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ÓSCAR PUENTE HUMILLA A FEIJÓO EN EL CONGRESO: EL DÍA MÁS RIDÍCULO DEL PP EN MESES

En el Congreso de los Diputados se vivió uno de esos momentos que quedarán archivados como pura comedia política. España entera —o al menos la España tuitera— no ha dejado de comentar, parodiar, reinterpretar y convertir en meme el insólito episodio protagonizado por Alberto Núñez Feijóo cuando intentó, sin éxito, pronunciar el título de una supuesta serie sobre Pedro Sánchez.

Lo que debía ser un ataque parlamentario terminó transformándose en un festival de carcajadas que ha consolidado, una vez más, la percepción de un líder de la oposición atrapado en sus propias torpezas discursivas y en un Partido Popular que se ríe por dentro mientras intenta mantener la compostura por fuera.

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El momento que lo cambió todo: “A no top… a not…”

Durante una de sus intervenciones, Feijóo quiso rematar su discurso anunciando que “algún día habrá una serie sobre la presidencia de Sánchez”. Todo iba bien hasta que intentó decir el título.

Lo que apareció fue una mezcla de sílabas sin forma:

“A no top… a not… a no…”

Y justo entonces se le acabó el tiempo de micrófono. El hemiciclo no sabía si reír o mirar hacia otro lado. En redes sociales, sin embargo, no hubo dudas: la escena se convirtió en uno de los ridículos más virales del año.

La cara de Ester Muñoz, sentada a su lado, fue pura narrativa: una mezcla de resignación, incredulidad y esa vibra de “Madre mía, con esto no nos da ni para llegar a Génova 13”.

Óscar Puente no perdonó

Como era de esperar, Óscar Puente, ministro de Transportes y experto en ironía política, recogió el momento al vuelo. Con la agilidad que ya caracteriza su relación casi humorística con Feijóo, no dudó en amplificar el desliz y convertirlo en munición digital.

El propio Pedro Sánchez aprovechó el turno posterior para rematar el instante con una frase que ya se ha vuelto célebre:

“Entre sus virtudes, señor Feijóo, no está la de ser un buen parlamentario.”

Un golpe suave, sonriente, letal.

La explicación posterior… que lo empeoró todo

Desde el gabinete de Feijóo intentaron apagar el fuego explicando que el líder popular pretendía decir “Anatomía de un farsante”.

El problema es que ese título ya existe… pero aplicado a él mismo.

Un periodista localizó inmediatamente el libro “Feijóo: la cara oculta de un farsante” —una biografía crítica de Manuel Monge— que apareció difundido en redes como si fuera una broma preescrita por el destino.

No era solo un lapsus. Era un lapsus irónico.

El PP entre la resignación y la sonrisa incómoda

Los gestos hablaron por sí solos. Ayuso, desde su escaño, observaba la escena con esa mirada calculadora que muchos interpretan como el brillo de quien huele el momento perfecto para afilar el cuchillo político.

Feijóo acumula tropiezos y Ayuso acumula paciencia.
Dos trayectorias que se cruzarán inevitablemente.

Y cada error del líder popular alimenta teorías internas:
—Que si Moreno Bonilla espera su momento.
—Que si Ayuso está calculando el golpe final.
—Que si Vox acabará imponiendo condiciones imposibles para sostenerlo.

El PP siempre ha sido experto en aplausos estratégicos, los mismos que recibió Pablo Casado antes de ser políticamente fulminado. Esta vez, tras la intervención de Feijóo, se levantaron para aplaudirle durante largos segundos. Un gesto tan desproporcionado que muchos lo leyeron como premonición: aplausos largos, carreras cortas.

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El Mundo Today remata la faena

El diario satírico no dejó pasar la oportunidad y tituló:

“Feijóo lamenta que se burlen de él por hablar gallego”

Una genialidad que imitaba el tono del propio error lingüístico del líder popular. La sátira era tan certera que muchos lectores, en redes, confesaron que por un instante habían dudado si era o no una noticia real.

La tormenta que tapa otra tormenta

Para colmo, el día del lapsus coincidió con una noticia mucho más seria para el PP: la condena de casi 20 años de prisión a José Norberto Uzal, alto cargo cercano a Feijóo en su etapa gallega, por un fraude multimillonario de hidrocarburos.

154 millones de euros en IVA evaporados.
Un agujero judicial enorme.
Un escándalo de manual.

Pero nadie habló de eso.
Todos estaban ocupados repitiendo:

“A no top… AT…”

Feijóo consiguió lo imposible: que un escándalo de corrupción en su entorno pasara a segundo plano por culpa de un traspié verbal.

Ester Muñoz y su gasolina de 78 euros

Como si fuera poco, en la misma sesión de control, la diputada popular Ester Muñoz intentó empatizar con “la España que no llega a fin de mes” contando que le había costado 78 euros llenar el depósito del coche.

El problema:
cobra 117.439 euros al año.

Más que Pedro Sánchez.
Y además recibe un sobresueldo del partido.

El contraste fue devastador.
Twitter ardió.
Muchos ciudadanos replicaron con ironía:

“Normal que le duela pagar gasolina… con esos ingresos tan humildes.”

Y como remate, el PSOE recordó que el PP votó en contra de la rebaja de 20 céntimos por litro.

La escena se volvió símbolo de desconexión.

Feijóo como “el mejor activo de Pedro Sánchez”

Muchos analistas coinciden en una idea repetida hasta la saciedad: cada error de Feijóo fortalece al presidente del Gobierno.

La caricatura ha llegado al punto de que en redes circula la broma de que Feijóo podría ser un “agente infiltrado” del PSOE por lo mucho que le beneficia electoralmente a Sánchez.

No es solo exageración humorística.
Hay datos:
cada sesión de control termina peor que la anterior para el líder popular.

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La debilidad política estructural de Feijóo

El artículo podría terminar aquí, pero la verdadera gravedad del asunto es más profunda.

Feijóo es un líder sin:

autoridad interna clara,

estrategia comunicativa eficaz,

discurso económico sólido,

ni capacidad de marcar agenda.

Lleva dos años atrapado en la dificultad de construir una oposición efectiva. Ha pasado de prometer mayorías absolutas a ser frenado por sus propios barones territoriales y por un Vox que marca el ritmo desde fuera.

Ni siquiera ostenta un cargo reconocido por ley: “líder de la oposición” es un título protocolario, no institucional.

Europa ya ha mostrado sorpresa por su figura: desde la fotografía con el narco Marcial Dorado hasta su debilidad parlamentaria.

Y en España, cada vez que sube al estrado, demuestra que el duelo con Pedro Sánchez —uno de los oradores más hábiles del panorama europeo— no juega a su favor.

Un futuro incierto para el PP

Lo que debía ser una legislatura cómoda para el PP se ha vuelto un laberinto de errores propios y oportunidades perdidas.
Cada semana aparece un nuevo tropiezo, ya sea:

un barón regional contradiciendo a Génova,

una diputada hablando de “gasolina cara” mientras cobra más de 100.000 euros,

o un lapsus que arrasa internet durante días.

En este contexto, el episodio del “A no top…” no es solo viralidad: es síntoma de una debilidad estructural.

El PSOE atravesaba una semana complicada con el caso Ábalos, Coldo y Santos Cerdán, un asunto que debería haber sido devastador. Sin embargo, Feijóo volvió a robar involuntariamente el protagonismo… a favor del gobierno.

La pregunta que muchos se hacen es simple:
¿Puede Feijóo llegar a La Moncloa si ni siquiera controla su propio discurso?

un ridículo que marca un antes y un después

Los líderes políticos no caen por una frase mal dicha.
Caen por la acumulación de señales.
Y Feijóo lleva meses enviando señales preocupantes.

El episodio en el Congreso no es un simple meme: es el reflejo de un liderazgo debilitado, cuestionado por dentro y ridiculizado por fuera.

Óscar Puente lo aprovechó al instante.
Pedro Sánchez lo remató con elegancia.
Las redes sociales hicieron el resto.

Y España, entre risas y desconcierto, asistió a una escena que ya forma parte de la historia reciente de la política española: la tarde en que Feijóo quiso atacar a Sánchez… y terminó atacándose a sí mismo.