Las exportaciones de material español de doble uso a Irán han reportado a España grandes beneficios en las dos últimas décadas. Durante los años de mandato de Pedro Sánchez cayeron un 96 %, mientras que con su ‘camarada’ Zapatero registraron el mayor volumen a pesar de la represión de los Ayatolá

Montaje de Zapatero, Rajoy y Sánchez con las exportaciones - El Cierre Digital

La reciente escalada de tensión en Irán ha vuelto a poner el foco en la represión sistemática de los derechos humanos en los regímenes autoritarios.

La respuesta del régimen persa, encabezado por el ayatolá Alí Jameneí, a las protestas ciudadanas ha dejado miles de víctimas y más de 16.000 personas pendientes de procesos judiciales, según fuentes internacionales.

Mientras el orden internacional atraviesa una fase de creciente inestabilidad, el Gobierno español se mantiene en un segundo plano.

Las relaciones comerciales entre España e Irán reflejan una realidad paralela a la represión sostenida que sufre la población iraní desde hace décadas.

Pese a los embargos que pesan sobre Teherán en materia de material de defensa y tecnología de doble uso, España ha exportado a Irán 327 millones de euros en las dos últimas décadas, según los informes oficiales del Ministerio de Economía, Comercio y Empresa.

Durante ese periodo, los gobiernos de José Luis Rodríguez Zapatero, Mariano Rajoy y Pedro Sánchez autorizaron ventas de este tipo de material, siempre bajo el paraguas de la normativa europea.

Pedro Sánchez es el presidente bajo cuyo mandato se han registrado los volúmenes más bajos: 6,3 millones de euros, sin que consten denegaciones de ventas desde 2018.

En las dos décadas de datos disponibles, las exportaciones autorizadas se concentran exclusivamente en productos de doble uso, con las empresas privadas como principal usuario final (en torno al 60%) frente a las públicas (40%).

Esta proporción invierte la tendencia inicial: bajo Zapatero, el 77% de los destinatarios eran empresas públicas; con Rajoy, ese porcentaje bajó al 32%, y con Sánchez al 14%.

La categoría de tratamiento de materiales representa el 98% del total. Entre los productos exportados figuran sistemas de propulsión, vehículos espaciales y equipos asociados, por un valor cercano a los cuatro millones de euros.

Más controvertida resulta la categoría de materiales, sustancias químicas, microorganismos y toxinas, que suma 674.342 euros.

“Es una clasificación muy ambigua: con sustancias químicas se pueden fabricar aspirinas o explosivos, y ese destino final no siempre se conoce”, explica Tica Font, presidenta del Centre Delàs.

Para la experta, el problema no es solo la legalidad de las operaciones, sino sus consecuencias políticas.

“El material de doble uso dificulta la crítica directa, pero la cuestión es hasta qué punto estas exportaciones contribuyen a sostener al régimen. Irán es productor de armamento y venderle determinados componentes puede facilitar esa capacidad”, subraya.

La crisis como dinamizador de las exportaciones

Los datos oficiales reflejan una caída del 96% en el volumen exportado entre el mandato de Rodríguez Zapatero y el de Pedro Sánchez. Bajo el primero se autorizaron ventas por 185,5 millones de euros, con un pico máximo en 2008, año en el que se superaron los 60 millones, y que coincide con el inicio de la crisis económica en España.

“La crisis fue un dinamizador de la industria armamentística”, apunta Font.

Durante ese periodo, y hasta 2011, Irán llegó a convertirse en el principal cliente del material español de doble uso.

La mayoría de las ventas fueron de tratamiento de materiales, pero también aparecen 440.000 euros en materiales, sustancias químicas y microorganismos y toxinas.

Los principales clientes durante la era Zapatero fueron sectores como el petróleo, el gas, el petroquímico, la automoción y el transporte civil.

“Los grandes saltos en defensa los ha dado el PSOE, no el PP. Es mucho más comprometido con el estatus militar, pero Pedro Morenés, designado ministro de Defensa por Rajoy, apostó por la industria armamentística para equilibrar la balanza”, observa Font.

La recesión económica modificó esa tendencia y, durante su mandato, Mariano Rajoy mantuvo un volumen de negocio similar al de su predecesor, con ventas de poco más de 135 millones de euros, principalmente en tratamiento de materiales, menos 46.196 euros en sustancias químicas y 24.600 euros en sistemas de propulsión.

Entre el estallido del problema y su reflejo en la estrategia económica para exportaciones pasaron casi cuatro años. Del último año de Zapatero al primero de Rajoy, las exportaciones crecieron un 100%, situándose en 31 millones de euros y visibilizando los efectos de la recesión en la industria.

elevado volumen de negocio se mantuvo hasta 2017, cuando se registraron seis millones de euros.

“Esa situación puede llevar a cometer errores, caer en la trampa o incluso sobrepasar los límites legales”, indica Font.

Hubo tres años de tensión en el negocio con Irán marcados por comercio fraudulento de varias empresas españolas.

En 2013, se investigaron posibles desvíos de válvulas a Irán, que podrían haber incumplido las sanciones internacionales.

Un año después, se colaboró con países aliados en la investigación de cuatro empresas españolas: una por haber contravenido las sanciones de la ONU y las otras tres por proveer productos destinados a refinerías de petróleo propiedad de entidades iranís sancionadas.

En 2015, se impusieron multas a dos empresas por un delito de contrabando en exportaciones de máquinas a Teherán, lo que evidencia la complejidad del negocio con el país asiático durante esos años.

En 2017 se conoció una sentencia del Juzgado de lo Penal número 28 de Madrid que condenaba a una empresa española por contrabando en la exportación a Irán, en 2007, de 500 tubos intensificadores de imagen.

En ese contexto se aplicó la cláusula catch-all, que permite someter a autorización previa exportaciones no listadas cuando existe riesgo de uso militar o de proliferación nuclear o balística.

Embargos y límites

Desde 2006 Irán está sometido a un embargo internacional de material de defensa y a un régimen específico de control sobre bienes y tecnologías de doble uso impuesto por la ONU y la UE. “Las sanciones buscan presionar a la cúpula sin dañar a la población civil, pero es una frontera muy difusa y no ha producido cambios políticos”, señala Font.

Para la experta, los embargos no son suficientes para evitar situaciones comprometidas. Señala que la presión más efectiva sería impedir a Irán exportar petróleo: “Esos son los embargos efectivos, porque no le das cash al gobierno ni reconocimiento internacional”, concluye.

La última denegación registrada data de 2018, cuando se bloqueó la venta de 1.200 litros de cloruro de tionilo por riesgo de desvío a un programa de armas químicas.

Durante los gobiernos de Zapatero y Rajoy, los controles fueron más frecuentes: bajo el PSOE se denegaron 46 operaciones y bajo el PP, 18, todas por riesgo de proliferación nuclear o balística, incluyendo la aplicación de la cláusula catch-all.

A pesar de la reducción de las exportaciones y de los controles aplicados, la ambigüedad del material de doble uso y la dificultad para seguir su destino final dejan abierta la posibilidad de que España, aun cumpliendo la normativa, contribuya indirectamente al fortalecimiento de un régimen represivo.

La experiencia de estas dos décadas evidencia que el verdadero impacto depende tanto del conocimiento del destino de los productos como de la coherencia de la política exterior.