El brillante pensador liberal concede una entrevista en la que habla de su trayectoria y de su obra.

Pedro Schwartz: "La educación debe ser privada, la pública tiene fines  políticos" | Opinión
 

Pedro Schwartz es una de las grandes figuras del pensamiento liberal en España y en Europa. Economista, jurista, académico y ensayista, su trayectoria intelectual ha estado marcada por una defensa constante de la libertad individual, la economía de mercado y las instituciones del Estado de derecho. Formado en la London School of Economics, donde fue alumno de Karl Popper, Schwartz ha desempeñado un papel decisivo en la difusión del liberalismo clásico en el mundo hispánico, tanto a través de su obra escrita como de su labor docente, su presencia en el debate público y su implicación en la vida política e institucional española.

Conversar con él supone adentrarse en varias décadas de historia intelectual, política y económica de España, de la mano de uno de sus protagonistas más lúcidos y reconocibles. A sus 91 años, el intelectual galardonado con el Premio Juan de Mariana en 2014 nos recibe en su domicilio madrileño para conversar sobre su vida y obra.

Pregunta: En su vida supuso un antes y un después su paso por Inglaterra en los años 50.

Respuesta: Bueno, fue un gran cambio y una gran sorpresa, porque yo venía de España. En aquel momento había muy poca libertad en España, y mi padre me envió a vivir fuera porque él quería, y yo también quería, ser diplomático. Pero, cuando aprobé las oposiciones, que eran difíciles, aunque las aprobé, la gente del tribunal me dijo que lamentablemente no podían aceptarme como diplomático porque yo no era precisamente un entusiasta de Franco, de hecho era bien sabido que había sido un estudiante activista. Entonces fui a perfeccionar mi inglés en Reino Unido y después, tras pasar algunos años de vuelta en España, fui estudiante en la London School of Economics.

P: Su maestro fue nada menos que Karl Popper.

R: En efecto. Tuve muchísima suerte. Encontré profesores extraordinarios en la London School of Economics. Fue mi segunda etapa en Reino Unido. Hice mi doctorado y me quedé allí unos siete años. Estudié y trabajé con Karl Popper y también con otras figuras intelectuales clave de aquella época. Durante un tiempo fui presidente de la asociación de estudiantes, así que participé mucho en las dinámicas de la LSE.

P: Hay que tener en cuenta que hoy las ideas viajan muy deprisa. Tenemos que ponernos en la piel de alguien que, hace 70 años, salía de un país cerrado y se instalaba en el centro del cosmopolitismo europeo, como era Londres. Así que debió de ser un choque cultural, pero uno que abrazaste plenamente porque llevabas dentro ese impulso innato hacia la libertad.

R: De hecho, lo que descubrí es que aquellas ideas tenían todo el sentido del mundo y me convencí de que un día yo podría ayudar a aplicar en España todas aquellas nociones que estaba aprendiendo en Londres. En aquel momento no teníamos libertad política y la economía aún estaba en fase de apertura, de modo que, para mí, la lección era sencilla: “tengamos allí lo mismo que tienen aquí”.

P: Estudió a John Stuart Mill, un magnífico autor que, todo sea dicho, tiene también encaje en lo que hoy podríamos definir como socialdemocracia.

R: Bueno, estudié a Mill porque así me lo propuso Popper. Me dijo: “¿conoces su obra? ¿Por qué no haces tu tesis sobre él y su pensamiento?”. Y eso hice, claro. Seguí el consejo que me dio, y no solamente hice la tesis, sino que escribí y publiqué un libro sobre Stuart Mill. Conté en todo momento con la ayuda de Karl Popper y también de Lionel Robbins, que era el presidente del tribunal que me concedió el doctorado. Así que, al final, aprendí de Popper, de Robbins y de muchas otras personas de allí. Y también de John Stuart Mill, que es un pensador muy amplio.

P: ¿Por qué cree que Popper le aconsejó estudiar a Mill?

R: Eran textos de auténtica referencia para los pensadores liberales de entonces. También lo era la obra de mi maestro pero claro, no iba a escribir una tesis sobre él (ríe). Recuerdo que vi La sociedad abierta en una librería en Madrid y compré el libro, pero después de leerlo pienso que no entendí del todo lo que quería decir… En cambio, al poco de llegar a la London School of Economics, un día mientras me dirigía al comedor pasé por una puerta donde había una pequeña placa que decía “K. Popper”. Entré y dije: “¿es usted Karl Popper, el autor de La sociedad abierta?”. Y me dijo: “en efecto”. Le contesté: “¿puedo asistir a sus clases?”. Y me respondió: “sí, puede”. Así empezó todo.

P: Para muchos de nosotros hoy, que nos consideramos estudiantes de la tradición liberal, esos autores lamentablemente ya desaparecieron hace tiempo. Pero lo cierto es que Vd. no solamente es un pensador influyente por derecho propio, sino también alguien que trató personalmente a muchos de los gigantes de la intelectualidad del siglo XX. Por ejemplo, trajo las ideas de Karl Popper a España, facilitando su traducción.

R: ¡Incluso lo traje físicamente! (ríe). Hicimos unas jornadas con él en Cantabria. Allí estaban Mario Vargas Llosa, Carlos Rodríguez Braun… Recuerdo cómo conducía un pequeño Fiat y lo lleve a conocer distintas partes de España. Pensadores como él transformaron la forma en que veía el mundo.

Tuve profesores extraordinarios, fue un gran honor… Mi paso por la LSE cambia por completo mi visión. De entrada, me convence a la hora de redoblar mi compromiso con la apertura política y económica. Y, más aún, me ayudó a cultivar un liberalismo que, en mi caso, ha sido esencialmente clásico y muy opuesto al intervencionismo.

P: Su formación abarca la economía pero también el derecho. Hoy en día el liberalismo bebe mucho de lo primero, pero también se apoya menos en el mundo de las leyes.

R: Sí. Bueno, estudié derecho, pero me aburría. Hoy en día he de decir que me arrepiento, porque el derecho es muy importante, como sabemos también por los libros de Hayek. Las leyes son importantes, así que poco a poco me fui dedicando a estudiar el derecho con más profundidad. Las clases de Karl Popper también influyeron en mí a la hora de pensar en cómo organizar un país desde el pensamiento liberal.

Y desde entonces ya no miré atrás. Recuerdo muy bien las clases de Popper, que eran muy, muy interesantes. Por cierto, su piano está en mi casa, porque se lo dejó a mi mujer, Karl Popper, en herencia… Fue realmente una persona muy importante, más que un maestro, un amigo. Conoció a mis hijos, por supuesto, y a mi mujer, y entabló una gran relación con nosotros. Dejó el piano en su testamento, y aquí está. Yo no lo toco. Lo toca mi mujer, y también mi hija, que es cantante. Así que hay mucha música en esta casa.

P: Además de traer esa tradición británica a España, Vd. también fue fundamental a la hora de canalizar al país otras ideas del mundo liberal. La primera vez que acudí al Seminario Lucas Beltrán que Vd. impartía, oí hablar de la Escuela de Elección Pública.

En la siguiente ocasión, de la Escuela de Salamanca. Y en el tercero, de la Escuela de Chicago. Uno salía de Julián Romea con un sinfín de ideas y autores en la cabeza.

R: Me esforcé por traer aquí muchas ideas, porque igual que las aprendí yo quería que otros las conocieran. Hemos recibido una gran influencia de todos esos pensadores, a los que he difundido aquí en España. A veces pienso me convertí en una especie de instrumento para difundir y debatir el liberalismo.

P: Soy el primero que tiene una gran deuda intelectual con Vd. pero, ciertamente, la lista es larga. Ahí están los muchos nombres que han aprendido con Vd., caso de Carlos Rodríguez Braun, Francisco Cabrillo, María Blanco, Juan Castañeda, José María Rotellar… Son algunos de nuestros liberales más apreciados y relevantes. Y Vd. ha sido el denominador común en todas estas trayectorias.

R: No hubiera imaginado que mi vida siguiese el cauce que ha seguido porque, como he dicho antes, yo quería ser diplomático. Aprobé las oposiciones, pero me dijeron: “no, no le queremos como diplomático”. Un tiempo me mandaron a un pueblo, castigado por ser revoltoso contra el régimen…

Gracias a Dios, me convertí en estudiante y me interesé por la filosofía de la libertad. En Londres lo aprendí y luego, siempre que pude, transmití ese conocimiento a España. Estoy muy orgulloso de todos los autores que hicieron su tesis conmigo, así como de las personas que me siguieron a lo largo del tiempo.

P: ¡Incluso entró en política! ¿Por qué dio el paso?

R: Bueno, es una pregunta que yo mismo me he hecho… Ahora que ha pasado el tiempo, creo que fue un error, en el sentido de que ser político es algo muy particular. Tienes que inclinarte ante ideas que quizá no querrías aceptar. Y así me convertí en diputado, y de hecho en uno muy vocal.

Empecé fundando un partido nuevo, la Unión Liberal, y tejiendo una alianza con los populares, para tener voz e influencia en su coalición. Eso nos permitió insertar el discurso liberal en lo que luego fue el Partido Popular de José María Aznar pero, en aquella primera etapa, los conservadores aún estaban buscando su sitio en torno a Manuel Fraga.

P: Hoy entiendo perfectamente que no era el lugar ideal para alguien que quisiera conservar su independencia, desde luego no se puede que la política española sea un campo abierto a la disidencia y al pluralismo político, pero no sé de dónde habrían salido las reformas liberales de los años 90 si no hubiera existido una estructura intelectual liberal que se incrustó en la maquinaria del Partido Popular.

Así que, en cierto sentido, creo que lo que culmina Aznar en los años noventa es la continuación del pequeño partido liberal que Vd. puso en marcha y que supo vincular a un proyecto más amplio. ¿Dónde estaría la derecha española, en términos económicos, si no fuera por esa influencia?

R: Bueno, supongo que en ese sentido sí mereció la pena. solo eso. Hay otro aspecto del que me siento orgulloso. Yo voté a favor de la OTAN en una época en que había mucho debate sobre la cuestión.

Los populares querían abstenerse para retratar las contradicciones del PSOE pero yo tenía claro que con aquello no cabían cálculos electorales y voté a favor. Fui castigado y hasta ahí llegó mi trayectoria política. “Por principios, no podemos ser taciticistas en algo tan relevante como es la adhesión a la OTAN”, dije entonces y volvería a decir hoy.

Llevó a mi caída, y estoy muy orgulloso de ello. Tenía claro que pasarían muchas de las cosas que están ocurriendo ahora, de modo que estaba claramente a favor de la OTAN y del tipo de políticos favorables a la defensa de Occidente ante las amenazas que existían entonces o que proliferan hoy. Para establecer la libertad, la seguridad es esencial. Estoy orgulloso de ese momento de mi vida política.

P: Por cierto, había una mujer en su partido que, por supuesto, no era muy conocida entonces, pero que se convirtió en una figura gigantesca de la política española.

R: Mi amiga Esperanza Aguirre. La elegí yo. La señalé con el “dedazo”, por algo era el jefe del partido… (ríe). Y le dije, “Esperanza, ven con nosotros y sé nuestra voz en Madrid”. De modo que se volcó con la Unión Liberal y entró en política municipal cuando en el Ayuntamiento de Madrid todo estaba dominado por la izquierda. El resto es historia.

P: Hay liberales que miran con admiración el hecho de que un intelectual como Vd. constituyese con éxito un partido que logró tener influencia desde el primer momento en los asuntos del centro-derecha.

R: Yo estaba ya al final de mi etapa en la LSE, como creyente y defensor de la libertad económica. Y quería que el nuevo partido que estaba organizando Fraga se convirtiera en un defensor de la libertad. Los años 90 demostraron que aquel esfuerzo cambió la manera en que vemos la política económica aquí en España.

Yo estaba muy a favor de la libertad económica, algo que mucha gente no aceptaba en la España de entonces, pero empezaron a cambiar de parecer una vez que fundé esa pequeña agrupación, que en efecto se fusionó con la derecha conservadora.

P: Curiosamente, le tocó hacer el marcaje al ministro Miguel Boyer, que adoptó varias reformas liberales.

R: Nunca dejé de aplaudir los aciertos que hubo, porque la verdad es que los hubo. Recuerdo bien cuando Boyer, que en efecto estaba en un gobierno del Partido Socialista, defendió la idea de la libertad de horarios comerciales, la libertad de precios del alquiler de vivienda y otras reformas de ese tipo.

Yo estaba enfrente, en el otro lado del hemiciclo, pero lo que hice después de que hablara fue dirigirme a su escaño y felicitarle. Había hecho algo muy bueno, y aquella felicitación no fue precisamente bien recibida entre mis compañeros de filas.

 

R: Yo era monárquico, defendía la idea de un rey porque pensaba, y pienso, que sería una forma de amortiguar los muchos errores que se podrían haber ocurrido al diseñar el nuevo sistema y, sin duda, creo que esa etapa marcó la diferencia.

Yo había conocido a Don Juan Carlos y tenía buena opinión de sus planes para España, de modo que intenté ayudar a la monarquía siempre que pude. Recuerdo el golpe del 23-F. Yo estaba impartiendo una conferencia y de repente vi que la gente empezaba a hablar, que algunos estaban escuchando la radio…

Un tipo me dijo: “don Pedro, al parecer se está desarrollando un golpe de Estado”. Recuerdo que esa noche apareció el Rey en televisión y dio instrucciones claras a los oficiales del Ejército, parando todo aquello.

Yo estaba desesperado: “Dios mío, otra vez no. No puede volver a pasar”. Ya tuvimos a Franco, no podíamos revivir eso… Recuerdo al monarca con uniforme militar, diciéndole a los oficiales golpistas que volviesen a sus cuarteles. Pero la amenaza fue real, los tanques estaban allí. Los tanques estaban en Valencia y los golpistas iban en serio.

Aquello fue un paso gigantesco para nosotros. Ahora somos una democracia consolidada. Se pueden criticar algunas cosas que hacen los políticos, pero necesitamos que se escuche la voz del pueblo y eso es algo que hay que defender siempre.

La adhesión a la monarquía me venía, de entrada, por influencia de mi familia, que de hecho me empezó a hablar de esa eventual Transición cuando vivimos en Suiza. Además, yo pensaba que en España necesitábamos volver a algo que no fuera una forma absoluta de entender la política.

Era necesario tener a alguien que pudiera unir a quienes habían estado a favor del republicanismo y de otras opciones. La monarquía era el tipo de institución que necesitaba un país enfrentado consigo mismo.

Tener un Rey es una cosa curiosa para algunos, pero no hay ninguna contradicción, de hecho se trata de tener una figura que esté por encima de las luchas políticas que se habían dado en España, incluso durante la República en los años 30.

Había una serie de personas que pensaban que si teníamos un monarca por encima de la política, alguien que pudiera ayudar a que, al margen dejar de pelear entre nosotros por cuestiones legítimas, tuviésemos un fuero común claramente establecido y compartido.

La gente ha criticado muchísimo a Franco, yo el primero, y fui represaliado por mis andanzas estudiantiles, pero también hay que decir que fue él quien quiso un Rey aquí en España, y en eso tuvo razón.

Era una buena idea tener a alguien por encima de la política. Recuerden esa anécdota de Franco hablando un día con uno de sus ministros y diciéndole “haga como yo, no se meta en política…”. En cierto modo, cuando la política es muy partidista y muy divisiva, y esto quizá no conecte con la realidad de otros países, donde se pueden formar acuerdos de coalición y demás, pero desde luego que, en un país como España, donde por desgracia hay muchísimas tensiones entre las distintas corrientes políticas, ese factor mediador fue y ha seguido siendo relevante.

P: Apoyó también a Aznar, quien adoptó muchas ideas liberales para su programa económico.

R: Aznar fue alguien a quien apoyamos muchos españoles en los años 90 porque pensábamos que podía hacer las cosas correctas, y en efecto las hizo. Implantó muchas reformas, como la liberalización de mercados donde se privatizaron además las empresas estatales. Instauró una política de responsabilidad presupuestaria, reduciendo el déficit y la deuda. Logró que España entrase en el euro.

La idea para los españoles era entrar en la Unión Europea, primero, y en la Eurozona, después, para resolver muchos de los problemas que arrastrábamos, en el sentido de que, para mucha gente, ser europeísta era una forma de decir que uno estaba a favor de la libertad y de la democracia.

Y esa era muy claramente la actitud del gobierno y de la oposición en España. Al entrar en la Unión y en la Eurozona, dejamos atrás algunas de las dinámicas menos positivas de nuestra política doméstica. Y eso fue, en efecto, lo que ocurrió.

Entrar en la Eurozona era otro paso para que lo que estábamos haciendo tuviese salvaguardas en pie, listas para defender y proteger los avances conseguidos.

P: De hecho, hoy, si hoy miramos los indicadores de libertad económica, las mejores puntuaciones de España se dan precisamente en aquellas áreas donde la política económica no se decide estrictamente a nivel nacional, sino de manera conjunta. Pienso en la libertad financiera, la libertad de comercio o la estabilidad monetaria. Y Aznar tenía todo eso claro.

R: Bueno, no era solamente un líder capaz, sino también un hombre que me brindó su respeto y su confianza, de modo que solamente tengo buenas palabras. Creo que muchas de las cosas que llevó a cabo eran necesarias para España y que han dejado un buen resultado. Lo que hizo el gobierno de Aznar ha permanecido en el tiempo.

La gente recuerda de verdad con optimismo aquella etapa de libertad económica, y creo que volveremos a ver un periodo así, con el paso del tiempo.

Aznar fue, para muchos de nosotros, una esperanza y una realización. Llegó muy lejos en lo que hizo. Y ahora, una vez más, volvemos la vista hacia él. Se retiró de la política aún siendo joven, pero volvemos a su ejemplo para cambiar la forma en que hacemos política y política económica en España.

¿Por qué estaba tan comprometido con aquel programa de reformas? Pues la verdad, no lo sé, tampoco hablamos de alguien que hubiese estado estudiando en la LSE como yo, tenía otra historia de vida, pero ciertamente tenía claro que este era el camino, en la Fundación Faes siempre apostó por diseñar reformas que luego pudieran ser implementadas y que tuviesen ese elemento liberal siempre presente. Por cierto, creo que también hubo influencia de su mujer. Ana fue muy importante. ¡Las mujeres son muy importantes!

P: Desde luego que sí… Otra cuestión que quería plantearle es el modelo liberal de la Comunidad de Madrid.

R: ¡En efecto! Al haber tenido siempre una relación tan estrecha con Esperanza Aguirre, supongo que mi influencia sobre la política económica madrileña ha sido bastante importante.

Y todo eso sigue con nosotros, sigue en vigor, sigue en pie. La gente todavía se refiere a la etapa de libertad económica de Esperanza como un tiempo que lo cambió todo. Ella ha dicho muchas veces que yo fui su maestro y le estoy agradecido por esa deferencia.

P: Hoy en día hay muchos jóvenes que se acercan a estas ideas. ¿Qué les diría?

R: Muchas cosas… Es importante conocer la influencia y la trayectoria de la Escuela de Salamanca, porque su forma de entender la política y la economía ha terminado influyendo en la vida española mucho más de lo que la gente cree. Hay jóvenes que se acercan a nuestras ideas porque ven que España no va por buen camino.

La gente está perdiendo la paciencia, y los votantes están cada vez más cansados de los errores que está cometiendo este gobierno. Le diría, por tanto, a todos los que buscan alternativas que miren el éxito de las reformas que impulsó Esperanza Aguirre, porque gracias a Dios fueron cambios que vinieron para quedarse y hoy Madrid es lo que es gracias a aquello.

Volveremos a tener una España que avanza cuando termine este periodo tan difícil que estamos atravesando.
El pensamiento liberal, la economía liberal, la competencia y el sistema político abierto son cosas que han venido para quedarse gracias a todo lo que consiguió en su día.

Cuando luchábamos por introducir esas ideas en la vida española, recuerdo que la gran lucha que tuvimos que librar era la de la tentación intervencionista, porque veníamos de muchas décadas de gobierno de Franco y la gente estaba acostumbrada a que el Estado adoptase siempre un lugar preponderante en la vida de las personas. Ahora la gente está de acuerdo en que tenemos que hacer algo distinto. Así que debemos conservar la tradición liberal y renovarla.

El esfuerzo de tiempos pasados ha merecido la pena y, pese al tipo de gobierno que tenemos hoy, soy optimista de cara al futuro.

P: Vd. se ha esforzado mucho por hacer divulgación liberal como columnista en periódicos o como experto en television y radio. En cierto sentido ha sido un periodista liberal, además de un académico y un intelectual.

R: Bueno, yo lo que diría es que simplemente he sido alguien que escribe ensayos, pero se esfuerza porque las ideas de esos ensayos lleguen a más gente.

Aprendí mucho de Milton Friedman en ese sentido. Trajimos a España su documental Libertad de elegir, que logramos que se emitiese en televisión. Hablo en plural porque aquello fue un logro compartido con Carlos Rodríguez Braun. ¡Hay que llegar a más y más gente! Eso Friedman lo tenía claro.

P: Hablando de Friedman, Vd. acudía a las reuniones de la Mont Pelerin Society y, de hecho, ha llegado a presidir dicho foro, que se puso en marcha tras la II Guerra Mundial para reunir a los más importantes pensadores liberales de todos los rincones del mundo.

R: Para mí ha sido un inmenso honor. También recuerdo con cariño los encuentros de Liberty Fund en los que participe junto a Milton, junto a Friedrich Hayek, junto a Ronald Coase, junto a George Stigler…

P: Su mejor libro se titula En busca de Montesquieu y nos ofrece una reflexión sobre la fragilidad de las instituciones liberales.

R: Sí, creo que siempre hace falta mirar atrás y recordar cuáles son las fuentes y las tradiciones que dan pie a nuestros sistemas políticos y económicos.

¡Quienes combaten las ideas de la libertad terminarán perdiendo la batalla, porque los mejores están de nuestro lado! Tenemos en el equipo a Montesquieu, a Friedman… (ríe). Pero, como digo, siempre hay que dar la batalla y entender que las libertades que tenemos hoy se han conquistado y se pueden perder si las descuidamos.

Luego está también la tentación de quienes piensan en la libertad y la defienden, tanto en lo económico como en lo político, pero siempre acaban peleándose entre sí, diciendo “mi pequeño grupo es diferente a este otro pequeño grupo”. Creo que eso es algo que hemos trabajado bien en España, donde las personas favorables a la libertad están cada vez más juntas y trabajan cada vez más unidas. Quizá eso sea algo que podemos enseñar a otros.

Desde luego que en la Mont Pelerin Society había polémicas muy intensas, pero todos estábamos en el mismo barco. En España tenemos liberales que tienen formas distintas de entender la sociedad, pero no nos estamos peleando entre nosotros; al contrario, incluso con nuestras diferencias, avanzamos juntos para poder reivindicar nuestro pensamiento político y económico.

 

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R: Bueno, como ya hablamos de Karl, te diré que Milton fue un brillante polemista, lo atacaban y se defendía con tal brillantez que uno se quedaba boquiabierto ante su continuo despliegue de elocuencia. Lo trajimos a España. Recuerdo la visita de Ronald Reagan a Madrid, fue un gran presidente… Y luego está el tiempo que compartí con Friedrich Hayek. Visitó España y lo llevamos a Salamanca.

Se sentó en las mismas aulas en que trabajaron los pensadores escolásticos y allí hizo una defensa de la libertad como una filosofía basada en confiar en las personas, en reconocerles su plena capacidad para tomar decisiones, para acertar o equivocarse, y de esa forma encontrar un camino. Hayek era por cierto una persona de trato más difícil que otros invitados de la MPS, pero sin duda tenía una mente privilegiada.

P: Mirando al futuro, en España necesitamos menos gasto, menos impuestos y menos regulación, pero también me preocupa mucho el deterioro del Estado de Derecho.

R: Bueno, la prioridad es obedecer la Constitución y recuperar los elementos de la misma que han quedado erosionados o desvirtuados. Esto no es sencillo, claro, porque la Constitución no solamente no está siendo obedecida y reivindicada, sino atacada por determinados socialistas que están en el poder.

Los socialistas no tienen ningún reparo en atacar la libertad. Así que, una vez más, tenemos la suerte de contar con la Constitución de 1978. No es perfecta, pero es la referencia que podemos tomar en consideración a la hora de organizar nuestras vidas.

La batalla ante el socialismo siempre es compleja, pero podemos hacerlo, podemos ganar, ya hemos ganado en el pasado, y las ideas básicas están ahí. ¡Hay que volver a la Constitución! Necesitamos políticos que obedezcan la Constitución y la apliquen en la práctica.

Y eso es algo que a veces parece estar en peligro, pero creo que la opinión general de los españoles es favorable a mantener el respeto por el marco que nos da Constitución y defender una España de apertura política y económica.

Algunas personas están pensando en dividir España en muchos sistemas distintos, y eso no nos ayuda. Por eso, reivindiquemos la Constitución y también la tradición liberal española.

El propio término liberal nace aquí, cuando Napoleón nos invadió. Por lo tanto, hay una tradición histórica muy importante y eso tenemos que defenderlo y actualizarlo para influir en la política.

P: A sus 91 años veo que sigue con las botas puestas, escribiendo y participando activamente en el debate intelectual. Por eso, creo que todos los liberales españoles le estamos muy agradecidos.

También quiero decir, por supuesto, que yo personalmente tengo una gran deuda con Vd., sobre todo por todo lo que aprendi a su lado en el Seminario Lucas Beltrán. De modo que, más que una última pregunta, quiero darle las gracias por su obra y su extraordinario legado.

R: Estás siendo demasiado amable. Hemos logrado lo que hemos logrado trabajando mucha gente, todos juntos. Los liberales de la economía, de los medios de comunicación, de la filosofía y el pensamiento… Todos hemos intentado establecer una forma distinta de entender la sociedad y la política.

Puede que no seamos muchísimos, pero sí somos más que en los años 80, eso seguro, y no solamente no hemos ido a menos, como ha pasado en algunos países, sino que seguimos ahí y somos una voz en la política española. Eso es algo que debería valorarse.

Así que, sabiendo que estás aquí conmigo, confío en que lo que he defendido siempre es algo que también tiene continuidad a través de ti y de muchos otros. Estoy muy contento y muy agradecido por esta conversación.