Amazon España ha anunciado el despido de casi 800 trabajadores en Barcelona y sigue ampliando sus centros de datos en Aragón, lo cual ha generado una serie de críticas de colectivos ecologistas sobre su CEO, Ruth Díaz

Amazon vuelve a situarse en el centro del debate público en España.

El reciente anuncio del despido de casi 800 trabajadores en Barcelona se ha sumado a las crecientes críticas por la expansión de sus centros de datos en Aragón.

En este contexto, Ruth Díaz, directora general de Amazon España, afronta el reto de pilotar la filial española de la multinacional en un momento de alta exposición social, mediática y política.

Las críticas, tal y como señalan fuentes del sector a elcierredigital.com, no se dirigen tanto a su figura personal como a un modelo empresarial que muchos consideran contradictorio: mientras se reducen puestos de trabajo cualificados en oficinas, la compañía mantiene ambiciosos planes de inversión en infraestructuras tecnológicas con un impacto ambiental significativo y un retorno laboral limitado.

Díaz se encuentra, así, en la posición de tener que defender la estrategia de Amazon en España sin ignorar un clima de creciente desconfianza hacia las grandes tecnológicas.

Una directiva forjada dentro de Amazon
Ruth Díaz es una veterana de la casa. Licenciada en Administración y Dirección de Empresas por la Universidad Autónoma de Madrid y formada en la escuela de negocios IESE, su carrera está estrechamente ligada al desarrollo de Amazon en España, ahora en pleno proceso de despidos.

Antes de asumir la dirección general de la filial, fue responsable de Amazon Fashion en Europa, una de las categorías estratégicas del grupo, y previamente dirigió en España las denominadas other hardline categories, que engloban áreas tan diversas como juguetes, deporte, herramientas, bebé, hogar o cocina.

Su trayectoria en el ecosistema Amazon se remonta a BuyVIP, la plataforma de comercio electrónico de moda adquirida por la multinacional en 2010.

Díaz se incorporó a BuyVIP procedente de Entradas.com, tras haber ejercido durante años la dirección general de un grupo online de ocio, al que llegó desde Cinebox.

Cuando Amazon desembarcó en España, ella ya formaba parte del proyecto y fue asumiendo progresivamente responsabilidades en marketing y ventas minoristas, hasta gestionar más de 20 categorías de producto.

El relevo en la cúpula se produjo tras la promoción de Mariangela Marseglia, quien pasó a dirigir las tiendas de Amazon en Europa.

Marseglia dejaba atrás una etapa marcada por la consolidación del negocio español, que había liderado tras su paso por áreas clave como electrónica, productos frescos y Prime Now.

Díaz heredó así una organización que emplea en torno a 25.000 personas en España y que se ha convertido en una de las principales filiales del grupo en Europa continental.

Crecimiento, eficiencia y un relato bajo presión
Desde la dirección de Amazon España, Ruth Díaz ha insistido en un mensaje de crecimiento sostenido y apuesta a largo plazo.

En declaraciones a El Mundo, subrayó el hecho de que la compañía ha pasado, en poco más de una década, de contar con apenas 30 empleados a rozar los 28.000, convirtiendo a España en el segundo país de Europa continental con más trabajadores de Amazon.

También destacó la expansión de la red logística, con alrededor de 40 centros en todo el país, y las inversiones constantes en tecnología y atención al cliente.

Ese relato, sin embargo, convive con una realidad que genera fricciones.

El acuerdo para el despido de 791 trabajadores en Barcelona —casi el 30% de la plantilla de oficinas en la ciudad— ha tenido un fuerte impacto simbólico.

Los recortes afectan a empleos cualificados en ámbitos como la atención al cliente, la traducción o el desarrollo digital, perfiles que hasta hace poco se consideraban relativamente a salvo de la automatización.

Amazon justifica la medida por la necesidad de ganar eficiencia, reducir estructuras internas y adaptarse a los cambios introducidos por la inteligencia artificial.

Pero la coincidencia de estos despidos con el debate sobre la falta de mano de obra y las peticiones empresariales de una inmigración más amplia y regulada ha alimentado la percepción de una contradicción de fondo en el discurso económico dominante.

Aragón y el frente medioambiental
El otro gran foco de críticas es la expansión de los centros de datos de Amazon en Aragón.

La compañía anunció una inversión de 15.700 millones de euros para ampliar su red de infraestructuras en la comunidad, un proyecto respaldado tanto por el PP como por el PSOE aragonés, que ven en Amazon un socio estratégico para atraer inversión tecnológica.

No obstante, los colectivos ecologistas y plataformas ciudadanas alertan de los costes ambientales del proyecto.

Según la documentación de la ampliación, los centros de datos llegarán a consumir más energía que toda la comunidad autónoma, además de un volumen de agua estimado en más de 755.000 metros cúbicos anuales.

En municipios como Villanueva de Gállego, la demanda hídrica podría multiplicarse por cinco.

Las críticas no solo se centran en el consumo de recursos, sino también en el modelo de desarrollo: grandes infraestructuras, alta demanda energética y un impacto limitado en empleo directo.

Para muchos detractores, se trata de un ejemplo de cómo la economía digital puede generar beneficios corporativos sin un retorno social proporcional.