que perpetúa la percepción de impunidad y doble estándar dentro del partido.

El episodio también expone cómo los líderes del PP históricamente han utilizado tragedias y catástrofes como instrumentos políticos, construyendo relatos falsos y desviando la atención de su propia incompetencia.

El reconocimiento de la mentira solo bajo presión judicial muestra que la ética y la transparencia no son principios centrales en la conducta de Feijóo, sino obligaciones impuestas por la ley.

La entrega selectiva de mensajes, la insistencia en controlar la narrativa mediática y la omisión de responsabilidades críticas reflejan un cálculo político deliberado, que prioriza la supervivencia del partido sobre vidas humanas.

Este patrón ha generado un intenso debate político y social, cuestionando la credibilidad de Feijóo y la capacidad del PP para liderar con responsabilidad en situaciones de emergencia.

El episodio de la Dana deja una enseñanza clara: la falta de responsabilidad política y ética en la gestión de crisis tiene consecuencias devastadoras para la sociedad y para la confianza pública en las instituciones.

Feijóo seguirá siendo líder de la oposición y eterno aspirante a La Moncloa, sin enfrentar consecuencias reales por sus mentiras ni por la negligencia demostrada, lo que refuerza la percepción de impunidad en el PP.

La historia muestra que la mentira sistemática y la manipulación del relato político no son episodios aislados, sino parte de un modus operandi estructural que atraviesa décadas dentro del partido.

Mientras tanto, las víctimas siguen esperando justicia y reconocimiento, en contraste con la protección que Feijóo y su partido buscan mantener para sí mismos frente a la opinión pública y los tribunales.