Sánchez y Feijóo han acordado reunirse el próximo lunes en el Palacio de la Moncloa para abordar el posible envío de tropas de paz a Ucrania en un contexto internacional cada vez más inestable.
La cita marcará el primer encuentro formal entre el presidente del Gobierno y el líder de la oposición en casi un año, después de diez meses sin reuniones bilaterales directas.
El anuncio ha generado expectación política porque se produce en un momento de máxima sensibilidad en materia de seguridad, defensa y política exterior.
Desde el Partido Popular se ha subrayado que Alberto Núñez Feijóo no acudirá a la reunión únicamente para hablar de Ucrania, sino para exigir un debate más amplio sobre la estrategia global de España en el escenario internacional.

El entorno del líder popular considera que el envío de tropas, aunque sea bajo una misión de paz, no puede analizarse de forma aislada ni improvisada.
Por eso, Feijóo ha reclamado que la conversación incluya el gasto en defensa, las alianzas internacionales, la posición de España en la OTAN y el papel del país en la Unión Europea.
Desde Moncloa, la respuesta oficial ha sido de apertura y cordialidad hacia el encuentro con el jefe de la oposición.
Fuentes gubernamentales aseguran que Pedro Sánchez está encantado de explicar a Feijóo los cambios geopolíticos que se están produciendo y la estrategia diplomática y de seguridad que está desplegando el Ejecutivo.
El presidente fue quien anunció públicamente una ronda de contactos con los distintos grupos parlamentarios tras su participación en París en una reunión de la llamada coalición de voluntarios.
La intención inicial del Gobierno era celebrar estos encuentros durante la presente semana, pero finalmente la agenda ha desplazado la reunión con Feijóo al próximo lunes.
La última vez que ambos dirigentes se vieron cara a cara en Moncloa fue en marzo de 2025, en una reunión centrada principalmente en el aumento del gasto en defensa.
Aquel encuentro no logró un acuerdo sustancial y dejó patente la distancia política entre el Gobierno y el principal partido de la oposición.
En esta ocasión, el contexto internacional ha elevado el nivel de urgencia y de presión sobre ambos líderes.
La guerra en Ucrania continúa sin una solución clara y los debates sobre una eventual misión de paz empiezan a ganar peso en las cancillerías europeas.
España, como socio de la Unión Europea y de la OTAN, se enfrenta al dilema de definir hasta dónde quiere y puede implicarse.
El Partido Popular ha dejado claro que no garantiza su apoyo automático a ninguna medida relacionada con el despliegue de tropas.
La dirección del PP insiste en que cualquier paso de este calibre debe basarse en un pacto de Estado sólido y en una estrategia consensuada a largo plazo.
Para los populares, la política exterior y la política de defensa no deberían convertirse en herramientas de confrontación partidista ni en decisiones unilaterales del Ejecutivo.
El mensaje de Feijóo es que España necesita estabilidad y previsibilidad en asuntos tan delicados como la seguridad nacional.
Desde el Gobierno, sin embargo, se transmite la idea de que el presidente busca precisamente abrir espacios de diálogo y escucha con los distintos responsables políticos.
Portavoces de Moncloa han defendido que Sánchez quiere explicar con transparencia las razones de sus decisiones y escuchar las aportaciones de la oposición.
En ese marco se enmarca la reunión del lunes, que se presenta oficialmente como un gesto de normalidad democrática.
No obstante, la convocatoria también ha generado tensiones en el resto del arco político, especialmente en los partidos situados a la derecha del Partido Popular.
Vox ya ha anunciado que no participará en los encuentros con el presidente del Gobierno.
Santiago Abascal ha cargado con dureza contra Feijóo por aceptar la reunión con Sánchez.

El líder de Vox ha afirmado públicamente que no entiende la decisión del presidente del PP.
Abascal ha llegado a calificar la postura de Feijóo como un misterio incomprensible.
En declaraciones recientes, ha ironizado diciendo que quizá solo las meigas gallegas comprenden lo que pasa por la cabeza del líder popular.
El dirigente de Vox considera que acudir a Moncloa en este contexto equivale a legitimar políticamente a un presidente al que él mismo define como ilegítimo.
Abascal ha recordado que el propio Feijóo ha criticado duramente al Gobierno y ha llegado a acusarlo de comportarse como una mafia política.
Desde esa perspectiva, Vox considera incoherente que el líder del PP participe ahora en una reunión institucional con Sánchez.
Este choque evidencia la creciente competencia entre PP y Vox por liderar el espacio de la oposición.
Feijóo intenta proyectar una imagen de dirigente institucional, capaz de dialogar con el Gobierno en asuntos de Estado.
Abascal, en cambio, apuesta por una estrategia de confrontación frontal y de rechazo absoluto a cualquier acercamiento al Ejecutivo.
La reunión del lunes, por tanto, no solo tiene implicaciones en política exterior, sino también en la dinámica interna de la oposición.
En el seno del Partido Popular hay quienes creen que Feijóo necesita demostrar que puede comportarse como un futuro presidente del Gobierno.
Para ese sector, sentarse con Sánchez en Moncloa es una oportunidad para reforzar su perfil institucional.
Otros sectores más críticos temen que el encuentro pueda ser utilizado por el Gobierno como una operación de imagen para aparentar consenso.
El propio Feijóo ha intentado equilibrar esas percepciones al insistir en que no acudirá a la reunión para avalar decisiones ya tomadas.
Su mensaje es que irá a escuchar, pero también a exigir explicaciones y a plantear condiciones claras.
Entre esas condiciones figura la necesidad de conocer con detalle los compromisos internacionales que España podría asumir en caso de enviar tropas.
El PP quiere saber bajo qué mandato se produciría un despliegue, qué riesgos implicaría y qué respaldo jurídico tendría.
También reclama claridad sobre el coste económico de una operación de este tipo y sobre su impacto en las Fuerzas Armadas españolas.
La cuestión del gasto en defensa vuelve a situarse en el centro del debate político.
España lleva años bajo presión de sus aliados para aumentar su inversión militar hasta el 2% del PIB.
El Gobierno ha anunciado incrementos progresivos, pero la oposición duda de la credibilidad de esos compromisos.
Feijóo considera que no se puede hablar de nuevas misiones internacionales sin antes definir un modelo sólido de defensa nacional.
Desde Moncloa, en cambio, se insiste en que España debe estar a la altura de sus socios europeos.
El Ejecutivo defiende que la política exterior exige responsabilidad y compromiso con la estabilidad internacional.
La guerra en Ucrania ha demostrado, según el Gobierno, que la seguridad europea no puede darse por garantizada.
En ese contexto, la posibilidad de participar en una misión de paz se presenta como un ejercicio de responsabilidad internacional.
Sin embargo, la idea de enviar tropas al extranjero siempre genera inquietud en la opinión pública.
La sociedad española mantiene una memoria muy sensible respecto a intervenciones militares pasadas.
Por eso, cualquier decisión en esta materia requiere un alto grado de consenso político y social.
La reunión entre Sánchez y Feijóo podría ser un primer paso para construir ese consenso.
O podría convertirse, por el contrario, en un nuevo episodio de confrontación si no se manejan bien las expectativas.
El Gobierno sabe que necesita apoyos parlamentarios para sostener cualquier estrategia de largo alcance.
La oposición sabe que tampoco puede desentenderse de cuestiones de Estado sin pagar un coste político.
En medio de este equilibrio delicado, la cita del lunes adquiere un valor simbólico que va más allá de su contenido concreto.
Es también una prueba de hasta qué punto es posible reconstruir espacios mínimos de diálogo en la política española actual.
Durante los últimos años, la relación entre el Gobierno y el PP ha estado marcada por la desconfianza mutua.
Los contactos institucionales han sido escasos y a menudo cargados de tensión.
La falta de reuniones periódicas entre el presidente y el líder de la oposición ha sido objeto de críticas desde distintos ámbitos.
Algunos analistas consideran que esa ausencia de diálogo ha debilitado la calidad democrática del país.
Otros sostienen que el clima político es tan polarizado que cualquier reunión corre el riesgo de convertirse en un mero gesto vacío.
La clave estará en saber si Sánchez y Feijóo son capaces de aprovechar la ocasión para un intercambio real de posiciones.
La política exterior suele ser uno de los pocos terrenos donde aún se reclama altura de miras y sentido de Estado.
La ciudadanía observa con atención este tipo de encuentros porque entiende que afectan directamente a la seguridad colectiva.
También influyen en la imagen internacional de España y en su credibilidad ante sus aliados.
Una postura errática o excesivamente dividida podría debilitar la posición del país en foros internacionales.
Por eso, muchos expertos defienden la necesidad de que Gobierno y oposición encuentren puntos de acuerdo básicos en defensa.
La experiencia de otros países europeos demuestra que los pactos de Estado en esta materia aportan estabilidad y confianza.
España, sin embargo, ha tenido dificultades históricas para construir consensos duraderos en política exterior.
La reunión del lunes podría ser una oportunidad para cambiar esa tendencia.
O podría confirmar que la polarización sigue siendo demasiado profunda para cualquier entendimiento.
El papel de los medios de comunicación también será determinante en la interpretación del encuentro.
Cada gesto, cada frase y cada matiz serán analizados al detalle por comentaristas y tertulianos.
La narrativa que se construya en torno a la reunión influirá en la percepción pública de ambos líderes.
Sánchez necesita proyectar imagen de presidente dialogante y responsable.
Feijóo necesita consolidarse como alternativa creíble y como dirigente con capacidad de Estado.
Ambos son conscientes de que este tipo de reuniones forman parte de la batalla política más amplia.
La política interior y la política exterior se entrecruzan constantemente en este escenario.
Las decisiones sobre Ucrania tienen implicaciones electorales, parlamentarias y estratégicas.
Ninguno de los dos líderes puede permitirse un error de cálculo en un asunto tan sensible.
Mientras tanto, Vox aprovecha la ocasión para reforzar su discurso de ruptura con el sistema político tradicional.
La crítica de Abascal a Feijóo busca presentarlo como débil ante el Gobierno.
Es una estrategia orientada a movilizar a su electorado más fiel.
Esa presión por la derecha condiciona también los movimientos del líder del PP.
Feijóo debe calibrar cuidadosamente cómo se presenta ante sus votantes tras la reunión.
Un tono excesivamente conciliador podría ser interpretado como cesión.
Un tono demasiado duro podría anular cualquier posibilidad de influencia real en las decisiones.
El equilibrio es complejo y exige una estrategia muy medida.
La política española vive un momento de redefinición en muchos frentes.
La relación entre Gobierno y oposición es uno de los elementos clave de esa transformación.
La reunión en Moncloa se inscribe en ese contexto de cambio e incertidumbre.
Más allá del resultado concreto, el simple hecho de que se produzca ya tiene un valor simbólico relevante.
Muestra que, al menos en determinados momentos, la comunicación institucional sigue siendo posible.
También evidencia que los grandes asuntos internacionales obligan a replantear dinámicas políticas internas.
La guerra en Ucrania ha cambiado muchas prioridades en Europa.
España no es una excepción dentro de ese proceso de reajuste estratégico.
Las decisiones que se adopten ahora tendrán consecuencias durante años.
Por eso, la reunión entre Sánchez y Feijóo no puede reducirse a un simple trámite protocolario.
Es una cita que puede marcar el tono de la política de defensa en la próxima etapa.
También puede definir el tipo de relación que mantendrán Gobierno y oposición en los próximos meses.
En última instancia, el encuentro pone a prueba la madurez del sistema político español.
La ciudadanía espera que, al menos en cuestiones esenciales, sus dirigentes sean capaces de anteponer el interés general.
La historia reciente muestra que ese objetivo no siempre se ha cumplido.
El lunes, en Moncloa, habrá una nueva oportunidad para demostrar lo contrario.
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