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1. Cuando el discurso se rompe contra los datos

Durante años, Alberto Núñez Feijóo ha construido su liderazgo sobre una premisa simple pero eficaz: proyectarse como el gestor serio, el hombre de las cifras, el político que “sabe gobernar”. Pero el accidente ferroviario de Adamuz, lejos de ser solo una tragedia humana y técnica, se ha convertido en el escenario donde ese relato empieza a agrietarse.

El Partido Popular reaccionó con rapidez: habló de colapso, de abandono, de una España que se cae a pedazos bajo el Gobierno de Pedro Sánchez. Pero apenas una semana después, el informe preliminar de la CIAF —la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios— introdujo un elemento incómodo: la causa no fue un fallo del tren, ni del maquinista, ni de una supuesta negligencia inmediata del Ejecutivo actual. Fue un fallo de la infraestructura. De la vía.

Y ahí, el relato empezó a tambalearse.

Porque cuando la vía falla, la pregunta ya no es solo quién gobierna hoy, sino quién dejó que esa vía se degradara durante años.


2. El punto exacto donde se fractura la narrativa

El informe es claro: la vía presentaba una fractura en su continuidad. No se sabe aún si fue por una soldadura defectuosa, por fatiga de materiales o por un daño acumulado. Pero sí se sabe que la deformación existía antes de que el tren Elirio llegara al punto crítico.

Y eso lo cambia todo.

Porque esa vía no se rompió de la noche a la mañana. Se degradó. Se debilitó. Se ignoró.

Durante el periodo 2011–2022 —cuando el PP gobernaba o influía decisivamente en la política ferroviaria— la inversión en mantenimiento no solo no creció: decreció. Y eso ocurrió mientras el sistema ferroviario se expandía, envejecía y acumulaba tensión estructural.


3. El dato que mata el relato

Uno de los datos más demoledores que han emergido en este debate es aparentemente técnico, pero políticamente explosivo.

En 2011, con 23 millones de viajeros de alta velocidad, se invertían 96 millones de euros por kilómetro en mantenimiento.

Hoy, con más de 40 millones de viajeros, se invierten 110 millones.

Eso significa dos cosas simultáneamente:

Sí, todavía no es suficiente.

Pero también significa que la inversión está aumentando, no disminuyendo.

El relato del PP dice: “Sánchez ha dejado caer las infraestructuras”.
El dato dice: “Durante el PP, la inversión bajó. Ahora sube, aunque aún sea insuficiente”.

Y cuando el dato contradice al relato, el relato empieza a parecer propaganda.


4. Feijóo atrapado entre Vox y la realidad

Feijóo recoge cable con Vox: de llamarlos "predicadores" y "extrema  derecha" a tenerlos como aliados

Feijóo no está hablando solo para España. Está hablando para su electorado, que hoy es un terreno minado por Vox.

Vox grita: “Se han gastado el dinero en corrupción, en sobrinas, en enchufes”.
Ayuso amplifica: “El Estado está podrido”.
Feijóo, presionado, adopta un tono más duro, más agresivo, más acusatorio.

Pero al hacerlo, se acerca peligrosamente al territorio de la exageración.

Y en ese terreno, los informes técnicos son dinamita.


5. Cuando Moreno Bonilla no sigue el guion

Mientras tanto, algo llamativo ocurre en Andalucía.

Juanma Moreno Bonilla, lejos de atacar frontalmente al Gobierno central, mantiene un tono institucional, colaborador, casi incómodo para el PP nacional. El 112 andaluz trabaja, coordina, coopera.

¿Por qué?

Porque la Junta de Andalucía sabe algo que en Génova se intenta ocultar: los recortes en ambulancias, en personal sanitario y en recursos de emergencia también forman parte del problema.

Si el foco se mueve demasiado hacia la gestión autonómica, la derecha también queda expuesta.


6. Un país que juega al ping-pong con la culpa

Lo que estamos viendo no es solo una investigación sobre un accidente. Es una guerra por el relato.

El PSOE dice: “Esperemos al informe final”.
El PP dice: “Esto es culpa del Gobierno”.
Vox dice: “Todo es corrupción”.

Pero la realidad es más incómoda:
Las infraestructuras envejecen.
Los recortes dejan huellas invisibles.
Y la política prefiere gritar antes que mirar atrás.


7. El accidente como arma electoral

Desde el apagón, desde la DANA, desde Adamuz, cada desgracia se convierte en munición.

No para entender.
No para reparar.
Sino para disparar.

Y Feijóo, atrapado entre su imagen de gestor y la presión de Vox, empieza a jugar un juego peligroso: exagerar una realidad que los datos no respaldan del todo.


8. El verdadero escándalo

Tal vez el verdadero escándalo no sea quién gobierna hoy, sino cómo durante años se recortó lo que no se veía.

Las vías.
Las soldaduras.
Los protocolos.
El mantenimiento.

Eso no da votos.
Pero salva vidas.