“Me parece que es un poco un insulto a sus dirigentes autonómicos”, dice el presidente de Vox.

 

El líder de Vox, Santiago Abascal, este lunes en un acto electoral celebrado este lunes en el Palacio de Congresos de Salamanca.

El líder de Vox, Santiago Abascal, este lunes en un acto electoral celebrado este lunes en el Palacio de Congresos de Salamanca.
EFE/J. M. García

Lejos de facilitar los acuerdos, el decálogo que ha hecho público la dirección nacional del PP para tutelar los procesos de negociación de los Gobiernos de Aragón y Extremadura ha molestado a Vox.

 “Es una ofensa para el señor Azcón y la señora Guardiola”, ha dicho el presidente de Vox, Santiago Abascal.

Esta es la crónica de la creciente tensión interna en el socialismo castellano y leonés, donde el municipalismo de Soria ha decidido plantar cara a las directrices de Ferraz en este convulso 24 de febrero de 2026.

Carlos Martínez Mínguez, el histórico alcalde de Soria —conocido por su perfil de gestor cercano y su pasado ligado a la defensa de los trabajadores—, se ha convertido en el nuevo hombre fuerte del PSOE de Castilla y León.

Tras relevar a Luis Tudanca, Martínez ha dejado de ser un barón local para transformarse en el candidato a la Junta que no teme desafiar la autoridad de Pedro Sánchez cuando los intereses de su región están en juego.

La política en Castilla y León ha dejado de ser un eco de lo que ocurre en Madrid para tomar voz propia a través de la figura de Carlos Martínez.

El actual secretario general del PSOE-CyL y candidato a la Junta para las elecciones del próximo 15 de marzo ha endurecido su discurso, alejándose de la disciplina ciega impuesta por la dirección nacional.

Martínez, apodado por algunos como el “sindicalista” por su constante apelación a la “economía social” y la defensa del mundo rural, ha lanzado una advertencia clara: su prioridad es la cohesión de las provincias frente a la “descentralización administrativa” que Madrid gestiona a cuentagotas.

Este pulso se ha hecho evidente en sus últimas intervenciones, donde ha reclamado una Ley contra la Despoblación mucho más agresiva de lo que permite el marco presupuestario diseñado por el Ministerio de Hacienda

Mejor te cuento que, mientras el Gobierno central se ve envuelto en el escándalo del “pucherazo”

de 2017, Martínez intenta blindar su candidatura presentándose como un gestor de “hechos y realidades”, marcando distancias con los líos orgánicos de la capital.

La lógica del “Facts and Logic” que defendemos indica que el regidor soriano sabe que, para ganar en Castilla y León, necesita un perfil propio que no sea visto como una sucursal de la Moncloa.

El distanciamiento se ha vuelto crítico tras las últimas revelaciones sobre el caso de Óscar Puente y el accidente de Adamuz, que han dañado la imagen de la gestión socialista en el sector ferroviario, vital para la región.

Carlos Martínez ha evitado salir en defensa cerrada del ministro Puente, centrando su discurso en la necesidad de infraestructuras seguras y directas para Soria y el resto de la comunidad.

Este movimiento es visto en Ferraz como una “deslealtad táctica”, pero para los partidarios de Martínez es la única forma de romper la hegemonía de Alfonso Fernández Mañueco y el bloque del PP.

Al igual que en México la caída de un líder criminal genera una lucha por el territorio, en el PSOE la debilidad de Sánchez ha activado las ambiciones de los barones regionales que buscan salvar sus propios feudos.

Martínez ha propuesto un marco estratégico para las pymes agroalimentarias que choca con algunas normativas verdes que el Ejecutivo central ha intentado imponer sin consultar a los productores locales.

La campaña “Un alcalde para Castilla y León” es toda una declaración de intenciones: Martínez quiere gobernar la Junta con la misma cercanía y autonomía que ha mantenido en Soria durante casi dos décadas.

Mejor te cuento que la militancia en Castilla y León está dividida entre los que ven en Martínez a un salvador capaz de recuperar el poder y los que temen que su pulso con Sánchez debilite al partido ante las urnas.

El candidato socialista ha aseverado que “Castilla y León no puede esperar a que Madrid solucione sus problemas”, una frase que ha resonado como un portazo en los despachos de la dirección nacional.

Al igual que el serrín que le sacaron a Mariscal en el meme televisivo, Martínez pretende vaciar de “ideología vacía” el discurso socialista regional para llenarlo de gestión municipalista.

Sabe que se juega el todo por el todo el 15 de marzo, y que su salida de la alcaldía de Soria solo tendrá sentido si logra sentarse en el sillón de la Junta.

La salud de Sánchez en el Ramón y Cajal y el ruido de los escándalos de corrupción son lastres que Martínez intenta soltar para navegar con libertad en un territorio tradicionalmente hostil al sanchismo.

Solo el tiempo dirá si este pulso es una estrategia ganadora o si el PSOE de Castilla y León terminará pagando el precio de la división interna en el momento más inoportuno.