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Óscar Puente convierte el Congreso en un campo de batalla político

La intervención de Óscar Puente en el Congreso no fue solo un discurso más. Fue un ataque directo, afilado, calculado y sin concesiones contra el liderazgo de Alberto Núñez Feijóo, el Partido Popular y, de manera indirecta, contra la arquitectura institucional que sostiene el actual equilibrio de poder en España.

Durante casi dos minutos convertidos en dinamita parlamentaria, Puente no solo desmontó el relato de la derecha, sino que dibujó un retrato demoledor de un PP que, según sus palabras, sigue anclado en las mismas prácticas, las mismas sombras y las mismas contradicciones de hace treinta años.

Desde la primera frase, el tono fue claro: no habría piedad. Puente recordó sin rodeos las palabras del senador Ignacio Cosidó, aquel mensaje que quedó grabado en la memoria política del país cuando habló de que el PP controlaba “por detrás” la Sala Segunda del Tribunal Supremo.

Un episodio que, lejos de quedar en el pasado, volvió al centro del debate como una herida abierta que jamás terminó de cerrarse.

El “delito de deslealtad constitucional”: un boomerang político

Feijóo pide la dimisión de Puente tras provocar "una crisis política con un  país hermano" por sus palabras sobre Milei

Puente cargó con dureza contra la propuesta de Feijóo de crear un delito de “deslealtad constitucional”. Para el ministro, ese planteamiento no solo resulta peligroso, sino profundamente contradictorio: si ese delito existiera hoy, afirmó, el primer imputado podría ser el propio Feijóo.

La acusación no fue casual. Puente vinculó esa supuesta deslealtad a la utilización política de las instituciones del Estado, en especial de la Corona, a la que —según denunció— el PP ha instrumentalizado para reforzar su liderazgo interno más que para respetar su papel constitucional.

“Utilizar a la Corona para coronarse líder de su partido”, sentenció. Una frase que resonó con fuerza en el hemiciclo y que provocó incomodidad visible en la bancada popular.

La investidura como escenario, no como objetivo

Uno de los ejes más duros de su discurso fue la crítica a lo que definió como un “simulacro de investidura”. Según Puente, Feijóo no acudió al Congreso con la intención real de convertirse en presidente del Gobierno, sino para apuntalar su posición dentro del PP, consolidarse frente a sus rivales internos y presentarse ante los suyos como un jefe de la oposición firme, aunque derrotado en las urnas.

“No utilizaron el Parlamento para gobernar, lo utilizaron como un escaparate interno”, acusó Puente. Y fue más allá: aseguró que Feijóo necesitaba ese acto de fuerza porque su liderazgo está cuestionado desde dentro, por figuras como Díaz Ayuso, Moreno Bonilla o incluso por el ala más dura del partido.

El mensaje era claro: Feijóo no lidia solo contra Sánchez, sino contra su propio partido.

El fantasma de Peces-Barba y la memoria incómoda del PP

 

En uno de los momentos más simbólicos, Puente rescató del pasado el nombre de Gregorio Peces-Barba. Recordó cómo el PP atacó al socialista cuando este ejercía como Alto Comisionado para las Víctimas del Terrorismo, hasta forzar su salida en 2006.

Las palabras que citó retumbaron con fuerza:

“El PP ha creído que la asistencia a las víctimas era patrimonio exclusivamente suyo. La actitud del PP constituye el mayor ataque en democracia contra el poder judicial y su independencia”.

Con esta cita, Puente trazó una línea directa entre aquel PP de entonces y el actual: mismo desprecio por las instituciones cuando no les favorecen, misma presión a la justicia, mismas estrategias de desgaste.

“La derecha dice que este PSOE no es el de antes. Y es cierto. Pero el PP, lamentablemente, sí sigue siendo el mismo”, lanzó.

Feijóo: del “moderado” al dirigente sin mando

Puente desmontó también el mito del Feijóo moderado. Aquel perfil que se vendió como la renovación serena del PP se convirtió, según el discurso, en una operación de marketing sin sustancia.

“No venía a liderar, venía a obedecer”, afirmó. Un día, a Ayuso. Otro, a Moreno Bonilla. Y siempre —según él— a determinados medios de comunicación que marcan la línea política a seguir.

El retrato fue despiadado: Feijóo como líder débil, condicionado, sin proyecto propio para España. Un dirigente al que “le preparan el finiquito” desde dentro de su propio partido.

El “efecto Feijóo”: del entusiasmo al desgaste

 

Lejos de consolidar al PP, Puente aseguró que el llamado “efecto Feijóo” ha terminado convirtiéndose en un efecto invernadero: mucho calor interno, mucha presión, pero sin resultados sólidos.

Recordó la escena de la noche electoral en Génova: Feijóo vestido de blanco inmaculado, el grito de “presidente, presidente” ahogado por los cánticos de “Ayuso, Ayuso”.

Una imagen que simboliza, para Puente, la fragilidad del liderazgo popular.

Coaliciones de perdedores y pactos con la ultraderecha

 

Otro de los puntos más incisivos fue la crítica a las llamadas “coaliciones de perdedores”, expresión que el propio PP utilizó en el pasado para desprestigiar acuerdos parlamentarios y que hoy practica sin pudor en comunidades como Madrid, Andalucía, Castilla y León o Canarias.

Puente enumeró nombres: Ayuso, Moreno Bonilla, Martínez-Almeida, Mañueco… Todos llegaron al poder mediante pactos tras quedar segundos. “Cuando gobiernan ustedes, ya no son coaliciones de perdedores. Son pactos de estabilidad”, ironizó.

Además, señaló de forma directa los acuerdos con la ultraderecha como una de las señas actuales del PP, algo que —según dijo— ya no sorprende a nadie.

La derecha y la mentira: una frase que vuelve como un espejo

En uno de los momentos más contundentes, Puente citó la famosa frase del periodista franquista Emilio Romero:

“La derecha para ganar las elecciones tiene que mentir mucho. La izquierda no”.

Según Puente, la derecha solo protege a una minoría privilegiada —“200 familias”— y para lograr el apoyo de millones de ciudadanos necesita intoxicar el debate, sembrar miedo y manipular la realidad para que voten contra sus propios intereses.

El balance social del Gobierno: salario mínimo, pensiones y crecimiento

Puente defendió con vehemencia la gestión económica del Gobierno en un contexto especialmente adverso: pandemia, guerra en Ucrania y crisis inflacionaria. A pesar de ello, puso sobre la mesa cifras contundentes:

Subida del salario mínimo interprofesional un 47%.

Revalorización de las pensiones en un 8,5%.

España como uno de los países que más crece en Europa.

Y, según su tesis, uno de los que mejor reparte ese crecimiento.

Recordó que el PP votó en contra de estas medidas y acusó a sus dirigentes de tener vergüenza política, tanto que incluso Feijóo terminó diciendo en un debate que habían apoyado esas subidas.

“Si no fuera rentable electoralmente, no mentirían sobre ello”, sentenció.

La acusación final: un PP sin proyecto para España

Para Puente, el problema de fondo del PP es que no tiene un proyecto real para el país. Solo reacciona, solo bloquea y solo confronta. No propone un modelo de Estado, no plantea una visión de futuro, no ofrece una salida a los grandes desafíos: transición ecológica, justicia social, redistribución de la riqueza, cultura, igualdad o cambio climático.

Frente a eso, insistió, el PSOE seguirá defendiendo una agenda basada en el diálogo, la concordia, el progreso, la convivencia, la igualdad y los derechos sociales.

Un cierre con advertencia: “el final del veranillo azul”

Puente concluyó con una frase que ha comenzado a circular con fuerza en los corrillos políticos:

“El final del veranillo azul ha llegado”.

Según su análisis, el liderazgo de Feijóo está en cuenta atrás. Nadie sabe cuánto durará, pero sí —aseguró— que el PSOE seguirá gobernando con quienes creen en la democracia, mientras el PP sigue atrapado en sus propias contradicciones.