La entrevista emitida por Negocios TV con Alberto Iturralde refleja una visión crítica y profundamente analítica sobre la situación geopolítica y económica global.

Desde el inicio de la conversación queda claro que no se trata únicamente de mercados financieros, sino de un análisis estructural del poder mundial.

Iturralde rechaza la idea de que estemos ante un “nuevo orden mundial” y afirma que lo que vivimos es la continuidad de un modelo de dominación que Europa ha aceptado pasivamente durante décadas.

Según su visión, las élites europeas han actuado históricamente en contra del interés de sus propios ciudadanos.

Esta acusación no se formula de manera superficial, sino que se apoya en la relación histórica entre Estados Unidos y Europa tras la Segunda Guerra Mundial.

El analista describe a Europa como un “territorio liberado” que, en la práctica, ha funcionado como colonia geopolítica de Washington.

Desde este enfoque, las decisiones estratégicas del continente no responderían a la voluntad popular, sino a intereses corporativos y financieros.

Donald Trump aparece en la conversación como un factor disruptivo dentro de ese equilibrio tradicional.

Iturralde sostiene que Trump no busca mantener las formas diplomáticas clásicas y que su forma de ejercer el poder acelera la decadencia del imperio estadounidense.

Esta aceleración tendría consecuencias directas sobre las “colonias”, es decir, sobre los aliados subordinados.

Uno de los ejes centrales del análisis es el comportamiento de los mercados financieros en este contexto de incertidumbre geopolítica.

Iturralde afirma que el oro y la plata continúan siendo activos refugio fundamentales.

Sin embargo, advierte que las fuertes subidas recientes han atraído a inversores puramente especulativos.

Esto, según él, incrementa el riesgo de volatilidad extrema en ambos metales.

La plata, en particular, es señalada como un activo especialmente vulnerable a movimientos bruscos debido a la entrada masiva de nuevos operadores.

Aun así, el experto sigue defendiendo la posesión de metales preciosos en formato físico como forma de protección patrimonial.

En cuanto a la renta variable, su visión resulta sorprendentemente optimista.

A pesar de las tensiones internacionales, Iturralde sostiene que los índices bursátiles continúan mostrando fortaleza.

El bajo nivel de volatilidad en mercados como el DAX o el S&P 500 es interpretado como una señal de continuidad alcista.

El analista explica que los grandes desplomes no ocurren en medio del miedo, sino en momentos de complacencia colectiva.

Por ello, considera que mientras exista preocupación generalizada entre los inversores, el mercado probablemente seguirá subiendo.

Este planteamiento conecta con su interpretación psicológica del comportamiento de masas en los mercados financieros.

Uno de los pasajes más llamativos de la entrevista es su reflexión sobre la Reserva Federal y la política monetaria estadounidense.

Se menciona el precedente histórico de 1972, cuando Richard Nixon presionó a la Fed para bajar tipos de interés con fines políticos.

Iturralde reconoce el paralelismo histórico, pero subraya que el contexto actual es radicalmente distinto.

La deuda estadounidense es hoy colosal, pero el analista sostiene que el verdadero problema estructural se encuentra en Europa.

Según su diagnóstico, Estados Unidos todavía dispone de mecanismos para sostener su hegemonía económica.

Europa, en cambio, carece de recursos estratégicos suficientes y sufre una pérdida progresiva de competitividad.

Este desequilibrio explicaría la fragilidad política y económica del continente frente a las presiones externas.

La entrevista también aborda el papel de China y Rusia en el tablero internacional.

Iturralde critica duramente el relato mediático occidental que presenta a China como una amenaza expansionista.

Desde su perspectiva, Pekín no ha actuado como potencia invasora en las últimas décadas.

El verdadero actor que ha roto las reglas del orden internacional, según él, ha sido Estados Unidos.

Utiliza el ejemplo de Ucrania para ilustrar lo que considera una doble vara de medir en la política internacional.

Su argumento se basa en la idea de que ninguna potencia toleraría bases militares enemigas en su frontera inmediata.

En este contexto, el conflicto con Irán adquiere una dimensión especialmente delicada.

Iturralde interpreta la estrategia de Trump hacia Irán como un intento de controlar la situación y evitar una escalada descontrolada por parte de Israel.

Según esta visión, Washington trataría de liderar el proceso para impedir que Netanyahu actúe unilateralmente.

Se menciona incluso la posibilidad de que ciertas operaciones respondan más a necesidades políticas internas que a objetivos militares reales.

El concepto de “revoluciones de color” aparece como herramienta recurrente en la política exterior estadounidense.

El analista compara las protestas en Irán con episodios anteriores como el Maidán en Ucrania.

Desde su óptica, estos procesos no serían espontáneos, sino promovidos mediante financiación y manipulación externa.

Esta interpretación cuestiona profundamente el relato dominante en muchos medios occidentales.

A pesar de su dureza crítica, Iturralde no presenta a China como una potencia que busque intervenir militarmente en Irán.

Más bien sugiere que Pekín optaría por apoyar económicamente al régimen iraní si la situación se deteriora.

Esta estrategia permitiría a China proteger sus intereses sin involucrarse directamente en un conflicto armado.

La entrevista concluye con una sensación de incertidumbre estructural más que de crisis inmediata.

No se percibe un colapso inminente del sistema, pero sí una transformación progresiva del equilibrio global.

La clave, según Iturralde, reside en comprender que la narrativa oficial rara vez refleja la complejidad real del poder.

Su análisis invita al espectador a cuestionar los discursos predominantes y a observar la geopolítica desde una perspectiva crítica.

Más allá de estar de acuerdo o no con sus afirmaciones, la entrevista ofrece un retrato provocador del mundo actual.

La combinación de economía, psicología de masas y geopolítica convierte su intervención en algo más que un comentario financiero.

Se trata, en definitiva, de una reflexión profunda sobre quién ejerce el poder, cómo lo ejerce y con qué consecuencias para la ciudadanía.

En un entorno mediático dominado por titulares simplificados, este tipo de análisis obliga a detenerse y pensar.

Y quizás ese sea su mayor valor: generar incomodidad intelectual y romper la pasividad del espectador.