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1. Adamuz no fue solo un accidente

Durante años, los gobiernos autonómicos han aprendido una lección fundamental:
no hace falta mentir para ocultar la verdad, basta con fragmentarla.

El accidente ferroviario de Adamuz no fue únicamente una colisión entre dos trenes. Fue el punto en el que convergieron tres sistemas bajo tensión: la infraestructura ferroviaria, la gestión de emergencias y la política de recortes del Gobierno de Andalucía.

Mientras Madrid, Renfe y ADIF centraban el debate público en los protocolos de llamada, los minutos, los teléfonos y las grabaciones, en Andalucía comenzaba a surgir una pregunta mucho más incómoda:

¿Había suficientes ambulancias, médicos y equipos de emergencia para responder a una catástrofe de este tipo?

Y si no los había, ¿quién tomó la decisión de recortar esos recursos?

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2. Lo que muestran las imágenes que nadie quería mirar

Los nuevos vídeos obtenidos de los primeros minutos tras el accidente son inquietantes por lo que enseñan… y por lo que no.

Se ven linternas, luces aisladas, equipos dispersos.
Se ve un tren descarrilado en la oscuridad.
Se ve otro tren, el Alvia, a casi 800 metros, sin asistencia inmediata.

Durante largos minutos, los equipos de emergencia están concentrados en el Irio, el primer tren afectado. El Alvia queda prácticamente invisible, fuera del foco, fuera del perímetro.

No porque no fuera grave.
Sino porque no había manos suficientes.

A las 20:30 llegan los primeros medios sanitarios completos.
Una hora después hay 39 ambulancias y 90 profesionales.

Pero en una catástrofe ferroviaria, los primeros 30 minutos no son un detalle técnico.
Son la frontera entre la vida y la muerte.

3. El agujero invisible: los recortes sanitarios

En los últimos años, la Junta de Andalucía, bajo el gobierno de Juanma Moreno Bonilla, ha aplicado una política sistemática de externalización y recorte en los servicios de emergencia.

Menos ambulancias públicas.
Más contratos privatizados.
Más precariedad laboral.
Menos capacidad de reacción.

Oficialmente, todo funciona.
En los papeles, los protocolos están intactos.
En la realidad, los recursos son más frágiles.

Y cuando ocurre una catástrofe real, esa fragilidad se hace visible.

Por eso dentro del propio sistema sanitario andaluz empezaron a circular denuncias internas:
el dispositivo desplegado en Adamuz fue insuficiente para la magnitud del accidente.

No por falta de profesionalidad.
Sino por falta de medios.

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4. El silencio estratégico de la Junta

Moreno Bonilla ha mantenido un perfil sorprendentemente bajo desde el accidente. No ha atacado al Gobierno central. No ha culpado a ADIF. No ha hecho ruido.

¿Por qué?

Porque cualquier foco que se ponga sobre la gestión de la emergencia puede terminar apuntando directamente a la Junta de Andalucía.

Si alguien empieza a preguntar cuántas ambulancias había disponibles, cuántos médicos estaban de guardia, cuántos equipos de rescate podían movilizarse en la provincia de Córdoba esa noche… las respuestas pueden ser políticamente devastadoras.

5. La cronología que incomoda

A las 19:49 ADIF ya sabe que el Alvia está implicado.
A las 19:57 se habla de heridos.
A las 20:13 se confirma el descarrilamiento del Alvia.

Pero sobre el terreno, el Alvia permanece aislado.

No porque nadie supiera que existía.
Sino porque no había suficientes recursos para llegar a todo.

6. El informe CIAF: la vía rota

El informe preliminar de la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios introduce otro elemento clave: la rotura progresiva de la vía.

No fue un fallo súbito.
Fue una degradación acumulada.

Otros trenes pasaron antes.
La vía ya estaba dañada.
El Irio terminó de romperla.
El Alvia pagó el precio.

Eso abre una pregunta aún más inquietante:
¿quién debía haber detectado ese deterioro antes de que se convirtiera en una trampa mortal?

7. Dos responsabilidades que se cruzan

Mientras Madrid investiga a ADIF y Renfe, en Andalucía hay otra línea de responsabilidad:

La capacidad real de respuesta sanitaria.

La política de recortes.

La gestión autonómica de las emergencias.

Por eso la Junta ha preferido colaborar en silencio.
Porque gritar puede hacer que la lupa se gire.

8. Adamuz como síntoma

Adamuz no es una excepción.
Es el resultado de años de adelgazamiento del Estado.

Menos inversión en infraestructuras.
Menos inversión en emergencias.
Más discursos.
Más propaganda.

Y cuando algo se rompe, todo ese modelo queda al descubierto.

9. La pregunta que nadie quiere responder

Las víctimas murieron en el acto.
Pero los heridos sobrevivieron gracias a una carrera contra el tiempo.

¿Habrían llegado antes si Andalucía tuviera un sistema de emergencias mejor dotado?

Nadie se atreve a responderlo.

Porque esa respuesta no es técnica.
Es política.