ENTRE EL MAQUILLAJE POLÍTICO Y LA CRUDA REALIDAD BAJO LA LUPA DE UN COMUNISTA

Roberto Vaquero tuvo como profesor universitario a PABLO IGLESIAS y explica  sus surrealistas clases

De los viajes en busca de un ideal a un amargo despertar frente a una realidad distorsionada: La historia de Roberto Vaquero —líder del Frente Obrero— y su travesía para desmascarar la verdad sobre la “isla de la libertad”, un lugar donde la libertad es un privilegio exclusivo de la élite.

Mientras figuras de la extrema izquierda como Pablo Iglesias se dedican a “blanquear” la dictadura cubana desde la comodidad de resorts de lujo, Roberto Vaquero, líder del Frente Obrero, ha decidido romper el silencio con una verdad demoledora.

Quien fuera una vez un ferviente defensor del castrismo, relata cómo sus viajes a la isla se convirtieron en la mayor crisis de identidad de su vida al descubrir que el supuesto “paraíso socialista” es, en realidad, un régimen opresivo y burocrático.

Vaquero denuncia la hipocresía de las delegaciones internacionales que, bajo el pretexto de la “solidaridad revolucionaria”, disfrutan de privilegios vedados para el pueblo cubano.

“Parecía que iban al mojito revolucionario y a las discotecas”, señala, comparando esta actitud con el turismo sexual que tanto critican.

Al apartarse de las rutas turísticas oficiales, el líder del Frente Obrero descubrió la “Cuba real”: un país colapsado, sin socialización de la producción y dominado por una casta política que vive de espaldas a la miseria del pueblo.

La decepción de Vaquero alcanzó su punto máximo al conocer a los cuadros del Partido Comunista. Los describe como “vividores” que operan en el mercado negro y cuya única aspiración es huir hacia Occidente.

Asimismo, desmitifica el papel de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), calificándolos como órganos de represión y vigilancia donde la gente participa no por convicción, sino por la necesidad de obtener migajas o prebendas del Estado.

El relato es tajante: Cuba pasó de ser una colonia estadounidense a una “colonia soviética”, vendiendo su soberanía a cambio de armamento sin lograr jamás la industrialización ni la libertad para su gente.

Hoy, la isla exhibe una desigualdad obscena donde los mejores hoteles y playas son propiedad privada de los amigos del régimen, prohibidos para los cubanos de a pie.

Frente a la propaganda que asegura que en Cuba “no hay vagabundos”, Vaquero es testigo directo de la indigencia en las calles.

Su conclusión es una bofetada a la izquierda caviar: el régimen castrista no es socialismo, es una dictadura nacionalista y represiva que utiliza la ideología como una máscara para mantener a una élite en el poder mientras el pueblo padece la falta de libertad y la miseria más absoluta.

El líder de Frente Obrero describe la miseria y falta de libertad existente en la isla y como comunista que es, reniega de la dictadura que padecen los cubanos

Roberto Vaquero cuenta la verdad de Cuba que Pablo Iglesias oculta

Yo he ido dos veces. Estuve en una brigada como la que han montado ellos.

Y además en la primera estuve en El Montero, en la misma, cuando estábamos en la juventud comunista, hace muchísimo tiempo. Yo lo que contaba es que allí te van enseñando lo bonito. Te llevan al hotel de la Juventud, piscina, todo magnífico. Llega un momento en el cual la gente va muy de fiesta.

Pero yo siempre he sido un tío muy recto y a mí no me gustaba eso. Parecía que iban la solidaridad, el mojito revolucionario, discotecas… Eso es lo que pasaba. Y cuando yo viví allí dije: «¿Qué se iban y no sé qué?».

Yo dije: «¿Qué diferencia a los guiris que hacen turismo sexual?». Entonces yo cogí y me aparté bastante de eso. Me recorrí un poco la Cuba real.

Ha sido la mayor crisis de mi vida. Pensaba que era el paraíso socialista. No vi ni socialización de los medios de producción. Vi un partido burocrático, nacionalista, martiano, represivo que no tiene nada que ver con el socialismo ni con lo que yo pensaba. Cuando volvía dije: ¿Esto qué es?.

Como trabajaba mucho con la gente de la embajada, hacía muchas cosas contra los opositores de protección y mi grupo igual. Cuando volví dije: «En la vida vuelvo a ayudarles a nada».

Volví al año siguiente, me ayudaron como a Iglesias ahora. De “vente y te enseñamos la realidad de Cuba”. Me llevaron a la Escuela de Cuadros del Partido Comunista, que tengo las fotos por si alguien quiere decir algo. Era peor todavía.

Yo conocía los del partido y me dio más repulsión. Estos son los más vividores, los que te dan cosas en negro para que las lleves a España, los que luego se quieren venir para acá corriendo. Entonces yo volví de allí y dije: «Fuera». Es la peor crisis de identidad que he tenido.
A Cuba fuí siendo muy pro-régimen y muy castrista y me volvi siendo un furbundo anti-castrista y hasta hoy. He seguido siendo así contra el chavismo, contra todo lo que ha generado allí y todo lo que he visto allí y a mi lo que me quieran contar en sus hoteles y en sus fiestas… y en sus hoteles…

Yo cuando hice amigos cubanos, visité los CDR’s, el Comité de Defensa de la Revolución, que va como por zonas y que son los que controlan, vigilan.

Sí tiene un papel represivo, pero incluso hablando con ellos, la mitad le daba igual, estaban ahí por prebendas. Igual conocí gente del Partido Comunista (porque yo sí).

Y yo les decía: «Pero esto no pega con nuestra ideología».

Y me decían: «Yo estoy aquí porque contigo tengo acceso a esto, voy a las listas antes que tal…». Me he seguido carteando con esa gente (que tengo las cartas desde hace 20 años) de gente del Partido Comunista, incluso lo sigue siendo.

Pero no eran comunistas. Y yo les decía: «Es que tú no eres comunista». «Yo lo soy».
Y luego, cuando estudié Historia y profundicé, el que era el Partido Comunista en Cuba era el PSP, el Partido Socialista Popular.

Fidel Castro se hace comunista porque quiere depender y que le proteja la Unión Soviética. Y pasa Cuba de ser una colonia de los Estados Unidos a lo que para mí fue una colonia de los soviéticos.

¿Y si tú no industrializas el país, no le das libertad a la gente para elegir soberanamente lo que quieren ser y lo que no? ¿Qué te diferencia de los que había antes? Nada.
Hay una relación con el régimen, cuestiones militares también, porque el armamento bueno que tenía Cuba en su momento era de los soviéticos y era cambio de vender su soberanía, porque no eran países soberanos.

Luego, sobre lo que él dice, en todos los sitios hay cosas buenas, pero yo quiero decir un par de cosas.

Esos hoteles en los que sale Pablo Iglesias y compañía, para que la gente lo sepa: que en Cuba sí hay propiedad privada, nada más que en manos de unos pocos. Tienen playas privadas donde no pueden ir los cubanos. Hay zonas que son de empresas que mandan los amigos de los que mandan.

Y luego, aparte, ¿qué puedes invertir en Cuba si tienes un socio cubano? ¿Quién es el socio cubano que puedes tener? Uno de los amigos del gobierno. Porque un cubano pobre, ¿qué socio va a ser?
En Cuba no hay vagabundos, es la frase que se dice siempre. Bueno, pues yo cuando fui sí vi.

Entonces bueno, ¿ha habido más desarrollo que en otros países porque ha habido mucha corrupción en esos países? Sí, porque tienen ayuda del desarrollo de una potencia que era la Unión Soviética del post-20 congreso.

De los viajes en busca de un ideal a un amargo despertar frente a una realidad distorsionada: La historia de Roberto Vaquero —líder del Frente Obrero— y su travesía para desmascarar la verdad sobre la “isla de la libertad”, un lugar donde la libertad es un privilegio exclusivo de la élite.

En el espectro político español, Roberto Vaquero no es un nombre cualquiera. Es un comunista de formación rígida, un hombre de disciplina y lucha de clases.

Sin embargo, este mismo hombre, que una vez estuvo dispuesto a sacrificarse por el ideal, acaba de lanzar un jarro de agua fría sobre antiguos aliados como Pablo Iglesias, quienes siguen empeñados en realizar “peregrinajes” a Cuba para blanquear una dictadura que se pudre por dentro.

El guion del “blanqueo” y la cortina de humo de la élite Vaquero relata su experiencia con una repulsión evidente. Visitó Cuba en dos ocasiones, no como un turista común, sino como parte de brigadas de la juventud comunista.

Allí, presenció un “guion” perfectamente orquestado: hoteles de lujo, piscinas cristalinas, mojitos sin fin y fiestas hasta el amanecer. Es lo que él denomina la “solidaridad del mojito”.

“Veía a gente que se decía revolucionaria comportándose igual que los guiris que van a Cuba por turismo sexual barato”, afirma Vaquero con amargura.

Mientras los líderes de la izquierda europea se dedican a posar para fotos icónicas, ignoran deliberadamente que fuera de los muros de esos hoteles existe otra Cuba: una isla empobrecida, agotada y privada de cualquier derecho fundamental.

La cruda verdad sobre el “Socialismo” isleño El punto de inflexión para Vaquero ocurrió cuando decidió romper con las rutas oficiales para adentrarse en la vida real de los cubanos.

En lugar de una sociedad igualitaria, encontró una maquinaria burocrática asfixiante. Cuba no posee una socialización de los medios de producción; es un Estado controlado por un partido único de corte nacionalista, represivo y basado en el culto a la personalidad.

Roberto Vaquero (@RobertoVaqueroArribas) • Facebook

En la Escuela de Cuadros del Partido Comunista, Vaquero fue testigo de la degradación moral en su máxima expresión.

Los altos mandos no creían en el comunismo; eran “vividores” que aprovechaban sus cargos para lucrarse ilícitamente, mover mercancías en el mercado negro y cuya única aspiración real era huir hacia España en cuanto tuvieran oportunidad.

Redes de vigilancia y el control del estómago El sistema de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), vendidos como órganos de participación popular, son en realidad una red gigantesca de delación.

Vaquero habló con sus miembros y descubrió una verdad desgarradora: no trabajan por ideología, sino por prebendas.

Participan para estar en las listas de suministros o para obtener pequeñas ventajas diarias. Es una sociedad donde la supervivencia se utiliza como moneda de cambio política para obligar a la gente a vigilarse entre sí.

Una neocolonia y la desigualdad profunda Vaquero ofrece también un análisis histórico punzante: Fidel Castro no liberó a Cuba. Simplemente cambió la dependencia de Estados Unidos por la de la Unión Soviética a cambio de protección militar.

El resultado fue un país sin industrialización real, una economía parásita y una división de clases más feroz que la anterior.

Hoy, esa desigualdad es obscena en las playas privadas y resorts donde los cubanos tienen prohibida la entrada. La propiedad privada existe, pero solo para los “amigos” del régimen.

La mentira de un país “sin indigentes” se desmorona cuando Vaquero relata haber visto la miseria deambulando por las calles de La Habana, lejos de los focos de la propaganda oficial.

Conclusión: Un despertar necesario Para Roberto Vaquero, Cuba ya no es el “faro de la revolución”. Es una lección brutal sobre cómo el poder absoluto en nombre de un ideal degenera en un infierno terrenal.

Al ver a líderes actuales defender ese sistema, Vaquero solo percibe un ridículo histórico. La realidad de Cuba es un recordatorio de que ningún paraíso puede construirse sobre la opresión, el privilegio de unos pocos y la mentira sistemática.