El audio que Génova no quería que saliera: Feijóo queda atrapado en sus propias palabras mientras ahora exige investigar los accidentes ferroviarios y estalla la guerra política por la memoria de las víctimas
La política española vive una nueva tormenta mediática tras la filtración de un audio de archivo que ha puesto contra las cuerdas a Alberto Núñez Feijóo. Un documento sonoro de 2014, rescatado de la fonoteca, muestra al entonces presidente de la Xunta de Galicia rechazando explícitamente la creación de una comisión de investigación parlamentaria sobre el accidente ferroviario de Angrois, una de las mayores tragedias ferroviarias de la historia reciente de España.
Doce años después, el mismo Feijóo ha anunciado la creación de una comisión de investigación en el Senado para analizar el mantenimiento y la seguridad del sistema ferroviario español, a raíz de los recientes accidentes de Adamuz y Yeles. La contradicción es evidente. Y la hemeroteca, implacable.
Lo que en su día fue presentado como “prudencia institucional” hoy se convierte en munición política de primer nivel. Porque el audio no solo existe, sino que demuestra que Feijóo defendía exactamente lo contrario de lo que ahora proclama como líder nacional del Partido Popular.
El contexto: dos tragedias, dos discursos
El anuncio de Feijóo llega tras una semana marcada por la conmoción nacional. El accidente ferroviario de Adamuz, con 45 víctimas mortales, ha reabierto un debate profundo sobre la seguridad en las infraestructuras, la cadena de responsabilidades políticas y la necesidad de depurar errores más allá del ámbito judicial.
Apenas unos meses antes, otro siniestro en Yeles ya había encendido las alarmas en el sector ferroviario. Dos tragedias, dos escenarios, una misma pregunta: ¿fallos técnicos inevitables o negligencias acumuladas durante años?
Es en este contexto donde Feijóo anuncia, solemnemente, la creación de una comisión de investigación en el Senado. Un gesto que, en principio, parecía alineado con la exigencia social de transparencia. Pero la historia dio un giro inesperado cuando periodistas rescataron una rueda de prensa de 2014, celebrada justo después del accidente de Angrois.
El audio que lo cambia todo
En aquel año, Feijóo era presidente de la Xunta de Galicia. Un periodista le preguntó si no era necesario que los partidos políticos investigaran políticamente el accidente, al margen de los tribunales. Su respuesta quedó registrada en un audio que hoy se ha vuelto viral:
“Pido respeto por este asunto. Pido prudencia. No es razonable hacer juicios paralelos desde la política para intentar condenar una política ferroviaria.”
Y añadió:
“Instrumentalizar un accidente para atacar a un partido político no respeta a las víctimas ni a sus familias.”
En aquel momento, Feijóo rechazó de plano cualquier comisión parlamentaria. El PP gallego votó hasta cuatro veces en contra de abrir una investigación política sobre Angrois. No hubo comisión. No hubo comparecencias. No hubo rendición de cuentas.
Hoy, el mismo dirigente exige exactamente lo que entonces consideraba “una falta de respeto”.
Génova entra en pánico
La reacción interna del Partido Popular no se ha hecho esperar. En los pasillos de Génova, según fuentes internas, la palabra más repetida en las últimas horas es “hemeroteca”. El problema no es solo la contradicción, sino la nitidez del audio. No hay interpretación posible. No hay matiz. No hay excusa.
Feijóo no dudó. Rechazó investigar. Y lo hizo en nombre de la prudencia institucional.
Ahora, sin embargo, el discurso es el opuesto: exige transparencia, investigación política, comisiones parlamentarias y responsabilidades.
La pregunta que se instala en la opinión pública es demoledora:
¿En qué momento investigar dejó de ser una falta de respeto para convertirse en una exigencia democrática?
La memoria como campo de batalla
Más allá de Feijóo, el debate ha reabierto una herida profunda en la política española: el uso de las víctimas como arma política.
La periodista Ester Palomera lo resumió con crudeza en directo:
“Hay una utilización bochornosa de las víctimas por parte del Partido Popular. En unas tragedias se reza y se llora. En otras se pasa página.”
Y enumeró: el Yak-42, el 11M, el metro de Valencia, la Dana, las residencias de Madrid, Angrois.
Tragedias distintas, patrones similares: negación inicial, judicialización, ausencia de responsabilidades políticas, olvido.
La filtración del audio no solo afecta a Feijóo, sino que reactiva una acusación recurrente contra el PP: el doble rasero con el dolor ajeno.
Angrois: la tragedia silenciada

El 24 de julio de 2013, el tren Alvia descarriló en la curva de Angrois, a la entrada de Santiago de Compostela. Murieron 89 personas. Fue el peor accidente ferroviario en España en décadas.
La versión oficial durante años fue clara: error humano del maquinista. Exceso de velocidad. Punto final.
Pero numerosas asociaciones de víctimas denunciaron que nunca se investigaron fallos estructurales: sistemas de seguridad desactivados, ausencia de balizas automáticas, decisiones técnicas tomadas para abaratar costes.
Nunca hubo comisión parlamentaria.
Nunca se escuchó a los responsables políticos.
Nunca se revisó el diseño de la línea.
Y Feijóo, como presidente de la Xunta, fue uno de los principales defensores de no abrir ese melón.
Del “respeto a las víctimas” al “hagamos una comisión”
La paradoja es brutal. En 2014, Feijóo apelaba al respeto a las víctimas para no investigar. En 2026, apela al respeto a las víctimas para investigar.
Misma palabra. Sentido opuesto.
Lo que antes era “instrumentalizar el dolor”, ahora es “transparencia democrática”.
Lo que antes era “prudencia”, ahora es “exigencia moral”.
La política como espejo deformado del tiempo.
¿Cambio de opinión o cálculo electoral?
Desde el entorno del PP se intenta justificar el giro como una evolución natural:
“Las circunstancias son distintas, los contextos no son comparables.”
Pero la oposición no compra el argumento. Para el PSOE y Unidas Podemos, se trata de puro oportunismo.
“Feijóo no ha cambiado de opinión. Ha cambiado de posición”, resumen desde Moncloa.
En 2014 gobernaba en Galicia. Hoy lidera la oposición nacional.
Antes tenía algo que perder. Ahora tiene algo que ganar.
El Senado como escenario político
La elección del Senado tampoco es casual. Es una cámara donde el PP tiene mayoría absoluta. Controla tiempos, comparecencias, conclusiones.
Una comisión sí, pero bajo su guion.
Los críticos señalan que la comisión puede convertirse en un espectáculo político sin consecuencias reales, una forma de “hacer ruido” sin asumir responsabilidades concretas.
La historia reciente de comisiones parlamentarias en España refuerza ese escepticismo: muchas preguntas, pocas respuestas, cero dimisiones.
El fantasma del Yak-42
El paralelismo con el Yak-42 es inevitable. En aquel caso, 62 militares murieron en un accidente aéreo. El Ministerio de Defensa, entonces en manos del PP, falsificó la identidad de los cadáveres. Las familias tardaron años en saber la verdad.
Federico Trillo dimitió 14 años después. Cuando ya no era ministro.
El mensaje implícito es claro: en España, la responsabilidad política suele llegar tarde o no llegar nunca.
La justicia no basta
Uno de los argumentos centrales de Feijóo en 2014 era que la justicia ya estaba investigando. Que no hacía falta una investigación política.
Pero juristas y constitucionalistas recuerdan algo fundamental: la justicia determina delitos. La política determina responsabilidades.
Un juez decide si alguien cometió un crimen.
Un parlamento decide si alguien tomó malas decisiones.
Son planos distintos. Complementarios. No excluyentes.
Y eso es precisamente lo que Feijóo negó entonces y defiende ahora.
El problema no es el audio, es lo que simboliza
Más allá de la polémica puntual, el audio se ha convertido en símbolo de algo más profundo: la crisis de credibilidad de la clase política.
No se discute solo lo que Feijóo dijo. Se discute la lógica del poder: cómo los principios se adaptan a la conveniencia, cómo la memoria se reescribe, cómo las palabras cambian de sentido según el lugar que se ocupa.
Hoy Feijóo exige lo que ayer bloqueó.
Mañana, quizás, bloqueará lo que hoy exige.
La hemeroteca como juez supremo
En la era digital, ningún dirigente escapa a su pasado. No hay declaraciones inocuas. No hay ruedas de prensa olvidadas. Todo queda grabado. Todo puede volver.
Y cuando vuelve, no pide permiso.
La filtración del audio ha demostrado que la hemeroteca es hoy el verdadero tribunal político. No condena legalmente, pero destruye relatos.
No dicta sentencias, pero arruina discursos.
No mete en prisión, pero deja en evidencia.
Epílogo: la pregunta que queda en el aire
Tras el escándalo, hay una pregunta que resume todo el debate:
Si investigar Angrois era una falta de respeto en 2014,
¿por qué investigar Adamuz es hoy una obligación moral?
Y si hoy es una obligación,
¿por qué ayer no lo fue?
Entre esas dos frases se esconde no solo la contradicción de Feijóo, sino una radiografía completa de la política española contemporánea: memoria selectiva, principios flexibles y una verdad incómoda.
Que en política, muchas veces, no importa lo que se hace.
Importa desde dónde se hace.
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