La sesión parlamentaria vivida en el Congreso de los Diputados se convirtió en uno de los debates más tensos y crudos de la legislatura.

Lo que comenzó como una interpelación formal derivó rápidamente en una acusación política de gran calado contra el Gobierno.

La diputada Muñoz tomó la palabra en un hemiciclo marcado por ausencias significativas.

Desde el primer momento, subrayó un hecho que consideró simbólico.

La bancada azul se encontraba prácticamente sola.

Según su intervención, esa soledad reflejaba el aislamiento político del Gobierno ante los múltiples escándalos que lo rodean.

Muñoz acusó al Ejecutivo de estar cercado por casos de corrupción y denuncias de acoso sexual.

Pidió calma a la Cámara, advirtiendo que apenas estaba comenzando su intervención.

Recordó que la interpelación no iba dirigida al líder de la oposición, sino a la vicepresidenta segunda.

En su discurso, lamentó la ausencia de varias figuras clave del Gobierno.

Señaló directamente a María Jesús Montero, que no acudió a la sesión.

Afirmó que su ausencia no respondía a una agenda institucional relevante.

La acusó de cobardía política por no dar la cara.

Según Muñoz, Montero había sido valiente para encubrir casos de acoso, pero no para responder ante el Parlamento.

También criticó la ausencia de Pilar Alegría.

Se preguntó qué tipo de conversaciones mantenía con Paco Salazar mientras se denunciaban acosos en Moncloa.

A su juicio, esas reuniones eran políticamente inaceptables.

Subrayó que Alegría prefirió una reunión del consejo escolar antes que rendir cuentas.

Intentó igualmente interpelar al ministro Bolaños, pero tampoco estuvo presente.

Así, afirmó que Yolanda Díaz quedaba sola defendiendo al Gobierno.

Sola ante los casos de corrupción de sus socios.

Sola ante las acusaciones de agresiones sexuales dentro de su propio entorno político.

Muñoz recordó que Díaz lleva casi seis años formando parte del Ejecutivo.

La situó físicamente al lado de José Luis Ábalos en el pasado.

Evocó imágenes en las que la vicepresidenta aplaudía intensamente al exministro.

Afirmó que compartió espacios y despachos con figuras hoy investigadas.

Insistió en que no se trata de conductas aisladas.

Según su tesis, se trata de un modo de operar estructural dentro del Partido Socialista.

Enumeró una secuencia de secretarios de organización.

Ábalos, en prisión.

Cerdán, también investigado y encarcelado.

Salazar, frustrado por el estallido de escándalos de acoso.

Planteó una pregunta directa.

¿Casualidad o patrón sistemático?

Recordó declaraciones previas de Yolanda Díaz.

En julio de 2025, dijo que su límite era la financiación irregular.

El Tribunal Supremo, subrayó, ya ha detectado indicios de financiación ilegal.

La Audiencia Nacional ha abierto investigación.

Pese a ello, Díaz sigue en el Gobierno.

Muñoz calificó de teatral la indignación pública de la vicepresidenta en julio.

Recordó cómo su enfado crecía día tras día.

Sin embargo, tres semanas después, Sánchez intentó nombrar a Salazar.

A su juicio, ese era el verdadero significado del “giro de 180 grados”.

Mirar hacia otro lado.

Taparse la nariz.

La diputada realizó entonces un repaso cronológico de 2025.

Un año que describió como devastador institucionalmente.

Citó el suplicatorio aprobado contra Ábalos en enero.

Las ofertas de trato de favor atribuidas a Leire Díaz.

El juicio al hermano del presidente del Gobierno.

El informe de la UCO sobre comisiones.

Los audios de reparto de dinero.

La imputación y prisión de Santos Cerdán.

El registro de la sede del PSOE en Ferraz.

El fallido nombramiento de Paco Salazar.

Las imputaciones por tráfico de influencias.

La investigación a Begoña Gómez.

El juicio oral contra el fiscal general del Estado.

Los indicios de financiación ilegal detectados por el Supremo.

La cena de Pilar Alegría con Salazar.

La condena e inhabilitación del fiscal general.

El ingreso en prisión de Ábalos y Coldo García.

La exigencia judicial de presentar todas las cuentas del PSOE.

Y, finalmente, nuevos casos de acoso sexual.

Muñoz afirmó que los audios conocidos producen vergüenza.

Vergüenza política.

Vergüenza moral.

Subrayó que en todas esas ocasiones la vicepresidenta guardó silencio.

O eligió permanecer en el Gobierno.

Utilizó una metáfora contundente.

El olor nausabundo del entorno político.

Se preguntó cómo podía soportarlo.

Habló como mujer.

Expresó asco.

Asco por la protección a agresores.

Asco por el silencio impuesto a las víctimas.

Denunció la hipocresía de quienes se autodefinen feministas.

Afirmó que sabían lo que ocurría.

Y callaron.

Cerró su intervención pidiendo a Díaz que aclarara su límite.

Si es que lo tenía.

La vicepresidenta tomó entonces la palabra en nombre del Gobierno.

Reconoció que la interpelación no iba dirigida formalmente a ella.

Pero aceptó debatir.

Negó que se tratara de casos aislados.

Los definió con una sola palabra.

Machismo.

Propuso un pacto entre mujeres.

Más allá de partidos.

Para condenar el machismo venga de donde venga.

Afirmó que el 85% de la ciudadanía siente náuseas por la corrupción.

Criticó que el Parlamento no esté adoptando medidas suficientes.

Acusó al Partido Popular de no presentar propuestas anticorrupción.

Recordó votaciones recientes.

Defendió la creación de una agencia anticorrupción.

Acusó al PP de bloquearla.

Introdujo casos vinculados a gobiernos autonómicos del PP.

Muertes laborales durante la Dana.

Anulación de actas de inspección.

Cribados de cáncer en Andalucía.

Gestión privada de hospitales.

Beneficios empresariales frente a derechos ciudadanos.

Citó investigaciones judiciales sobre el despacho Montoro.

Insistió en que eso también es corrupción.

Reivindicó que la corrupción debe combatirse venga de donde venga.

Pidió una alianza feminista transversal.

Criticó el negacionismo de la violencia de género.

Acusó al PP de estar condicionado por Vox.

Defendió la permanencia de su espacio político en el Gobierno.

Argumentó que su salida abriría la puerta a recortes y privatizaciones.

Anunció nuevas subidas del salario mínimo.

Defendió permisos laborales.

Prestaciones por crianza.

Reducción de jornada.

Concluyó afirmando que ni corruptos ni machistas desviarán su camino.

Muñoz replicó con dureza.

Rechazó hablar en nombre de todas las mujeres.

Negó ser víctima del machismo.

Acusó a Díaz de encubrir.

Recordó rebajas de delitos.

Indultos.

Amnistías.

Cuestionó la credibilidad moral del Gobierno.

Acusó al Ejecutivo de corrupción estructural.

De desprotección a las mujeres.

De utilización política del feminismo.

Exigió dimisiones.

Y cerró reafirmando que seguirán denunciando.

El debate dejó una imagen nítida.

Un Parlamento profundamente polarizado.

Una legislatura erosionada.

Y una crisis institucional que ya no se oculta.