La primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, lanzó una advertencia contundente que ha sacudido el tablero político internacional.

El 5 de enero, la mandataria danesa afirmó que todo podría venirse abajo si Estados Unidos llegara a atacar Groenlandia.

Sus declaraciones se produjeron tras nuevas amenazas del presidente estadounidense Donald Trump sobre la posibilidad de tomar el control de la isla ártica.

En una entrevista concedida a la cadena TV2, Frederiksen subrayó la gravedad extrema de un escenario de confrontación entre aliados.

La primera ministra fue tajante al advertir que un ataque entre países miembros de la OTAN tendría consecuencias irreversibles.

“Si un país de la OTAN ataca a otro país de la OTAN, todo se acabará”, afirmó con firmeza.

Según Frederiksen, no solo estaría en riesgo la Alianza Atlántica, sino también el sistema de seguridad internacional vigente desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

La mandataria recordó que la OTAN ha sido un pilar fundamental de estabilidad durante más de siete décadas.

Cualquier quiebre interno supondría una amenaza directa al orden internacional basado en normas.

Frederiksen insistió en que las fronteras actuales deben ser respetadas sin excepción.

Aseguró que Dinamarca no tolerará amenazas provenientes de Washington hacia su territorio ni hacia Groenlandia.

“No aceptamos una situación en la que Groenlandia y nosotros seamos amenazados de esta manera”, enfatizó la primera ministra.

La líder danesa dejó claro que toma muy en serio las declaraciones del presidente Trump.

Sin embargo, también aseguró que su gobierno trabaja activamente para que la crisis se resuelva de forma pacífica.

“Creo en la democracia y en un orden internacional basado en normas”, afirmó Frederiksen durante la entrevista.

Al mismo tiempo, aclaró que no se considera una dirigente nerviosa, pero tampoco ingenua.

Reconoció que existe la posibilidad real de que Estados Unidos actúe para imponer sus intereses estratégicos.

Estas declaraciones reflejan la creciente preocupación de Dinamarca ante el tono cada vez más agresivo de Washington.

Frederiksen también rechazó las acusaciones de que su país no invierte lo suficiente en la seguridad del Ártico.

Recordó que Dinamarca ha destinado cerca de 90.000 millones de coronas danesas para reforzar la defensa de la región.

Esa cifra equivale aproximadamente a 12.050 millones de euros.

Según la mandataria, estos recursos demuestran el compromiso real de su gobierno con la seguridad regional.

El Ártico se ha convertido en una zona de creciente interés geopolítico para las grandes potencias.

El deshielo provocado por el cambio climático ha abierto nuevas rutas marítimas estratégicas.

Además, la región alberga importantes recursos naturales aún sin explotar.

Estados Unidos, Rusia y China han intensificado su presencia e influencia en esta zona clave.

Las declaraciones de Frederiksen se producen en un contexto de fuerte respaldo europeo a Dinamarca.

La Comisión Europea expresó su apoyo explícito frente a las reiteradas declaraciones de Trump sobre Groenlandia.

Varios jefes de Estado y de gobierno europeos también manifestaron su solidaridad con Copenhague.

El mensaje europeo fue claro en defensa de la soberanía danesa y del respeto al derecho internacional.

Por su parte, el primer ministro de Groenlandia, James Frederik Nielsen, condenó duramente las palabras de Trump.

Nielsen calificó las declaraciones del presidente estadounidense como una falta de respeto inaceptable.

“La retórica actual y reiterada que proviene de Estados Unidos es totalmente inaceptable”, afirmó.

El líder groenlandés denunció que Trump haya vinculado a Groenlandia con Venezuela y con una posible intervención militar.

Según Nielsen, esas comparaciones no solo son incorrectas, sino profundamente ofensivas.

Aseguró que Groenlandia no puede ser tratada como un objeto estratégico negociable.

La indignación en la isla refleja un sentimiento creciente de defensa de su identidad y autonomía.

Groenlandia, aunque forma parte del Reino de Dinamarca, cuenta con un alto grado de autogobierno.

Su población rechaza mayoritariamente cualquier intento de control extranjero.

Posteriormente, Donald Trump volvió a referirse al tema desde el avión presidencial.

En un tono evasivo, el mandatario estadounidense dijo que no quería hablar de Groenlandia en ese momento.

“Hablemos de Venezuela, de Rusia y Ucrania”, declaró ante los periodistas.

Trump afirmó que Groenlandia se abordaría más adelante, primero en dos meses y luego en veinte días.

Esta ambigüedad no disipó las preocupaciones internacionales.

El presidente estadounidense insistió en que Groenlandia está rodeada de barcos rusos y chinos.

Según Trump, Dinamarca no sería capaz de garantizar la seguridad de la isla.

Estas afirmaciones aumentaron aún más la tensión diplomática.

Analistas internacionales advierten que este tipo de declaraciones debilitan la cohesión de la OTAN.

La posibilidad de un conflicto interno en la Alianza Atlántica genera inquietud global.

Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, la OTAN ha evitado enfrentamientos directos entre sus miembros.

Un quiebre de ese principio sentaría un precedente peligroso.

La postura firme de Dinamarca busca frenar cualquier intento de presión unilateral.

Frederiksen ha optado por combinar firmeza política con llamados al diálogo.

El objetivo declarado es evitar una escalada que ponga en riesgo la estabilidad global.

La crisis de Groenlandia se suma a otros focos de tensión en el escenario internacional.

Venezuela, Ucrania y el equilibrio de poder global forman parte de un mismo contexto volátil.

Las palabras de Trump han sido interpretadas como parte de una estrategia de presión geopolítica.

Sin embargo, para Dinamarca y Groenlandia, se trata de una amenaza directa a su soberanía.

El desenlace de esta disputa aún es incierto.

Lo que está claro es que Groenlandia se ha convertido en un símbolo del nuevo orden geopolítico en disputa.

La comunidad internacional observa con atención cada movimiento.

Cualquier error de cálculo podría tener consecuencias de alcance global.

La advertencia de la primera ministra danesa resuena como una llamada de atención urgente.

El futuro de la OTAN y de la seguridad internacional podría depender de cómo se gestione esta crisis.