Crisis de la infraestructura ferroviaria en España: cuando el sistema está “muriendo de éxito”

En los últimos meses, el sistema ferroviario español ha estado en el centro del debate público debido a una sucesión de incidencias, retrasos y problemas técnicos.

La entrevista entre el periodista Carlos y el profesor Salvador García Yllón, director del Departamento de Ingeniería Civil de la Universidad Politécnica de Cartagena, ofrece una visión experta y preocupante sobre el estado real de la red ferroviaria.

Ambos coinciden en que todavía no es posible determinar con certeza las causas concretas de determinados accidentes o averías recientes.

Sin embargo, las reflexiones del profesor Salvador permiten comprender que existe un problema estructural más profundo relacionado con la falta de mantenimiento, la planificación deficiente y una gestión inadecuada a largo plazo.

Este artículo desarrolla y amplía las ideas expresadas en la entrevista, transformándolas en un análisis periodístico completo sobre la situación del ferrocarril en España.

Un sistema que fue orgullo nacional

Según Salvador García Yllón, España llegó a contar con uno de los sistemas de alta velocidad más avanzados del mundo.

Hace aproximadamente una década, la red ferroviaria española era considerada una auténtica “joya de la corona” y un ejemplo de excelencia tecnológica.

Las empresas españolas del sector exportaban conocimiento y proyectos a países como Arabia Saudí, lo que demostraba la fortaleza del tejido industrial, técnico y científico vinculado al ferrocarril.

Constructoras, consultoras, fabricantes de trenes y centros de investigación formaban un ecosistema sólido y altamente competitivo.

Ese potencial técnico, según el experto, sigue existiendo en gran medida en la actualidad.

El problema no es la falta de capacidad profesional, sino la degradación progresiva de la propia infraestructura ferroviaria dentro del país.

El deterioro causado por la falta de mantenimiento

Uno de los puntos clave de la intervención de Salvador García Yllón es la crítica a la escasa inversión en mantenimiento durante los últimos años.

El profesor sostiene que la planificación ferroviaria ha priorizado la inauguración de nuevas líneas y estaciones frente al cuidado de las infraestructuras ya existentes.

Desde el punto de vista político, inaugurar una obra nueva genera mayor visibilidad y mayor rédito electoral que invertir en tareas de conservación.

Sin embargo, esa lógica ha tenido consecuencias negativas para la seguridad y la fiabilidad del sistema.

El experto utiliza una metáfora muy gráfica: comprar un Ferrari pero no tener dinero para llevarlo al taller para sus revisiones periódicas.

Aunque el vehículo sea excelente, sin mantenimiento acaba deteriorándose y convirtiéndose en un riesgo.

Una red enorme con costes enormes

España es actualmente el segundo país del mundo en kilómetros de red de alta velocidad, solo por detrás de China.

Este dato, que durante años fue motivo de orgullo, también implica una enorme responsabilidad.

Mantener miles de kilómetros de vía en condiciones óptimas requiere inversiones constantes, planificación rigurosa y una visión estratégica a largo plazo.

Cuando ese esfuerzo no se realiza de forma sostenida, los problemas comienzan a acumularse.

Según Salvador, el sistema ferroviario español ha ido “rompiéndose por las costuras” debido precisamente a esa falta de cuidado continuado.

La expansión rápida de la red no ha ido acompañada de una política de conservación proporcional.

La relación entre mantenimiento y seguridad

Aunque el entrevistado evita atribuir directamente las causas de accidentes recientes a la falta de mantenimiento, sí subraya que un sistema mal conservado incrementa inevitablemente los riesgos.

Las vías de alta velocidad requieren una precisión extrema en su geometría y en la calidad de su estructura.

La plataforma sobre la que circulan los trenes debe estar perfectamente nivelada y estabilizada para absorber las vibraciones generadas por velocidades superiores a los 200 kilómetros por hora.

Cuando esa plataforma se degrada, aparecen vibraciones anómalas, incomodidad para los pasajeros y mayor estrés para los materiales.

Con el tiempo, estos factores pueden contribuir a averías más graves.

La comparación con una carretera llena de baches por la que se circula a gran velocidad resulta especialmente ilustrativa.

Las advertencias ignoradas

Otro aspecto relevante señalado por Salvador García Yllón es que las advertencias existían desde hace tiempo.

Los sindicatos ferroviarios y los propios maquinistas habían alertado sobre vibraciones anormales en determinados tramos.

Esas quejas, en un sistema bien gestionado, deberían haber activado protocolos inmediatos de revisión técnica.

La experiencia de quienes operan los trenes a diario es una fuente valiosa de información sobre el estado real de la infraestructura.

Ignorar esas señales supone un fallo grave en la cultura de seguridad.

Para el experto, el hecho de que estas denuncias no hayan tenido una respuesta eficaz demuestra que el problema no es puntual, sino estructural.

Morir de éxito: el efecto de la liberalización

Desde 2020, el sector ferroviario español se encuentra inmerso en un proceso de liberalización impulsado por la Unión Europea.

El objetivo era fomentar la competencia, reducir los precios y aumentar el número de usuarios del tren.

En términos de demanda, la estrategia ha sido un éxito.

El número de pasajeros ha crecido de forma significativa en los últimos años.

Sin embargo, ese crecimiento no ha ido acompañado de una adaptación adecuada de la infraestructura.

Según Salvador, el sistema está literalmente “muriendo de éxito” porque no puede absorber el incremento de uso sin una inversión paralela en capacidad y mantenimiento.

Falta de planificación estratégica

La entrevista también pone de manifiesto graves deficiencias en la planificación global del sistema.

El caso de la estación de Chamartín en Madrid es un ejemplo claro.

A pesar de encontrarse en pleno proceso de obras, sigue siendo un nodo central del tráfico ferroviario nacional.

Cualquier problema en Chamartín tiene repercusiones en toda la red española.

Un sistema bien diseñado debería contar con mecanismos de redundancia y alternativas operativas para evitar este tipo de efecto dominó.

La ausencia de estas previsiones demuestra una gestión más reactiva que preventiva.

La línea de Andalucía como caso paradigmático

Salvador García Yllón destaca especialmente la situación de la línea Madrid–Andalucía.

Se trata de una de las líneas de alta velocidad más antiguas de España, en funcionamiento desde 1992 con motivo de la Expo de Sevilla.

Con más de treinta años de uso, su desgaste es naturalmente mayor que el de líneas más recientes como las de Barcelona o Valencia.

Si el nivel de inversión en mantenimiento no se ajusta a esa realidad, el deterioro es inevitable.

No resulta casual que muchas de las incidencias más graves se hayan producido precisamente en este corredor.

La antigüedad de la infraestructura y la acumulación de déficit inversor explican en gran medida esta situación.

El déficit acumulado no se corrige rápidamente

Uno de los mensajes más importantes del experto es que los problemas estructurales no se solucionan con medidas puntuales.

Aumentar el presupuesto durante uno o dos años no compensa décadas de inversión insuficiente.

Además, no solo importa cuánto se invierte, sino en qué se invierte y cómo se gestionan esos recursos.

El mantenimiento de una red ferroviaria de alta velocidad exige continuidad, estabilidad presupuestaria y una estrategia que trascienda los ciclos políticos.

Sin estos elementos, cualquier mejora será parcial y temporal.

El ferrocarril como organismo vivo

Salvador compara el sistema ferroviario con un organismo vivo que muestra síntomas cuando algo no funciona bien.

Los retrasos frecuentes, los fallos eléctricos, las averías inesperadas y las quejas de los usuarios son señales de alerta.

Ignorar estos síntomas equivale a dejar avanzar una enfermedad sin tratamiento.

El cambio en la política comercial de Renfe, aceptando mayores retrasos como algo normal, es para el experto un indicio claro de que el sistema lleva tiempo bajo presión.

Los episodios recientes, como trenes detenidos en mitad del campo o cortes de tensión en la catenaria, no son hechos aislados, sino manifestaciones de un problema más profundo.

Una llamada de atención para el futuro

La entrevista con Salvador García Yllón no debe interpretarse solo como una crítica, sino como una advertencia constructiva.

España dispone todavía de conocimiento, profesionales y capacidad técnica para mantener un sistema ferroviario de primer nivel.

Lo que falta es una política coherente que priorice la conservación del patrimonio existente por encima del impacto mediático de las nuevas inauguraciones.

Si se aprovecha la actual crisis como oportunidad para reformar el modelo de gestión, el ferrocarril español puede recuperar su prestigio.

Si no se actúa con decisión, los problemas seguirán acumulándose y la confianza de los ciudadanos en uno de los servicios públicos más importantes del país continuará deteriorándose.