Juan del Val ha compartido un vídeo en redes sociales en el que manda un mensaje a quienes critican que le hayan otorgado el Premio Planeta, acusándoles de tener un ego monumental

El Premio Planeta 2025 ha sido el más polémico que se recuerda.
El Grupo Planeta, accionista de Atresmedia, otorgó el prestigioso galardón dotado con un millón de euros a Juan del Val, uno de los colaboradores habituales de sus programas, por su novela ‘Vera, una historia de amor’.
Esto desató una oleada de críticas y muchos cuestionaron la credibilidad de los premios.
Y es que, la novela del marido de Nuria Roca también recibió, a su vez, infinidad de comentarios negativos no solo por los haters, sino también por parte de los críticos literarios.
Harto de leer a diario ataques personales hacia él, el escritor ha decidido compartir un vídeo en redes sociales para contestarles.
Un vídeo que no ha tardado en viralizarse.
“Escritores contra escritores. Críticos, que también son escritores, contra escritores que solo son escritores. Escritores, que eran muy buenos para los críticos escritores, hasta que triunfaron y ya les parecen peores escritores. Escritores que le dicen de qué se puede hablar y con quién a otros escritores.
Escritores, que critican a los críticos escritores, y críticos escritores que dicen quienes son de verdad buenos escritores”, comienza diciendo Juan del Val en el vídeo publicado en su perfil de Instagram.
Juan del Val manda un demoledor mensaje a los críticos
Acto seguido, les manda un contundente mensaje a todos ellos: “Una cosa, aunque le pueda sorprender a vuestro monumental ego”.
“A la gente esto le da igual. La gente trabaja, come, ríe, folla y de vez en cuando se va a una librería y se compra el libro que le da la gana.
No entiende vuestras movidas infantiles, como seguramente tampoco entenderán este vídeo”, sentencia el colaborador de ‘El Hormiguero’ y ‘La Roca’.
“No os degastéis, no somos tan importantes”, escribió además Juan del Val junto al vídeo, que ya supera lo 6.700 likes y ha recibido más de 600 comentarios con opiniones para todos los gustos. Por un lado, están los que apoyan las palabras del escritor: “No le des más vueltas Juan, no merece la pena.
Que digan lo que quieran”; “Tus libros no es que sean para tirar cohetes… pero entretienen y mucho”; “Totalmente de acuerdo, yo leo lo que me da la gana, nunca me dejo llevar por lo que me digan”.
Mientras que otros han insistido en que no es merecedor del Premio Planeta: “Juan, tu libro no merece el premio, es un libro de playa, para tu ego, acepta las críticas y disfruta del pedazo de regalo de 1 millón de euros.
Deja justificar y de criticar las opiniones negativas, ya está, acepta las cosas como son.
Y que conste que me he leído todos tus libros, que me hacen mucha gracia, pero las cosas como son”, le escribía un usuario.
La polémica del Premio Planeta
El Premio Planeta a Juan del Val llega dos años después de que se entregara el mismo galardón a Sonsoles Ónega, otro de los rostros de Atresmedia, por su novela ‘Las hijas de la criada’.
Este hecho hizo que muchos estallaran contra el Grupo Planeta por supuesto favoritismo.
Las críticas y los comentarios hirientes contra el marido de Nuria Roca y su novela no tardaron en inundar los medios de comunicación.
El crítico Jordi Gracia la calificó de “vulgar y previsible, con personajes planos, reflexiones banales y escenas de sexo creíbles”.
Ya entonces, el escritor se pronunció sobre estas demoledoras críticas. Lo hizo durante su intervención en ‘El Hormiguero’, donde dijo lo siguiente: “Cuidado cuando tanto odio puede llegar a hundir a una persona y hunden a una persona.
Me parece que es algo tan injusto que, al margen de críticas normales, se vaya a herir, a reírse de una persona”.
Y lanzaba una advertencia: “Las mofas conmigo, por ejemplo, me intentan colocar en un sitio, donde yo tengo que ser un auténtico imbécil. Cuidado con hundir a la gente”.

Aquí tienes la crónica detallada sobre la última controversia de Juan del Val, redactada con un tono periodístico incisivo y respetando estrictamente el formato de separación que has solicitado.
Por Redacción de Actualidad
El panorama literario español ha vuelto a saltar por los aires tras la última intervención digital de Juan del Val.
El escritor y polémico colaborador de televisión no ha necesitado más que una publicación en sus redes sociales para reactivar una guerra que parecía dormida.
Sin salirse ni un milímetro de su estilo directo, arrogante para algunos y valiente para otros, Del Val ha puesto el dedo en la llaga del prestigio editorial.
La controversia gira en torno a la sombra del Premio Planeta, un galardón que siempre camina sobre la delgada línea entre la calidad y el marketing.
Para entender el alcance de este nuevo incendio, hay que analizar la figura de Juan del Val como un fenómeno de masas que trasciende las librerías.
Él no es solo un autor que firma libros; es una marca personal que domina los tiempos de la televisión en horario de máxima audiencia.
Esta dualidad entre el plató y la pluma es precisamente lo que sus detractores utilizan como arma arrojadiza cada vez que publica una nueva obra.
En su reciente publicación, Del Val no ha buscado el consenso, sino que ha disparado directamente contra la línea de flotación de la intelectualidad más purista.
Con una ironía afilada, el autor ha sugerido que el desprecio de la crítica es, en realidad, el mayor de sus trofeos comerciales.
Este mensaje ha actuado como un catalizador, dividiendo a la opinión pública entre quienes defienden su libertad y quienes ven en él un síntoma de la decadencia cultural.
El Premio Planeta, históricamente cuestionado por sus supuestos acuerdos previos, es el escenario perfecto para que Del Val despliegue su retórica combativa.
Muchos consideran que la concesión de estos premios a figuras televisivas es una estrategia de supervivencia de los grandes grupos editoriales frente a la crisis del sector.
Sin embargo, Juan del Val se niega a pedir perdón por vender cientos de miles de ejemplares en un país donde la lectura parece un acto de resistencia.
En su texto incendiario, subraya que la conexión con el lector común es infinitamente más valiosa que el aplauso impostado de los círculos literarios cerrados.
La respuesta de sus compañeros de profesión no se ha hecho esperar, generando un hilo infinito de reproches, envidias y, en algunos casos, defensas apasionadas.
Hay quien ve en esta publicación una maniobra de marketing perfectamente orquestada para mantener su nombre en el centro de la conversación pública.
Juan del Val sabe perfectamente que, en la era de la atención, ser invisible es el único pecado que un escritor mediático no puede permitirse cometer jamás.
La polémica vende, pero en el caso de Juan del Val, la polémica parece ser la gasolina que alimenta su motor creativo y su presencia constante en los medios.
El debate sobre si la calidad literaria debe medirse por el éxito de ventas o por el rigor técnico sigue más vivo que nunca tras sus palabras.
Él se posiciona como el “escritor del pueblo”, aquel que escribe lo que la gente quiere leer sin necesidad de utilizar estructuras complejas o lenguajes crípticos.
Esta actitud desafiante ha provocado que muchos académicos se lleven las manos a la cabeza, denunciando lo que consideran una falta de respeto al oficio.
Pero Del Val, desde su silla en “El Hormiguero”, parece observar el caos con una media sonrisa, consciente del poder que le otorga su plataforma televisiva.
No es la primera vez que se enfrenta a un linchamiento digital, y todo indica que ha aprendido a convertir los insultos en una forma muy rentable de promoción.
La publicación en cuestión no solo hablaba de literatura, sino de la hipocresía que rodea a los grandes eventos y galardones de la industria cultural española.
Al señalar las costuras del sistema, Del Val se ha convertido en un espejo incómodo para aquellos que gestionan las subvenciones y los premios de prestigio.
Su estilo narrativo, a menudo tildado de directo y poco ornamentado, es defendido por sus lectores como una bocanada de aire fresco frente a la pedantería.
Por el contrario, los críticos más feroces aseguran que su éxito es el resultado de una maquinaria publicitaria que anula cualquier intento de meritocracia real.
La realidad es que, guste o no, Juan del Val ha conseguido que se vuelva a hablar de libros en un entorno saturado de noticias políticas y sucesos dramáticos.
Incluso sus mayores enemigos deben reconocerle la capacidad de generar debate y de poner el foco en el mundo editorial, aunque sea a través del conflicto.
El Premio Planeta sigue siendo el objeto de deseo y, al mismo tiempo, la diana de todos los dardos cuando se trata de hablar de transparencia en las letras.
Del Val no ha hecho más que echar sal en una herida que España arrastra desde hace décadas respecto a la cultura de los grandes premios comerciales.
Su posteo no es un error de cálculo, es un movimiento de ajedrez diseñado para reafirmar su identidad frente a una audiencia que lo ama o lo detesta profundamente.
La publicación ha acumulado miles de interacciones en pocas horas, demostrando que la marca “Juan del Val” es una de las más potentes del mercado actual.
Expertos en comunicación señalan que esta estrategia de “polarización controlada” es extremadamente efectiva para fidelizar a su base de lectores más leales.
Mientras tanto, la editorial Planeta guarda un silencio prudente, beneficiándose del ruido que, inevitablemente, terminará traduciéndose en más ventas en las librerías.
Es fascinante observar cómo un solo hombre puede poner en jaque la narrativa de toda una industria simplemente por negarse a seguir las reglas de la modestia.
Juan del Val se siente cómodo en el barro, y esta última publicación es la prueba definitiva de que no tiene intención de limpiar su imagen ante la élite.
Él prefiere seguir siendo el tipo que molesta, el autor que vende y el colaborador que no pide permiso para dar su opinión, por incendiaria que esta resulte.
La literatura española vive un momento extraño, donde los algoritmos y los seguidores en Instagram parecen pesar tanto como la profundidad de una buena metáfora.
Del Val es el hijo de este tiempo, un autor que entiende que el libro es un producto y el escritor, un comunicador que debe pelear por cada minuto de atención.
Las críticas sobre su supuesto intrusismo profesional son despachadas por él con una contundencia que deja poco espacio para la réplica o el diálogo constructivo.
Para Eva Callejo y otros analistas de la crónica social, este movimiento es solo un capítulo más en la larga serie de provocaciones que definen su carrera pública.
Es probable que en los próximos días veamos nuevas reacciones de otros autores premiados que se sientan aludidos por las palabras del marido de Nuria Roca.
La batalla por el relato literario está servida, y Juan del Val ha demostrado que tiene munición de sobra para aguantar un asedio prolongado en las redes.
Su futuro en las letras parece garantizado por las cifras, independientemente de que la historia de la literatura decida o no guardarle un hueco en sus páginas.
Al final del día, lo que queda es una publicación que ha vuelto a poner de manifiesto la fractura entre la cultura popular y la cultura académica en nuestro país.
Juan del Val sigue su camino, ajeno al ruido pero alimentándose de él, escribiendo su propia historia a golpe de titular y de enfrentamientos mediáticos.
España, un país de grandes pasiones y envidias legendarias, ha encontrado en Del Val el villano perfecto para unos y el héroe sin filtros para otros tantos.
La polémica sobre el Premio Planeta y su legitimidad no morirá aquí, pero hoy tiene un nuevo y vibrante capítulo escrito con la tinta de la provocación.
Solo el tiempo dirá si este incendio ayuda a purificar el sistema o si, por el contrario, termina por consumir lo poco que queda del prestigio literario tradicional.
De momento, Juan del Val ha vuelto a ganar: todo el mundo está hablando de él, de su estilo y de su incendiaria forma de entender el éxito personal.
Y en este mercado de vanidades, ese es, quizás, el único premio que realmente le importa ganar cada mañana cuando se despierta y enciende su teléfono.
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