EL GRAN WYOMING DESTRUYE A AYUSO POR SU DISCURSO ETÍLICO.

 

 

 

 

 

 

 

Isabel Díaz Ayuso y la estrategia del enemigo invisible: el discurso sobre ETA como cortina de humo política.

 

 

 

Madrid, diciembre de 2025. Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, se ha convertido en protagonista recurrente del debate político nacional, no solo por sus políticas públicas, sino por la virulencia y el tono de sus intervenciones mediáticas.

 

 

 

En las últimas semanas, Ayuso ha intensificado su retórica, recurriendo una y otra vez a la figura de ETA y a la supuesta amenaza que representa para la democracia española, pese a la realidad histórica: la banda terrorista se disolvió oficialmente en 2018 y no ha cometido ningún atentado desde 2010.

 

 

 

La última manifestación del Partido Popular en Madrid, con Ayuso como cabeza visible, ha vuelto a poner en primer plano este recurso discursivo.

 

 

“ETA está preparando su asalto al País Vasco y a Navarra mientras sostiene a Pedro Sánchez”, proclamaba la presidenta madrileña desde el atril, elevando el tono hasta el extremo de acusar al presidente del Gobierno de traición y corrupción moral.

 

 

El mensaje, repetido en redes sociales y amplificado por sus seguidores, ha generado una ola de reacciones críticas, tanto desde la izquierda como desde el propio espectro conservador.

 

 

 

La respuesta social no se ha hecho esperar. El Gran Wyoming, referente del humor político en España, ha aprovechado la ocasión para ironizar sobre el discurso de Ayuso, descomponiendo sus argumentos y evidenciando el absurdo de sostener que ETA, una organización extinta, sigue siendo el principal enemigo de la democracia española.

 

 

La sátira ha servido para poner de manifiesto la desconexión entre el discurso político de Ayuso y las preocupaciones reales de la ciudadanía.

 

 

 

En las redes, otros humoristas han resumido la estrategia de Ayuso de forma aún más directa: ante cualquier pregunta incómoda, la respuesta es “ETA”. ¿Vivienda? ETA. ¿Sanidad? ETA. ¿Universidad? ETA.

 

 

El gráfico elaborado por Alejandro Cencerrado en Twitter ilustra esta obsesión: en 2025, Ayuso ha mencionado a ETA o Bildu en sus redes sociales más veces que temas como vivienda, limpieza o atascos, problemas que afectan directamente a los madrileños.

 

 

 

La estrategia es evidente: Ayuso utiliza la figura de ETA como cortina de humo para desviar la atención de los problemas estructurales de Madrid y de los escándalos que rodean su gestión, desde el fraude fiscal hasta la polémica sobre el uso de fondos públicos en medios afines.

 

 

Cada vez que surge una noticia negativa sobre su entorno, la presidenta intensifica su discurso sobre ETA, generando un clima de confrontación y miedo que le permite capitalizar el voto de la derecha más dura.

 

 

Este recurso no es nuevo en la política española, pero el nivel de reiteración y la falta de conexión con la realidad actual han generado un rechazo creciente, incluso entre las propias víctimas del terrorismo.

 

 

Consuelo Ordóñez, presidenta de Covite y hermana del concejal popular Gregorio Ordóñez, asesinado por ETA, ha criticado públicamente el uso instrumental de las siglas por parte de Ayuso, exigiendo respeto y recordando que “ETA no puede entregar nada porque afortunadamente no existe”.

 

 

 

Las víctimas del terrorismo han alzado la voz ante lo que consideran una manipulación dolorosa de su memoria.

 

 

Ordóñez, en varios mensajes en redes sociales, ha pedido a Ayuso que deje de utilizar el nombre de Chapote, el asesino de su hermano, y que abandone la retórica de que “ETA está más fuerte que nunca”.

 

 

Para quienes han sufrido la violencia de la banda, el uso reiterado de su nombre en el debate político supone una revictimización y una falta de respeto hacia su sufrimiento.

 

 

El enfrentamiento público entre Ayuso y las asociaciones de víctimas revela una fractura profunda en la sociedad española, donde la memoria del pasado se convierte en arma política y en elemento de división.

 

 

La obsesión por ETA, alimentada por discursos como el de Ayuso, impide avanzar hacia una convivencia basada en el respeto y la reparación de todas las víctimas, sean del terrorismo o de la dictadura franquista.

 

 

La estrategia de Ayuso no solo busca movilizar a su base electoral, sino también competir con Vox por el liderazgo de la derecha española.

 

 

Las recientes disputas públicas entre Ayuso y Santiago Abascal, líder de Vox, en torno a las manifestaciones en Ferraz y la violencia en las calles, evidencian la lucha por el mismo espacio político.

 

 

Ambos partidos recurren a la retórica del miedo y a la denuncia de supuestos enemigos internos, pero Ayuso ha logrado capitalizar el discurso más radical en Madrid, desplazando a Vox en parte del electorado.

 

 

Esta confrontación, sin embargo, es percibida por muchos ciudadanos como una farsa, una pugna ficticia por el mismo abrevadero de votos, mientras los problemas reales —vivienda, salarios, sanidad, educación— quedan fuera del debate público.

 

 

El análisis político apunta a que, en última instancia, PP y Vox acabarán pactando si las circunstancias lo requieren, como ya ocurrió en los gobiernos autonómicos tras las elecciones de 2023.

 

 

La obsesión por ETA contrasta con el silencio sobre los temas que realmente preocupan a los madrileños y a los españoles en general.

 

 

En las manifestaciones del PP y en las intervenciones públicas de Ayuso, apenas se habla de vivienda, salarios, empleo digno, sanidad pública o educación.

 

 

La estrategia es clara: generar enemigos imaginarios y desviar el foco, evitando el debate sobre la gestión de lo público y las políticas que afectan a la vida cotidiana de la ciudadanía.

 

 

El caso de la universidad pública madrileña es paradigmático. Mientras miles de estudiantes se manifestaban en la Puerta del Sol contra los recortes y la asfixia presupuestaria, el foco mediático se centraba en el discurso sobre ETA y la supuesta amenaza totalitaria del Gobierno.

 

 

El resultado es una desinformación generalizada y una pérdida de calidad democrática en el debate público.

 

 

 

El análisis más profundo revela que detrás de la cortina de humo se esconde una estrategia de privatización y de conquista de espacios de rentabilidad.

 

 

Cada vez que se recorta la sanidad o la educación pública, se abre la puerta a la expansión de la sanidad y la universidad privadas, generando dividendos para los grandes inversores y transformando Madrid en un escaparate para la inversión inmobiliaria internacional.

 

 

Ayuso, lejos de ocultar este modelo, lo promueve abiertamente, invitando a los grandes capitales a hacer de Madrid un lugar rentable para la especulación y el negocio.

 

 

El discurso sobre ETA, en este contexto, sirve para tapar las consecuencias sociales de estas políticas y para evitar el debate sobre el reparto de la riqueza y la justicia social.

 

 

La estrategia de Isabel Díaz Ayuso, basada en la reiteración del enemigo invisible y en la confrontación permanente, ha logrado captar la atención mediática y polarizar el debate político.

 

 

Sin embargo, cada vez son más los ciudadanos y colectivos que denuncian la falta de profundidad y la desconexión con los problemas reales.

 

 

 

El humor, la crítica social y el rechazo de las víctimas del terrorismo evidencian que la política del ruido tiene límites y que la ciudadanía reclama un debate serio sobre vivienda, educación, sanidad y justicia social.

 

 

El futuro de Madrid y de España depende de la capacidad de superar la cortina de humo y de construir una política útil, basada en la verdad y en la defensa del interés común.