La presidente pide a Vox que no boicotee la cooperación Madrid-Extremadura forzando elecciones y afea el giro obrerista de los de Abascal.

Vox desafía al PP tras Aragón y pone el foco en Madrid 2027 | Demócrata

Las relaciones entre Vox e Isabel Díaz Ayuso son cada vez peores, sobre todo desde que, con la llegada de Isabel Pérez Moñino, se quiso imprimir ese giro obrerista en la estrategia y los discursos.

Un giro que acerca a los de Santiago Abascal a los postulados con los que la izquierda ha hecho tradicionalmente oposición al Partido Popular en Madrid, como puede ser la defensa de la sanidad pública o la denuncia de la precariedad a la que a su juicio está abocada la juventud madrileña.

En tono displicente – “antes de que me lea esas cifras empaquetadas por sus asesores, cocinadas en algún despacho de Sol”-, Moñino le preguntó: “¿Cuál es el éxito de su gobierno, por ejemplo, en materia de vivienda?

¿Llevar siete años sin construir las 25.000 viviendas que usted prometió en el año 2019?”.

“Hoy el alquiler en Madrid supera de media los 1.300 euros mensuales y los jóvenes destinan más del 60% de su salario a pagar un techo. Ese es su éxito”, resumió la portavoz de Vox.

“Una generación expulsada de su propia ciudad porque usted ha abolido su derecho a acceder a una vivienda en nuestra región”, añadió.

Unas palabras que hasta ahora sólo el PSOE y las formaciones a su izquierda pronunciaban en la Cámara de Vallecas.

Pero si hay un asunto manoseado por Vox hasta la extenuación ese es la inmigración.

La formación de la derecha radical volvió a arremeter contra Ayuso porque según ella sus políticas en inmigración, que son más bien limitadas puesto que Madrid no tienen competencias en la materia, son las causantes de que aumenten las listas de espera en la sanidad.

“700.000 ilegales han pasado por delante de los madrileños en nuestra sanidad”, afirmó sin decir de dónde saca esta cifra.

También acusó a la presidenta de darse la mano con la izquierda en la región “para permitir que el islamismo siga invadiendo nuestros colegios a lomos del velo islámico”.

Moniño quiso terminar lanzando un mensaje directamente a Ayuso, un mensaje que ya transmitió el pasado lunes, en la rueda de prensa tras la Junta de Portavoces: esto es, que el PP ha perdido ya la mayoría absoluta en Madrid. “Después de Extremadura y Aragón llega Castilla y León, después Andalucía y muy pronto 2027. Tic, tac”.

Sobre Extremadura quiso detenerse la presidenta madrileña, quien lanzó una seria advertencia a los de Abascal: “Nos quieren llevar a elecciones ahora en Extremadura (y) yo lo único que les pido es que toda la lucha que llevamos a emprendida el Gobierno extremeño y el Gobierno de la Comunidad de Madrid no lo boicoteen ni lo pongan otra vez en peligro por sus intereses”, dijo haciendo referencia al frente común que ha conformado junto a María Guardiola en defensa de la energía nuclear atacada por el Ejecutivo de Pedro Sánchez.

Por lo demás, Ayuso fue clara a la hora de sintetizar la intervención de la portavoz de Vox: “Ya veo que compra las pancartas de segunda mano en las mismas tiendas que la izquierda”.

“Utilizan las mismas palabras, los mismos conceptos, y las mismas mentiras, como si la Comunidad de Madrid fuera el tercer mundo”.

Y lamentó que los de Abascal dejen solo a su Gobierno y su partido para plantar cara a Sánchez.

“Tenemos que soportar como el Gobierno de la Nación boicotea eventos, proyectos, contra la universidad, la formación profesional, promoviendo una lucha de clases que no es propia en Madrid,

utilizando cualquier resorte para atacar la sanidad de Madrid, que es la mejor de toda España y una de las mejores del mundo, provocando esas regularizaciones masivas para que sigan viniendo de tres en tres sin poder controlar el acceso a servicios públicos,

un problema que nos sigue creando el Gobierno a propósito y con unos ataques diarios contra toda la gestión y personales contra todos nosotros”.

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No obstante, defendió su modelo respecto a este asunto, que difiere al que plantean las formaciones a su izquierda y a su derecha.

“La izquierda lo que quiere es promover la islamización y la inmigración pobre.

Ustedes directamente están contra los inmigrantes.

Y nosotros lo que queremos es la integración y la prosperidad también de los inmigrantes”, dijo.

“¿Qué aportan ustedes? circulen, si no van a ayudar circulen”, espetó Ayuso lamentando de esta forma que Vox no haga frente común contra el sanchismo en la región.

“Estamos solos en la defensa de todo”, aseveró. Y un último mensaje: “Me habla de quién nos escribe los discursos, ¿a quién se debe usted?

Yo me debo a la Comunidad de Madrid, esa región que ustedes querían eliminar porque no creen en las autonomías”.

Y de no creer en las autonomías a la defensa del terruño y sus habitantes frente a los que vienen de fuera que realiza Vox en Madrid.

EL ÓRDAGO DE AYUSO: “CUIDADO CON LO QUE DESEÁIS”

La presidenta madrileña, consciente de que el bloqueo en Extremadura puede ser el primer dominó en caer, ha avisado a Vox de que forzar una repetición electoral es una “temeridad” que los ciudadanos no perdonarán.

Ayuso ha sido tajante al señalar que jugar con la estabilidad de las instituciones por “cuotas de poder” es la vía más rápida para regalarle el relato a la izquierda de Sánchez, que ya celebra la fractura del bloque conservador.

“Las urnas no son un juguete para medir egos; si Vox bloquea el cambio en Extremadura, tendrá que explicar por qué prefiere el caos a la gestión”, ha sentenciado la presidenta en un tono que muchos interpretan como una estrategia para blindar su propio liderazgo nacional.

LA RESPUESTA DE VOX: EL “TIC-TAC” DE MOÑINO

Sin embargo, la advertencia de Ayuso ha caído en saco roto.

Ángel Pelayo Gordillo Moreno (y las voces de mando de Vox en la región, representadas por figuras como Juan José Moñino) han respondido con una crudeza que ha helado los ánimos en Génova.

Mejor te cuento que Moñino, en un mensaje cargado de veneno político, ha vaticinado el fin de lo que él llama la “arrogancia del PP”.

Su respuesta ha sido un contundente “Tic-tac”, sugiriendo que el tiempo de las mayorías absolutas o de los gobiernos donde Vox es un simple “invitado de piedra” ha terminado para siempre.

Para Moñino, el PP de Ayuso y Feijóo está nervioso porque sabe que su hegemonía se agrieta; según su visión, la repetición electoral no es un riesgo para Vox, sino una oportunidad para demostrar que sin ellos no hay alternativa posible.

UN ESCENARIO DE MÁXIMA TENSIÓN

Este enfrentamiento se produce en una semana donde la política parece un campo de batalla:

Mientras Rufián advierte en el Congreso que la izquierda se va “al carajo”.

Mientras Marlaska intenta ocultar datos electorales durante 15 años.

Y mientras el caso de las saunas y la corrupción acechan a la Moncloa.

La fractura en Extremadura es el reflejo de una derecha que, en lugar de preparar el asalto al poder nacional, ha decidido empezar una guerra civil por el control del espacio conservador.

CONCLUSIÓN: ¿HACIA UN NUEVO TABLERO POLÍTICO

El “Tic-tac” de Moñino es un aviso para navegantes: Vox está dispuesto a morir matando antes que ceder en sus exigencias de entrar en los gobiernos de forma proporcional a sus votos.

Mejor te cuento que Ayuso se encuentra en una encrucijada; su pragmatismo choca con la ideología de hierro de un Vox que ya no se asusta con la amenaza de las urnas.

El país observa con estupor cómo, tras el descalabro electoral en Aragón, la derecha parece incapaz de aprender la lección, dejando el camino libre para que un Sánchez acorralado por la justicia encuentre en la división de sus enemigos el oxígeno que tanto necesita.