La escalada de tensión internacional vuelve a situarse en el centro del debate político y mediático.
La reciente entrevista emitida por Negocios TV con el analista Juan Antonio de Castro ofrece una radiografía inquietante del momento geopolítico que atraviesa el mundo.
Durante más de trece minutos de conversación, el experto desgrana su visión sobre la amenaza de un nuevo conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán.
La charla comienza con una pregunta directa sobre la posibilidad de un ataque militar contra Teherán.
El propio entrevistado reconoce desde el principio que no existe una certeza absoluta.
Aun así, advierte de que el clima de tensión es real y creciente.
De Castro subraya que la retórica de Donald Trump continúa endureciéndose.
Considera que el expresidente estadounidense mantiene una estrategia basada en la presión constante.
Según su análisis, esa estrategia contribuye a aumentar la incertidumbre global.
Uno de los ejes centrales de la conversación es la denominada “guerra de los doce días” entre Israel e Irán.
El analista cuestiona el relato oficial difundido por diferentes gobiernos.
Asegura que la versión estadounidense, que presentaba el bombardeo como un golpe devastador contra el programa nuclear iraní, no se ajusta completamente a la realidad.
También critica el discurso israelí que minimizaba los daños sufridos en su territorio.
A su juicio, la capacidad de respuesta iraní fue mucho mayor de lo que se reconoció públicamente.
Sostiene que los ataques contra infraestructuras y objetivos militares israelíes fueron significativos.
Afirma que, si la opinión pública conociera todos los detalles, la percepción sobre el equilibrio de fuerzas cambiaría sustancialmente.
El entrevistado insiste en que Irán no debe ser subestimado.
Describe al país persa como un actor con peso estratégico real en la región.
Considera que Occidente comete un error al tratarlo como una potencia menor.
Al mismo tiempo, introduce una reflexión humana y política.
Diferencia entre la crítica al régimen iraní y el respeto hacia el pueblo iraní.
Subraya que las víctimas civiles merecen siempre compasión y memoria.
Reconoce el horror de las miles de muertes producidas durante los enfrentamientos.
Defiende que una nación no debe ser condenada colectivamente por las decisiones de sus dirigentes.
Desde su punto de vista, el pueblo iraní merece un futuro digno.
El analista también cuestiona duramente las exigencias occidentales sobre el programa nuclear iraní.
Considera irrealista exigir la paralización total del enriquecimiento de uranio.
Sostiene que se trata de una demanda políticamente inviable.
Recuerda declaraciones de responsables iraníes que afirman que Estados Unidos nunca mostró un interés real en negociar.
Según esa interpretación, el conflicto nuclear sería solo una excusa dentro de una estrategia geopolítica más amplia.
Para De Castro, detrás del enfrentamiento hay intereses estructurales mucho más profundos.
Otro de los momentos más delicados de la entrevista llega cuando aborda la posibilidad de una escalada nuclear.
El analista advierte de que, si Israel se sintiera existencialmente amenazado, podría contemplar el uso de armamento nuclear.
Aclara que no existen pruebas de que Irán disponga actualmente de una bomba atómica.
No obstante, señala que el riesgo de una escalada extrema no puede descartarse por completo.
Define ese escenario como una línea roja para la humanidad.
Advierte que el mundo se mueve peligrosamente cerca de un punto de no retorno.
La conversación también se centra en la postura de la Unión Europea.
El entrevistado se muestra muy crítico con la política de sanciones.
Afirma que las sanciones rara vez han demostrado ser eficaces a largo plazo.
Sostiene que Europa repite una fórmula que ya ha fracasado en otros conflictos.

A su juicio, Bruselas actúa más como acompañante de Washington que como actor autónomo.
Describe la política exterior europea como excesivamente atlantista.
Considera que la UE ha renunciado en gran medida a desarrollar una estrategia propia.
Duda de que exista en Europa un verdadero deseo de confrontación directa con Irán.
Desde su perspectiva, la Unión Europea se limita a seguir la dinámica impuesta por Estados Unidos.
Otro bloque importante de la entrevista está dedicado al conflicto entre Rusia y Ucrania.
El analista comenta la propuesta del Kremlin de invitar a Volodímir Zelenski a Moscú para negociar.
Recuerda que esta oferta no es completamente nueva.
Interpreta que Moscú busca proyectar una imagen de apertura diplomática.
Sin embargo, lo que más le llama la atención es la posible disposición de Zelenski a aceptar.
Considera que acudir a Moscú sería una señal de gran debilidad política.
Sostiene que una negociación equilibrada debería celebrarse en un territorio neutral.
Desde su análisis, Ucrania atraviesa un momento extremadamente delicado.
Menciona dificultades económicas, energéticas y estratégicas.
Afirma que el apoyo occidental ya no es tan sólido como en fases anteriores del conflicto.
Sugiere que Estados Unidos estaría permitiendo a Rusia consolidar ciertas posiciones.
Describe el escenario global como un equilibrio tripolar entre Estados Unidos, Rusia y China.
En ese equilibrio, cada potencia actuaría con relativa libertad en su esfera de influencia.
Según De Castro, ese nuevo orden se aleja progresivamente del modelo multilateral clásico.
La entrevista entra entonces en uno de sus puntos más polémicos: la llamada “junta de paz” promovida por Donald Trump.
El analista la describe como una estructura privada de gobernanza internacional.
Afirma que rompe con las reglas tradicionales del sistema internacional.
Considera que ignora el papel histórico de Naciones Unidas.
Le sorprende que numerosos países estén aceptando participar en ese formato.
Interpreta que muchos gobiernos actúan por oportunismo político.
Desde su perspectiva, prefieren alinearse con el poder dominante para no quedar marginados.
De Castro sostiene que estamos asistiendo a una transformación profunda del orden mundial.
Una transformación marcada por el debilitamiento de las instituciones multilaterales.
Y por el auge de relaciones basadas en la fuerza y la negociación directa.
En uno de los pasajes más controvertidos, el analista compara el estilo político de Trump con estructuras mafiosas.
Aclara que se refiere a un modelo de poder basado en redes personales.
Describe un liderazgo centrado en la familia, los aliados cercanos y las lealtades privadas.
Considera que ese modelo sustituye progresivamente a las normas institucionales.
Desde su punto de vista, esta dinámica erosiona gravemente la estabilidad internacional.
Lamenta la pérdida de centralidad de la Carta de Naciones Unidas.
Defiende que el multilateralismo clásico ofrecía mayor previsibilidad.
Advierte de que el nuevo escenario es mucho más volátil.
La entrevista concluye con una reflexión general sobre el futuro del sistema internacional.
El propio entrevistado reconoce que muchas de sus afirmaciones son interpretaciones personales.
Aun así, sus palabras reflejan una preocupación compartida por amplios sectores de la sociedad.
La incertidumbre global es cada vez mayor.
La confianza en las instituciones internacionales se encuentra debilitada.
La ciudadanía observa con inquietud la evolución de los conflictos.
Los discursos críticos encuentran cada vez mayor espacio en los medios alternativos.
La fragmentación del debate público es evidente.
La polarización informativa condiciona la percepción social de los acontecimientos.
En este contexto, el papel del periodismo adquiere una importancia crucial.
La necesidad de contextualizar las opiniones es más relevante que nunca.
La frontera entre análisis y opinión debe mantenerse clara.
El espectador necesita herramientas para formarse un criterio propio.
La entrevista de Negocios TV refleja ese nuevo ecosistema mediático.
Un ecosistema donde conviven información, interpretación y valoración personal.
Donde el impacto emocional a menudo compite con el rigor informativo.
Donde las voces críticas encuentran mayor proyección que en los canales tradicionales.
La conversación con Juan Antonio de Castro no deja indiferente.
Invita a la reflexión profunda.
Genera debate.
Despierta inquietudes legítimas.
Obliga a cuestionar certezas previamente asumidas.
Y sobre todo pone de manifiesto que el mundo atraviesa una etapa de transformación histórica.
Una etapa marcada por tensiones crecientes.
Por cambios en las reglas del poder.
Por una redefinición del orden internacional.
Y por un futuro que, hoy más que nunca, resulta incierto.
La intervención de Juan Antonio de Castro también sirve para ilustrar una tendencia cada vez más visible en el análisis geopolítico contemporáneo.
Se trata de la pérdida de confianza en los grandes relatos oficiales.
Durante décadas, los conflictos internacionales se explicaban a través de comunicados gubernamentales y consensos diplomáticos.
Hoy, ese modelo se encuentra seriamente erosionado.
El público percibe contradicciones constantes entre los discursos políticos y los hechos sobre el terreno.
Esta desconfianza alimenta un clima de sospecha generalizada.
El analista insiste en que la información real sobre los conflictos armados suele conocerse mucho tiempo después.
Recuerda precedentes históricos donde la verdad emergió años más tarde.
Menciona implícitamente conflictos como Irak, Afganistán o Libia.
En todos ellos, la narrativa inicial difería profundamente de los resultados finales.
Ese patrón se repite, según su opinión, en la actual crisis de Oriente Medio.
Irán aparece en el discurso dominante como una amenaza permanente.
Sin embargo, De Castro subraya que se trata de un Estado con una estructura sólida.
Un Estado con capacidad tecnológica, militar y social.
Un Estado con una identidad histórica profunda.
Reducirlo a un simple “enemigo” resulta, en su opinión, intelectualmente pobre.
El analista considera que demonizar a un país entero facilita la legitimación de la violencia.
También dificulta cualquier vía diplomática realista.
Desde esta perspectiva, la política de máximos conduce inevitablemente al choque.
La exigencia de renuncias absolutas no deja espacio para el compromiso.
Por ello, el riesgo de una escalada militar permanece latente.
En la entrevista se percibe una crítica constante al uso del miedo como herramienta política.
El miedo a la bomba nuclear.
El miedo al terrorismo.
El miedo a la inestabilidad regional.
Según De Castro, estos temores se instrumentalizan para justificar decisiones extremas.
Decisiones que, en condiciones normales, no serían aceptadas por la opinión pública.
Este mecanismo ha sido recurrente en la historia reciente.
Y sigue funcionando con eficacia.
Otro aspecto clave del análisis es la normalización del lenguaje bélico.
El entrevistado lamenta que términos como “ataque preventivo” se usen con ligereza.
Recuerda que detrás de cada bombardeo hay consecuencias humanas irreversibles.
Considera preocupante la banalización del sufrimiento civil.
En su discurso se aprecia una reivindicación ética clara.
Una llamada a recuperar la dimensión humana del conflicto.
No se trata solo de estrategias o mapas geopolíticos.
Se trata de vidas truncadas.
Se trata de sociedades enteras marcadas por el trauma.
Al referirse a Israel, De Castro evita tanto la demonización como la idealización.
Reconoce su derecho a la seguridad.
Pero advierte de los peligros de una respuesta desproporcionada.
Insiste en que la superioridad militar no garantiza estabilidad a largo plazo.
La fuerza, sin una estrategia política coherente, genera más resistencia.
Y esa resistencia puede adoptar formas imprevisibles.
El analista plantea una reflexión inquietante.
Si los actores racionales pierden el control, el sistema entra en fase caótica.
En ese contexto, errores de cálculo pueden tener consecuencias catastróficas.
La mención a la posible utilización de armas nucleares no es casual.
De Castro la introduce como advertencia, no como predicción.
Quiere subrayar hasta dónde podría llegar una espiral de violencia sin frenos.
Ese escenario, aunque extremo, deja de ser impensable.
La entrevista también refleja el debilitamiento del liderazgo europeo.
Europa aparece como un actor reactivo.
Más preocupado por mantener la unidad formal que por definir una estrategia autónoma.
Las sanciones se convierten en la respuesta automática.
Sin un debate profundo sobre su eficacia real.
El analista cuestiona que castigar económicamente a un país logre cambiar regímenes.
Sostiene que, en muchos casos, las sanciones fortalecen a las élites más duras.
Mientras empobrecen a la población civil.
Este argumento ha sido ampliamente debatido en la academia.
Y sigue sin resolverse de manera concluyente.
De Castro interpreta la política exterior europea como una prolongación del eje atlántico.
Una política que prioriza la alineación sobre la mediación.
Eso, según él, reduce la credibilidad de la Unión Europea como actor neutral.
En el conflicto de Ucrania, su análisis resulta igualmente pesimista.
Considera que el margen de maniobra de Kiev se ha reducido drásticamente.
La fatiga de guerra empieza a ser evidente.
Tanto en el frente militar como en el frente político.
La dependencia de la ayuda externa limita la soberanía real.
Y condiciona cualquier negociación futura.
El posible viaje de Zelenski a Moscú se interpreta como un síntoma.
Un síntoma de agotamiento estratégico.
Un síntoma de que las alternativas se agotan.
De Castro no afirma que la paz sea inminente.
Pero sí sugiere que el conflicto se acerca a un punto de inflexión.
Un punto donde continuar la guerra puede resultar insostenible.
La noción de un mundo tripolar atraviesa toda la entrevista.
Estados Unidos.
Rusia.
China.
Tres polos con capacidad de decisión global.
Tres polos que negocian entre sí de manera implícita.
Mientras el resto del mundo se adapta.
Este modelo rompe con la ilusión de un orden internacional basado en normas universales.
Introduce una lógica de poder más cruda.
Más directa.
Más transaccional.
La “junta de paz” de Trump simboliza ese cambio.
Un modelo privado de gobernanza global.
Basado en acuerdos contractuales.
Alejado del multilateralismo clásico.
El analista se muestra especialmente alarmado por esta tendencia.
Considera que desmantela décadas de avances institucionales.
Y abre la puerta a un mundo más desigual.
Donde la fuerza y la influencia sustituyen al derecho.
La comparación con estructuras mafiosas no es meramente retórica.
Busca provocar reflexión.
Señalar un estilo de poder personalista.
Donde las reglas son flexibles para los fuertes.
Y rígidas para los débiles.
De Castro advierte que este tipo de orden es inherentemente inestable.
Porque depende de voluntades individuales.
Y no de consensos duraderos.
El final de la entrevista deja una sensación amarga.
Pero también una invitación a pensar críticamente.
A no aceptar explicaciones simplistas.
A desconfiar de los relatos únicos.
A exigir transparencia.
A recordar que la política internacional no es un juego abstracto.
Es una realidad que afecta directamente a millones de personas.
El análisis de Juan Antonio de Castro no pretende ofrecer certezas absolutas.
Pretende abrir preguntas incómodas.
Plantear escenarios posibles.
Y advertir de riesgos que muchos prefieren ignorar.
En un mundo cada vez más polarizado, estas voces generan controversia.
Pero también cumplen una función esencial.
La de incomodar al poder.
La de estimular el debate.
La de recordar que la paz no se construye desde la amenaza permanente.
Sino desde el diálogo, por imperfecto que sea.
El futuro inmediato permanece abierto.
Las decisiones que se tomen en los próximos meses serán cruciales.
Para Oriente Medio.
Para Europa.
Para el equilibrio global.
La historia está lejos de cerrarse.
Y sus consecuencias marcarán a las generaciones venideras.
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