Samanta Villar comparte su “enorme decepción” con Rosa Belmonte tras su ataque machista a Sarah Santaolalla en ‘El Hormiguero’

Samanta Villar y Rosa BelmonteSamanta Villar y Rosa Belmonte

Samanta Villar, periodista y presentadora, ha sido otro de los grandes rostros mediáticos que ha expresado públicamente su apoyo a Sarah Santaolalla tras el ataque machista que sufrió desde ‘El Hormiguero’ por parte de la tertuliana Rosa Belmonte.

Con una gran contudencia, la comunicadora catalana ha reaccionado en el post que la analista política publicó en Instagram denunciando la escena en cuestión en la que la articulista de ABC se refería a ella como: “¿Esa que es mitad tonta y mitad tetas?”.

“No doy crédito. Vomitivo. Enorme decepción, Rosa Belmonte.

Me parecía una intelectual interesante.

Una pena”, han sido las palabras de Samanta Villar, que ha dejado entrever que, si existía algún tipo de admiración o reconocimiento hacia esa periodista, se ha esfumado por completo tras su machistada.

Villar no ha sido la única en mostrar su respaldo a Sarah Santaolalla en esa publicación.

Numerosos rostros conocidos, de diversos ámbitos, han querido acercarle su cariño y condenar el comentario.

“Wow, qué triste que encima ese comentario venga de una “mujer””, ha sentenciado la atleta Ana Peleteiro.

Por su parte, el cantante Marwán ha señalado: “Sarah, lo estás haciendo increíble.

Por eso te atacan. Es vergonzoso ver esto y que ninguno de los tertulianos diga nada.

Se retratan todos juntos”. “Absolutamente despreciable.

Lo siento mucho Sarah”, le ha escrito también la presentadora y colaboradora de Mediaset Nagore Robles.

La televisión y el periodismo en España no ganan para sustos este febrero de 2026.

Si el “no volverá a suceder” de Pablo Motos parecía intentar poner un parche a la herida, la periodista Samanta Villar se đã encargado de echar sal con una reacción que ha sacudido los cimientos de la profesión.

Tras el polémico ataque de Rosa Belmonte a la experta en nutrición Sarah Santaolalla en El Hormiguero, donde cuestionó sus logros profesionales basándose en su apariencia física, Villar no ha podido contenerse.

Mejor te cuento que la reacción de Samanta ha sido calificada como “altisonante” por su dureza y falta de filtros, alejándose de la tibieza de otros compañeros de profesión para señalar directamente lo que ella considera una “vergüenza corporativa”.

“Es una basura de comentario que huele a rancio, a televisión de los noventa y a un clasismo estético insoportable”, ha soltado Villar a través de sus canales oficiales, en una respuesta que ha corrido como la pólvora por las redacciones.

Villar, conocida por su estilo directo y por no rehuir el conflicto cuando se trata de defender la integridad de la mujer en los medios, ha sido tajante al decir que el comunicado de Belmonte no es más que “una maniobra de marketing para salvar la silla”.

Mejor te cuento que la tensión ha escalado hasta el punto de que la propia Samanta ha cuestionado la responsabilidad de los directores de programas que permiten que colaboradores con ese discurso sigan teniendo un micrófono abierto en horario de máxima audiencia.

Al igual que el diseñador Nicolás Montenegro hablaba de defender sus creencias ante la Reina, o Marina Valdés lucha por su recuperación tras su trágico atropello, Samanta Villar ha decidido que su batalla hoy es contra el “machismo de salón” que impera en ciertas tertulias.

Para Villar, lo de Rosa Belmonte no fue un error puntual, sino el síntoma de una enfermedad mucho más profunda que padece la comunicación en España: el desprecio al talento técnico femenino cuando no encaja en el molde que la mesa de debate espera.

Mejor te cuento que el artículo de Pedro Jiménez resalta que esta reacción de Samanta ha dividido a la profesión entre quienes agradecen su valentía y quienes consideran que ha sido “demasiado agresiva” con una compañera veterana.

Sin embargo, en un clima marcado por la orden de Marlaska sobre los secretos electorales y la caída libre en los índices de corrupción, la voz de Villar se ha convertido en el megáfono de una audiencia harta de la impunidad dialéctica en televisión.

La frase final de su pronunciamiento no deja lugar a dudas: “O empezamos a echarlos de los platós o nos convertiremos en cómplices de cada insulto que se lanza desde ese sofá”.